jueves, 30 de abril de 2015

SANA DOCTRINA: UN CONCEPTO EN CRISIS

SANA DOCTRINA: Un Concepto en Crisis

Hablar de “sana doctrina” es cada vez un asunto más confuso, en virtud de que cualquier grupo seudocristiano (y aun muchas iglesias de amplio recorrido y que en otrora fueran bastión de la fe), se la acredita, y pretende persuadir a sus miembros de que allí, al interior de este grupo o comunidad, se enseña y se vive la “sana doctrina”, lo cual en numerosos casos no resulta cierto.

Es tal el grado de corrupción de la enseñanza, que tal parece que la centralidad de la Biblia ha quedado desplazada por las creencias y practicas introducidas por acreditados personajes. Estos posan ante los medios de comunicación como “maestros de la Palabra” cuando en verdad están errados en sus apreciaciones e inducen a muchos al error ante el enorme poder de penetración de medios como la televisión o el internet, a los que tienen acceso. 

Enseñan que hay que ordenar al dinero que venga a nosotros, enseñando que como hijos del Rey estamos llamados a vivir rodeados de lujos y riqueza, enseñando que el creyente debe tener delante de si, un cuadro o cartel donde a través de un collage (recortes diversos de fotografías tomadas de revistas u otros) que incluya todos sus sueños: la casa de sus sueños, el carro de sus sueños, los sitios que sueña visitar. Se asombrarían muchos al saber que esta práctica introducida en la iglesia evangélica hace unos 30 años aproximadamente, ha sido una de las costumbres más arraigadas y difundidas entre los gurús de la Nueva Era y los seguidores de lo que se ha dado en llamar “desarrollo del potencial humano” que en esencia pretende reemplazar a Dios y Su Palabra, por el poder de la mente, la capacidad de visualización positiva, y  el poder creativo de la palabra humana.   

Artilugios como estos nunca aparecen en ningún texto de la Santa Biblia, de allí que nos preguntemos: ¿Podemos llamar a estos exabruptos sana doctrina?
Con cuanta frecuencia se escucha en los círculos evangélicos la expresión “sana doctrina”, queriendo señalar que esta o aquella congregación articula su fe y su práctica conforme a las Escrituras, solo que con frecuencia, nos encontramos con que dichas congregaciones padecen de diversos males: Sincretismo religioso, creencias y practicas sin ningún sustento bíblico, avaladas solo por apóstoles y maestros que han inducido estas prácticas, sin hallar impedimento alguno.

Con ello se demuestra el pobrísimo nivel de estudio y conocimiento de la Palabra, la ausencia de un liderazgo pastoral instruido y fiel, que “digiera” lo que se le enseña, y con más franqueza que falsa diplomacia, sepa poner frenos a estos lamentables excesos. Lo peor de todo es que nos hemos acostumbrado tanto a la mentira, a las doctrinas engañosas, que cuando se es confrontado con ello a la luz de la Biblia, la reacción oscila entre el rechazo apoyado en falacias y la hostilidad que evidencia la total ausencia de razones , pero la constante en todos los casos, es la carencia absoluta de argumentos centrados en una hermenéutica responsable.   

Para el apóstol Pablo, cuidar la sana doctrina era un asunto que ocupaba su mayor atención, razón por la cual exhorta a Timoteo e insta a Tito, ambos pastores, a velar por preservar la enseñanza que se imparte a las iglesias, enseñanza que desde este tiempo habría de pervivir bajo la constante amenaza de que fuera objeto de distorsiones y cambios introducidos por hombres que con la pretensión de ser maestros, la pervierten y la acomodan a sus propios gustos e intereses  (1Tim. 6:3, 2 Tim.1:13;4:3. Tito 1:9,13; 2:1).

Por sano entendemos aquello que funciona en debida forma, que no adolece de algún padecimiento o simplemente que goza de salud. Doctrina es enseñanza o instrucción, de modo que la sana doctrina es la enseñanza que no sufre de algún mal, que se encuentra en condiciones óptimas, que no ha sido objeto de mal trato o tergiversaciones.

De dónde sacan tantos  predicadores que pueden acomodar sus extrañas costumbres, maneras de pensar, y usanzas, las cuales en el marco de una adecuada hermenéutica, van en franca y total oposición a la enseñanza bíblica. A manera de ejemplo notemos la insistencia en asumir la falsa doctrina de la prosperidad, según la cual el interés de Dios es que gocemos de prosperidad y éxito, que seamos gente de gusto y excentricidades, que podamos vivir como príncipes ataviados de ropa de marca, costosos automóviles, y otras exquisiteces que la vana gloria de este mundo nos propone. 

La voluntad de Dios es que los hombres y mujeres, que hemos sido lavados por la sangre del Cordero, que hemos aceptado el llamado a ser discípulos, vivamos con la mayor austeridad y modestia, y que centremos todos nuestros esfuerzos y trabajo disciplinado en difundir el evangelio, mostrar las virtudes de Cristo en nuestras propias vidas y extender el Reino, procurando que los hombres de este mundo materialista, henchido de vanidad y soberbia rindan su voluntad a Dios, reconozcan su condición de pecadores y acepten a Cristo como Señor y Salvador.  
 
De dónde sacan estos falsos maestros que podemos manipular a Dios para efecto de que Él se rinda a nuestros caprichos, y se sujete a nuestras demandas, demandas y ordenes, que blasfeman el nombre de Dios, rindiendo culto al egoísmo, demandas que no tienen como centro la gloria de Dios, el extendimiento de Su Reino, sino la deificación del hombre (enseñanza según la cual el hombre es dios), la búsqueda desenfrenada de placer, comodidad y gloria del hombre para consigo mismo.
Esto lo vemos en las declaraciones, decretos y profecías de autocumpliento, tales como estos: 

“Declaro que soy prospero, que el dinero y la abundancia vienen a mí de fuentes inesperadas, que soy rico, declaro y visualizo (técnicas de visualización positiva) que poseo un automóvil, que soy dueño de mi propia empresa, que viajo y visito diversos lugares (mapa de sueños), donde esta Dios en todo esto? Que toma Dios para Su gloria? Que beneficio hay en todo esto para los perdidos, que viven sin Dios y sin esperanza en este mundo? Donde hay un principio o un pasaje bíblico que permita afirmar que Dios tiene como anhelo supremo que vivamos con toda suerte de comodidades materiales? Donde encontramos  a Jesús pensando y asumiendo este exótico comportamiento? No es más bien la oración de Jesús, una súplica al Padre, mediada por la total subordinación a Su Perfecta Voluntad?

El evangelio de Mateo 26:42 nos enseña el contenido agonico de la oración de Jesùs en el huerto de los Olivos, bajo la sombra de la cruz.

Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras .

Jesús no declaro al tenor de los falsos maestros:

“Yo declaro ahora mismo, que gozare de salud y larga vida, que ninguna cosa mala vendrá a mi vida… que seré prospero… que los que buscan hacerme daño serán destruidos…” 


No tienen las suplicas de la iglesia, como propósito, pedirle a Dios que les conceda las fuerzas y el denuedo para enfrentar las aflicciones que demanda predicar y difundir el Evangelio. Según  Hechos 4:29 esta era su ferviente suplica:

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús”

Ellos no dijeron: “Declaramos que nos haces invisibles de nuestros enemigos… decretamos que ejércitos de ángeles vencen a nuestros enemigos...”

No debería ser nuestro más quemante anhelo buscar que Cristo sea formado en nuestro carácter, que crezcamos en obediencia, que nuestra vida y todas nuestras ambiciones estén centradas en agradar a Dios y servirle con un corazón integro que lo ame, y que sirva a sus intereses?
Que motiva al  amado anciano Juan, a elogiar a Gayo?  Acaso le dijo:
“Yo me gozo al ver los excelentes balances  de tus negocios, tu éxito y prosperidad, tus grandes haciendas, tus costosos trajes, tus refinados gustos…”
Esto dijo Juan:
 3Pues me alegré mucho cuando algunos hermanos vinieron y dieron testimonio de tu verdad, esto es, de cómo andas en la verdad. 4No tengo mayor gozo que éste: oír que mis hijos andan en la verdad. (1 Jn. 3,4)  .

De dónde sacan estos falsos apóstoles, y falsos maestros que la vida cristiana, es un oasis perenne de tranquilidad, confort y abundancia, si Jesús nos advierte acerca de la renuncia y la entrega, del servicio humilde a los demás, y el Nuevo Testamento en el Libro delos Hechos, y la historia de la iglesia, están repletos de ejemplos de hombres y mujeres que interpretando la voluntad de Dios y viviendo conforme a la sana enseñanza de Cristo, debieron sufrir trágicas muertes, vidas llenas de privaciones, y no por ello renunciaron a la fe, ni claudicaron ante los desafíos de seguir fielmente las pisadas de Jesús. No podemos resucitar la seudodoctrina de la retribución, que pretende enseñar que los goces, abundancia de bienes, excelente salud son el fruto de nuestra obediencia perfecta y del agrado pleno de Dios frente a la vida que vivimos.

Eso haría que sacáramos inferencias falsas, tal como afirmar que quienes padecen necesidades, o están enfermos es porque se anida en sus corazones pecados inconfesos o están viviendo fuera de la Voluntad de Dios. Si esto fuera cierto todos los ricos opresores, injustos y blasfemos de este mundo serian almas benditas y piadosas, y todos los pobres y enfermos serian impíos.

Hay pobres y enfermos, y ricos y satisfechos, que viven con el alma muerta, pues la vida cristiana no depende ni se circunscribe a una dimensión socioeconómica, estos son hombres y mujeres que no gozan de la presencia de Cristo en sus corazones, del mismo modo que hay quienes administran para Dios grandes bienes y hombres y mujeres que padecen grandes y diversas necesidades, y tanto en unos como en otros se perfecciona la voluntad de Dios, pues no sataniza la Biblia las riquezas, si bien advierte acerca del peligro y consecuencias de poner en ellas el corazón, haciendo de las cosas materiales un fin en sí mismo, y amándolas como si fuera Dios.

Los creyentes que han sido discipulados desde la óptica de esta falsa enseñanza, de visualizaciones, decretos, y prosperidad, indefectiblemente se volverán atrás ante los primeros tropiezos que la vida les depare y se sentirán asaltados en su buena fe, admitiendo que fueron engañados por sus maestros, con la propuesta de una vida prospera y feliz, que de repente cambia para ellos.  

La felicidad que propone las Escrituras está muy lejos de ser aquella que encaja con el neo-hedonismo de nuestra postmodernidad o la falsa doctrina de la retribucion o la llamada doctrina de la prosperidad. No, esta felicidad tiene como eje y fundamento, movernos en la Voluntad de Dios, siendo individuos y personas que buscamos primeramente el Reino y sometemos nuestros planes, y proyectos a la Voluntad de Dios, la felicidad que Dios ofrece es aquella que pervive en medio de las dificultades, cuyo gozo no se extingue en medio de la prueba, y que nos permite contemplar desde el plano de nuestros presentes y temporales sufrimientos, nuestro verdadero hogar, y nuestra autentica ciudadanía. Entendiendo que no hay muerte sin resurrección, ni situaciones de dolor y sufrimiento en las que Dios nos prive de su eficaz consuelo.  

O.A.M.
oscar.marulanda@cenfortek.org
www.cenfortek.org

  

martes, 21 de abril de 2015

PERMITAMOS QUE CRISTO TRATE CON NUESTRA CEGUERA


PERMITAMOS QUE CRISTO TRATE CON NUESTRA CEGUERA

Mateo 24:35-40

Ver es una condición biológica que el hombre comparte con los animales, observar y analizar es una condición esencialmente humana, que trasciende la esfera biológica

Ver o mirar es simplemente hacer uso de la capacidad visual para percibir los aspectos externos o la apariencia de lo que se nos pone delante. Observar va más allá de captar lo externo a través de los ojos, es abrirnos a la existencia de todo cuanto nos rodea desde una motivación particular, que hace que seamos impactados, que lo que esta fuera de nosotros capte nuestra atención, nos interpele, nos asombre y quede registrado en nuestra memoria consiente.  Es por esto que multitud de situaciones, objetos y personas pasan desapercibidos, y nuestra conciencia no toma nota de ello, no queda registro, es como si tales cosas y personas no existieran para nosotros. Al no tener nada que nos motive a observar, aquello que cruza delante de nuestros ojos, es tan inocuo, tan sin sentido que no nos interesa, que no concita nuestra atención, en ultimas diríamos que no existe al nivel de nuestra conciencia.

El Evangelio de Lucas (Lucas 10: 25-37) nos ilustra sobre la parábola que Jesús propone, y en la que se narra acerca de  un hombre que fue herido,  como resultado de un desafortunado encuentro con unos asaltantes, que a más de robarlo lo agredieron y lo abandonaron dejándole moribundo en el camino. Pasó  por allí un sacerdote y un levita, y tanto el uno como el otro, cruzaron el camino y siguieron,  sin brindar el menor auxilio al hombre herido. Finalmente un Samaritano, despreciado por los judíos, que pasa por allí ve al hombre y se compadeció de él, ocupándose con esmero y diligencia en que recibiera los cuidados necesarios para asegurar su recuperaciones Sacerdote como autoridad religiosa, opto por seguir la instrucción según la cual, no debería tocar un cadáver y este hombre estaba ciertamente moribundo. De su acatamiento a las costumbres y normas de su tiempo no queda la menor duda. El Levita, era una hombre apartado para servir en los oficios religiosos del Templo, solo que dentro del conjunto de deberes que implicaba sus tareas en el templo, ninguna incluía socorrer a un hombre herido. Su manual no contenía nada explícito al respecto.

Pero que vio el Samaritano? Sus ojos vieron exactamente lo mismo que el Sacerdote y el Levita, pero el Samaritano, sumo a ello su corazón. Vio desde las entrañas, no desde sus prejuicios: “este es mi enemigo, se trata de un Judío”, no  desde una abstracción teológica de retribución: “Algo malo hizo que le ha venido esto”. No desde el frio análisis financiero de nuestro tiempo: “Cual es el  costo- beneficio”. Con el mayor rigor y  sentido práctico el herido no existió para el sacerdote y el Levita, como una vida que reclamaba atención, se hizo invisible merced a la carencia de amor, al no reconocimiento de su valía.

La sociedad clasista en la que vivimos nos ha aconductado a los cristianos. Pese al clamor del Apóstol Pablo cuando en la Epístola a los Romanos nos exhorta, a no asumir la forma de este mundo, la iglesia sigue de largo ante vidas que agonizan, ante seres humanos cuyas vidas están signadas por el dolor y la indiferencia social. Nos ocupamos de lucir costosos mármoles y cerámicas en los templos, pulpitos elaborados de finos y costosos materiales, una animación en la que los mínimos detalles del culto son tenidos en cuenta, instrumentos bien afinados, bonitos trajes, discursos motivadores y bien hilvanados, pero más allá de las paredes del templo, en los suburbios, en las esquinas oscuras, donde no hay asfalto, donde la pobreza asusta, en el rostro surcado de arrugas de ancianos y habitantes de las calles, en los hospitales y en las cárceles, allí están los eternos olvidados, los invisibles,  los leprosos que las iglesias y la sociedad rechazan con sutileza o con descaro. Que infame traición al evangelio de Jesús. Actitudes Cainescas que niegan la eficacia del amor de Dios, reproduciendo el egoísmo mundano, y negando en la práctica a Jesús. Al Jesús que descendió del Cielo para compartir nuestras miserias, al Jesús que visibilizo a Bartimeo, a las viudas, a los enfermos y leprosos.

En las iglesias de hoy no hay espacio para sordos, mudos, enfermos de SIDA, no hay una atención pastoral a las viudas, no hay presupuesto para ayudar a huérfanos, no hay dinero para compartir un trozo de pan con los que habitan las calles. No hay palabras de esperanza ni alternativas para las prostitutas y para los adictos. Muchas iglesias si Jesús viniera y con el llegara el Juicio, hallaría cuentas robustas, pastores con suntuosas casas y finos automóviles, creyentes sin la mínima conciencia de lo que significa el sufrimiento humano, iglesias que siguen sordas y ciegas ante lo que nos instruye el Señor en Isaías 57. Iglesias que aplauden con frenesí y consideran héroes de la fe a cantantes que solo aceptan presentarse si les pagan gruesísimas sumas de dinero y solo si se les aloja en hoteles 5 estrellas y en Swift de lujo. Este cristianismo caricaturesco no sabe de misericordia, no ve, ni oye ni entiende el clamor del afligido. Solo sabe gritar con frenesí y saltar con entusiasmo, pero la ausencia de sus obras desnuda su egoísmo.

Lo que hoy se observa en muchas congregaciones son ayunos estériles, religiosidad vana, cultos llenos de jolgorio y emociones donde el invitado principal que es Dios no está presente. Colombia y América Latina vive en un contexto de profundas desigualdades, carencias, enfermedades, catástrofes que descubren para nuestro asombro la fragilidad de la vida humana y el feo rostro de nuestra indiferencia y de una fe divorciada de las obras.

Como pretendemos que se nos reconozca como discípulos de Jesús, si leen de lejos nuestro desinterés hacia su dolor, y manos diferentes a las nuestras, sin rótulos religiosos, sin discursos tan bien sazonados, son las que muestran la eficacia del amor de Dios.

Jesús dice en Mateo 25:35-40

“Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, preso y me visitaste, enfermo y viniste a mi…”

Diremos a esto que la exegesis y los principios hermenéuticos y la ortodoxia en la interpretación, nos sugiere que a lo mejor se trata de una metáfora extendida o quizá de aforismos, o que este pasaje está escrito en un lenguaje figurativo? Falso de toda falsedad.

Hasta cuando seguiremos con esta farsa de cristianismo sin Cristo, hasta cuando creeremos la mentira de pretender ser cristianos sin mostrar signos de amor y compasión con quienes a nuestro alrededor sufren los estragos del egoísmo, del abandono del estado, del menoscabo de su dignidad, hasta cuando pasaremos de largo mostrando el rostro de nuestra hipocresía religiosa, fingiendo ser para el mundo el Cristo que el desvalido no ve en nosotros, hasta cuando mantendremos la premisa de verticalizar la fe (Dios y yo), perdiendo de vista la horizontalidad de la relación con nuestro prójimo más necesitado (yo y mi prójimo)

Hasta cuando predicaremos que Dios es amor, si nuestro verdadero amor no es Dios, si solo queremos que Dios sea el proveedor de beneficios.

Como comer hasta saciarnos y no querer lo mismo para otros, como disfrutar de una casa y ver a quienes no tienen techo sin sentir que el pecho nos aprieta. Como podemos afirmar que amamos a Dios si somos indiferentes con los más pequeños, olvidados y débiles de la tierra.

La iglesia si es iglesia, debe observar los que otros ni siquiera ven, y actuar en favor de los que el mundo ha invisibilizado.

jueves, 16 de abril de 2015

LA ZONA DE CONFORT

La zona de confort se interpreta como la consabida tendencia a instalarnos, a buscar el acomodo y eliminar todo lo que implique un esfuerzo adicional o asumir algún riesgo. La persona que se mantiene en la zona de confort se identifica con facilidad. Ella ha construido los límites de su existencia, con los insumos derivados de sus rutinas, de la constante repetición de acciones, desarrollando sus actividades diarias de la misma forma, todo es predecible, todo es repetitivo. La novedad es prácticamente inexistente, al igual que el riesgo de asumir iniciativas. Quien vive o se instala en su zona de confort, prefiere la monotonía al riesgo de innovar, prefiere lo que conoce y domina antes que enfrentar el miedo de avanzar hacia otros horizontes, diferentes espacios, maneras distintas de pensar, de hablar y de vivir.
Shawn Achor, catedrático de Psicología de la Universidad de Harvard, tomando prestado un concepto de la química, utiliza el termino: “Energía de activación” con lo cual quiere demostrar que empezar a hacer algo, exige mayor energía que seguirlo haciendo cuando ya se ha iniciado, de este modo se entiende que resulta menos exigente vivir en la inercia que representa la zona de confort, que exigirnos el esfuerzo de generar cambios.
Se nos puede recomendar hasta el cansancio, acerca de la importancia de modificar los hábitos alimenticios, sobre la necesidad de hacer ejercicio físico y de este modo fortalecer el cardio o simplemente dedicar un poco más de atención a ciertos hábitos que afectan en forma negativa la salud, y sin embargo la resistencia al cambio, la inercia, el apego a la zona de confort , hace que todas las recomendaciones de otros y las buenas intenciones propias, naufraguen y estén lejos de plasmarse en la realidad.
Cuando el trabajo exige una cuota adicional de esfuerzo o la presentación de informes, algunos prefieren renunciar antes que encarar el cambio. Cuando el estudio se torna exigente, algunos acuden al “atajo” de hacer fraude en sus exámenes o pagar algún dinero a otro estudiante que elabore el trabajo de investigación en lugar nuestro, o aceptamos la propuesta de la universidad en pagar un costoso diplomado, y de ese modo evadir la incómoda exigencia de una tesis de grado. Casas enteras amenazan ruina por falta de mantenimiento, se posterga una y otra vez emprender acciones de mejoramiento en el hogar, hasta que este finalmente colapsa y se destruye. Nos quedamos con lo aprendido en la academia y poco a poco nuestros conocimientos van cayendo en obsolescencia, al punto que debemos ceder nuestro lugar a otro que tomo la iniciativa de actualizarse.
Esta situación se refleja en la vida de muchos creyentes y comunidades. Vemos pastores excesivamente obesos, “amantes” del colesterol y de los  excesos culinarios, sobrealimentados, sin que su gordura obedezca a alguna disfunción endocrina o sistémica, se trata tan solo de gula o vulgar glotonería, de holgazanería y falta de pudor frente a la exhibición de una panza de “cardenal”. Numerosos creyentes han hecho de la impuntualidad un rasgo distintivo de su personalidad, sobre todo si se trata de compromisos en el ministerio. Predicadores que ante la dificultad de desentrañar el sentido más profundo de las Escrituras, prefieren tomar para sí sermones del internet, huérfanos de profundidad y sin respeto por una adecuada exegesis. De otra parte encontramos iglesias adoradoras de sus rutinas, saben que evangelizar es un deber y un privilegio, pero con dificultad se mueven entre sus casas y el templo, como para salir al encuentro de la oveja perdida. Creyentes cuya conciencia se ha habituado tanto al pecado que ya no ejerce veeduría sobre su comportamiento y ello no es obstáculo para que salte y grite en los diferentes cultos y celebraciones. Están domesticados por sus hábitos y rutinas, que no les interesa modificar nada en sus vidas. Templos sucios y mal presentados, instrumentos mal ejecutados, líderes y maestros expertos en la improvisación.
Congregaciones que no planean, ni evalúan, simplemente viven del activismo y de las habilidades histriónicas de líderes que,  reemplazan orden, estudio, unción, por alboroto.
La zona de confort que pretende hacer más cómoda y tranquila nuestra vida, termina convirtiéndose en una red  que nos atrapa, y nos sumerge en el océano de la mediocridad, restándonos oportunidades de crecimiento, alejándonos de toda posibilidad de una vida con propósito y sentido, de una vida que pueda causar un verdadero y edificante impacto en la vida de los demás.
Pero todos poseemos una zona de confort. Tenemos en casa un viejo sofá donde acostumbramos a reposar luego de una dura jornada de trabajo, acostumbramos a ver los mismos programas de televisión, y nos gusta escuchar la misma música. Nos gusta ir con nuestra pareja al mismo parque, y sentarnos en la misma banca. Abra algo de malo en que disfrutemos más el silencio de los campos que el bullicio y smog de la ciudad? Diremos entonces que existen rutinas que no afectan ni empobrecen necesariamente? Es posible. Pero de lo que no existe la menor duda es que estamos en la obligación de revisar a fondo nuestra zona o zonas de confort, y determinar con la mayor objetividad posible aquellas a las que debemos rebelarnos, romperlas, salir de ellas con celeridad y determinación.
En la Biblia encontramos ejemplos que ilustran esta particular tendencia. El evangelista Lucas (Lucas 9:33) enseña a Pedro exaltado de emoción, diciéndole a Jesús que se instalen en lo alto del monte. Pedro veía en aquel lugar y en esta circunstancia las condiciones más deseables para establecerse, pero los planes de Jesús apuntaban en otra dirección. Israel en el desierto deplora la pérdida de su zona de confort (Egipto), ante las dificultades y nuevos desafíos que enfrentaban, en su viaje a la tierra prometida (Canaán).
Pedro y Andrés, y los hijos del trueno, Jacobo y Juan, abandonaron las barcas y las redes, para encaminar sus pasos siguiendo las huellas de Jesús. Es muy seguro que el mundo nunca hubiera conocido de ellos, de sus hazañas como hombres de mar, o de sus logros como pescadores, pero sus nombres brillan en la historia como aquellos primeros discípulos, quienes con el resto de los doce, dieron inicio a la fe cristiana y con ello se transformó para siempre el destino de la humanidad. Se atrevieron a salir de su zona de confort, a generar cambios radicales, a vivir con Jesús la más maravillosa experiencia de sus vidas.
Saulo de Tarso, ostentoso de su origen, con una situación económica solvente, con prestigio social, con un lugar prominente entre los fariseos, abandono los límites de su zona de confort, para pasar de ser perseguidor a perseguido, lo abandono todo para obtener lo mejor.
En Filipenses 2:7 Pablo nos ilustra acerca de la kenosis de Jesús. Siendo el unigénito del Padre, compartiendo Su Gloria, se despojó a sí mismo, siendo Rey asumió entre nosotros forma de siervo, y en esa condición, el que no cometió pecado, acepto llevar en la cruz nuestros pecados. No existe mejor ejemplo que este. Merced a ello hay salvación, en virtud de su denodado esfuerzo y máximo sacrificio, los que hemos creído en él, sabemos ciertamente que Jesús venció la muerte, y no existe muerte sin resurrección.  
  
Por lo anterior, te animo a tener en cuenta estas sencillas recomendaciones:
ü  Revisa si eres amable o coquet@ en el trato con el sexo opuesto
ü  Revisa si encaras con responsabilidad y animo desafiante tus responsabilidades diarias
ü  Revisa si en casa hay relaciones para mejorar, conductas que ameritan ser modificadas, faltas que débenos perdonar o por las cuales pedir perdón.
ü  Revisa si cuidas con esmero y diligencia de tu salud, y empieza cuanto antes un programa de prevención y/o mejoramiento
ü  Determina con el favor de Dios, modificar tus hábitos perniciosos
ü  Determina con la dirección de Dios, ser un ministro fiel y competente, que se esfuerza en ser aprobado por el Señor, en lo que es y hace para Su servicio.
ü  Comienza esa dieta que vienes de tiempo atrás aplazando
ü  Exprésale tus afectos a tu espos@ e hij@s, sin esperar la llegada de eventos o fechas especiales
ü  Mejora tus habilidades en aquello que haces en forma mediocre (manejo de la ortografía, computador, inglés, un instrumento u otro)
ü  Prepara a conciencia tus estudios bíblicos, clases, o sermones.
ü  Mejora tu estado físico, implementando una rutina diaria de ejercicio.
ü  Incrementa tu tiempo de oración.
ü  Aprovecha cualquier oportunidad para compartir el evangelio a amigos, vecinos o compañeros de estudio o de trabajo.
ü  Busca la ayuda necesaria para superar tus miedos.
ü  Has un curso para aprender a nadar, y la próxima vez que vayas a la playa disfrutaras mucho más tus vacaciones
ü  Estrecha más tus relaciones fraternales con algunos hermanos con los que tienes muy poco contacto.
ü  Anímate a compartir tu testimonio de conversión a quienes consideres oportuno, contando con una versión corta y resumida para eventos especiales.
ü  Memoriza más pasajes de la Biblia y procura alcanzar la mayor comprensión de su significado. La mayoría de los textos bíblicos que recitamos de memoria los aprendimos en el primer año de vida cristiana.
ü  Explora alternativas legítimas que te permitan evitar fugas económicas y mejorar tu economía. Luces encendidas donde no se necesitan, goteo continuo por falta de mantenimiento, gastos superfluos y emocionales, pueden generar iliquidez, pero a su vez muchos, con algo de ingenio pueden hacer que sus casa generen un valor agregado, si se sabe aprovechar su estratégica ubicación para iniciar un negocio de familia.

Acepta el desafío de resignificar tu vida, romper hábitos y costumbres,salir de tu zona de confort y establecer nuevas y productivas maneras de pensar y de actuar. Permite que Dios encamine tus pasos en dirección a los cambios que Él quiere obrar en tu vida. Nuestro Dios quiere que tu vida sea como la luz de la aurora, que tu vida avance, crezca, se desarrolle y de abundante fruto, para honra y gloria de Su Nombre. 

O.A.M.
oscar.marulanda@cenfortek.org