Una iglesia saludable
III
En una
iglesia saludable no se le rinde culto al hombre, ni existen castas sagradas ni
jerarquías que eclipsen la gloria que solo le corresponde a Dios.
La iglesia
tiene un solo Señor. Más allá que su organización y funcionamiento haga
necesario la participación dinámica y organizada de muchos, ninguna función,
ningún cargo de liderazgo debe confundir a la iglesia respeto de la centralidad de Cristo.
La iglesia
es un rebaño pastoreada por un pastor (Cristo), a través de un hombre o una
mujer que en respuesta a un llamado imperativo de Dios, responde “heme aquí” y
se pone en la brecha sin merito que lo justifique, sin otra honra que el
privilegio de poder obedecer a Dios y servirle con integridad y animo pronto.
Los pastores
no son los dueños de las ovejas, son ovejas a quienes se les ha designado la
función de pastorear, son siervos entre siervos, y hermanos entre hermanos, su
conducta debe corresponder con la de aquel que en todo pero en especial en su
comprensión de su rol como pastor, desea imitar a Cristo.
La iglesia
no debe confundir respeto y reconocimiento al buen trabajo de los pastores, con
obediencia ciega y menos aún con servilismo.
Cuando una
comunidad resalta más las virtudes, cualidades y prestigio de un pastor, por
encima de cristo, dicho pastor ha fracasado y está muy cerca de la apostasía.
Ningún
hombre o mujer a quien Dios a través del Espíritu ha llamado al Sagrado
Ministerio, debe arrogarse para sí la Gloria que solo le corresponde a Cristo,
porque solo Cristo dio su vida y compro por precio de sangre a su Iglesia. Ay
de los que se ufanan de triunfos y logros que en su más fina expresión, son una
muestra fiel de la misericordia de Dios, y la respuesta a la oración de muchos
de Sus hijos. ¿Cómo puede un líder, pastor u apóstol acreditarse sanidades,
milagros y hechos sobrenaturales? ¿cómo puede aquel a quien Dios por sola
gracia puso al frente de su iglesia, atraer la atención sobre sí mismo y conducir
a la iglesia por el despeñadero del culto a la personalidad?
Una iglesia
sana posee un liderazgo maduro, una dirección pastoral que enseñe a la iglesia
a amar a Dios por encima de todos y de todas las cosas, una comunidad sana
reconoce que en su seno solo puede existir un solo Señor, y que a partir de Él
todos los demás no somos más ni menos que “siervos inútiles” que en el mejor de
los casos, apenas si logramos hacer lo mínimo de lo que se nos exige, a quienes
se nos ha confiado el deber sagrado y el magno privilegio de servir con
nuestros dones y talentos y recursos, en los diferentes ministerios a los
cuales Él nos ha llamado.
¿Significa
de alguna manera que se desacredita o se le resta valor a ministerio pastoral?
De ningún modo, que digno es servir como pastor, con la perfecta conciencia de
que hemos sido llamados por la gracia de Dios y su soberana voluntad y no por méritos
personales, que nuestra eficacia en el ministerio es proporcional a la humilde
aceptación de nuestra insuficiencia y necesidad de acudir a Dios para obtener
su respaldo y dirección, que hermosos son los pies de los pastores que anuncian
con su voz en alto y con su vida, que solo Cristo es el Señor, que solo Él es
digno de recibir toda honra, gloria y alabanza, pero que tiemblen los lobos,
los usurpadores de Su Gloria, los que mancillan los pulpitos enseñando palabra
de hombre y no de Dios, los que engañan a la congregación y la enferman,
promoviendo y sutilmente motivando a los creyentes a rendirles culto, ay de
aquellos mercaderes de la fe, que pretenden ser servidos y vivir rodeados de
extravagantes lujos. Ay de aquellos que han buscado fama y honra para sí,
olvidando que la mayor honra de un pastor es conducir a la iglesia a rendirle
culto a Dios y nunca a las creaturas de la tierra.
La iglesia
es sana cuando la calidad de los líderes se mide por la calidad y capacidad de
servicio y no por la malsana búsqueda de protagonismo.
Una iglesia
sana es sin duda, aquella en la que, la labor de los líderes y pastores se
oculta tras el velo humilde de un servicio, cuyo único interés se agota en
darle honor y gloria a Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su Luz, en
centrar la atención en Aquel que abrió el Camino y se constituyó en CAMINO DE
SALVACION, por medio de su sacrificio en la Cruz.


