lunes, 22 de diciembre de 2014

Una iglesia saludable III
En una iglesia saludable no se le rinde culto al hombre, ni existen castas sagradas ni jerarquías que eclipsen la gloria que solo le corresponde a Dios.
La iglesia tiene un solo Señor. Más allá que su organización y funcionamiento haga necesario la participación dinámica y organizada de muchos, ninguna función, ningún cargo de liderazgo debe confundir a la  iglesia respeto de la centralidad de Cristo.

Apuesto hombre de negocios joven con la corona sobre su cabeza Foto de archivo - 32264799
La iglesia es un rebaño pastoreada por un pastor (Cristo), a través de un hombre o una mujer que en respuesta a un llamado imperativo de Dios, responde “heme aquí” y se pone en la brecha sin merito que lo justifique, sin otra honra que el privilegio de poder obedecer a Dios y servirle con integridad y animo pronto.
Los pastores no son los dueños de las ovejas, son ovejas a quienes se les ha designado la función de pastorear, son siervos entre siervos, y hermanos entre hermanos, su conducta debe corresponder con la de aquel que en todo pero en especial en su comprensión de su rol como pastor, desea imitar a Cristo.
La iglesia no debe confundir respeto y reconocimiento al buen trabajo de los pastores, con obediencia ciega y menos aún con servilismo.
Cuando una comunidad resalta más las virtudes, cualidades y prestigio de un pastor, por encima de cristo, dicho pastor ha fracasado y está muy cerca de la apostasía.
Ningún hombre o mujer a quien Dios a través del Espíritu ha llamado al Sagrado Ministerio, debe arrogarse para sí la Gloria que solo le corresponde a Cristo, porque solo Cristo dio su vida y compro por precio de sangre a su Iglesia. Ay de los que se ufanan de triunfos y logros que en su más fina expresión, son una muestra fiel de la misericordia de Dios, y la respuesta a la oración de muchos de Sus hijos. ¿Cómo puede un líder, pastor u apóstol acreditarse sanidades, milagros y hechos sobrenaturales? ¿cómo puede aquel a quien Dios por sola gracia puso al frente de su iglesia, atraer la atención sobre sí mismo y conducir a la iglesia por el despeñadero del culto a la personalidad?
Una iglesia sana posee un liderazgo maduro, una dirección pastoral que enseñe a la iglesia a amar a Dios por encima de todos y de todas las cosas, una comunidad sana reconoce que en su seno solo puede existir un solo Señor, y que a partir de Él todos los demás no somos más ni menos que “siervos inútiles” que en el mejor de los casos, apenas si logramos hacer lo mínimo de lo que se nos exige, a quienes se nos ha confiado el deber sagrado y el magno privilegio de servir con nuestros dones y talentos y recursos, en los diferentes ministerios a los cuales Él nos ha llamado.
¿Significa de alguna manera que se desacredita o se le resta valor a ministerio pastoral? De ningún modo, que digno es servir como pastor, con la perfecta conciencia de que hemos sido llamados por la gracia de Dios y su soberana voluntad y no por méritos personales, que nuestra eficacia en el ministerio es proporcional a la humilde aceptación de nuestra insuficiencia y necesidad de acudir a Dios para obtener su respaldo y dirección, que hermosos son los pies de los pastores que anuncian con su voz en alto y con su vida, que solo Cristo es el Señor, que solo Él es digno de recibir toda honra, gloria y alabanza, pero que tiemblen los lobos, los usurpadores de Su Gloria, los que mancillan los pulpitos enseñando palabra de hombre y no de Dios, los que engañan a la congregación y la enferman, promoviendo y sutilmente motivando a los creyentes a rendirles culto, ay de aquellos mercaderes de la fe, que pretenden ser servidos y vivir rodeados de extravagantes lujos. Ay de aquellos que han buscado fama y honra para sí, olvidando que la mayor honra de un pastor es conducir a la iglesia a rendirle culto a Dios y nunca a las creaturas de la tierra.

La iglesia es sana cuando la calidad de los líderes se mide por la calidad y capacidad de servicio y no por la malsana búsqueda de protagonismo.

Una iglesia sana es sin duda, aquella en la que, la labor de los líderes y pastores se oculta tras el velo humilde de un servicio, cuyo único interés se agota en darle honor y gloria a Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su Luz, en centrar la atención en Aquel que abrió el Camino y se constituyó en CAMINO DE SALVACION, por medio de su sacrificio en la Cruz.   




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