martes, 24 de noviembre de 2015

LA OBSESIÓN POR LAS RIQUEZAS

En el tiempo actual el cristianismo presenta un rostro que hasta hace unos años era desconocido. Se trata de la obsesión por las riquezas, los lujos y gasto excesivo en lo superfluo. El rico con pretensión de ser cristiano, sin reato de conciencia se puede gastar en una noche lo que a muchos le costaría solventar las necesidades de su casa durante un año.

Bien se puede recurrir a malabarismos semánticos y artificios retóricos para justificar las excentricidades, riquezas y los lujos, pero como castillos de arena se derrumban fácilmente ante el discurso claro y directo de Jesús, quien al referirse a las riquezas no repara en señalar las extravagancias de aquel hombre a quien la tradición reconoce como "el rico Epulon", que gustaba de banquetes y de vestidos costosos de lino y purpura y quien de repente experimenta los más atroces tormentos, y si se cree que este pasaje es obscuro que dirán los amantes de la vida cómoda, ostentosa y egoísta de lo que dice Jesús en relación con los ricos y su dificultad para pasar por el hueco de la aguja, o las palabras cortantes de Santiago cuando expresa: y vosotros ricos aullad sobre vuestras miserias que os amenazan.

La fe del creyente no lo hace ajeno a las realidades del tiempo presente, ni a los aspectos materiales de la vida, pero su mirada profunda avanza donde la de otros se detiene. Él sabe que las riquezas son engañosas y que suelen atrapar la vida de los hombres haciéndolos sus esclavos más devotos. Para la mayoría de los ricos, incluyendo a los que se dicen cristianos, la riqueza no posee una proyección social ni un sentido misericordioso. La riqueza es la manera en la se hace de la vida una experiencia en la que el egoísmo muestra su rostro monstruoso.

La búsqueda de riquezas y de bienes materiales consume la vida de muchos cristianos privándoles de la feliz experiencia de vivir en la perspectiva de Dios.
Como lo expresa Alfredo Bastos S.J. :

 El rico tranquilo, el rico encerrado en su mundo miope y cómodo, EL RICO QUE NO HACE PROBLEMA DE SU ABUNDANCIA, es el gran responsable de que Cristo sufra en tantas familias las estrecheces más desesperantes, y en tantos hombres la angustia de la falta de trabajo "Tengo hambre y no me das de comer”

La búsqueda y conquista de riqueza, de la manera más absurda muchos la consideran “vivir en el Reino”, olvidando que en el Reino de Dios, lo que prima es el servicio a los más débiles, es el dar con liberalidad a los necesitados y vivir como esclavos, en el sentido de la sujeción a la voluntad y propósitos de Dios.

Los llamados “apóstoles” en el tiempo moderno, salvas honrosas excepciones, no son más que lobos rapaces hambrientos de lujos, sedientos de fama y adulación, hábiles engañadores y con sorprendente capacidad para reunir grandes capitales en corto tiempo, merced a la fe cándida de muchos que no encuentra diferencia entre la doctrina pura y sin macula enseñada por cristo y sus apóstoles, y el discurso seductor de estos falsos cristos.

Este nuevo evangelio, esta nueva religión emergente, no conoce y tampoco puede entender el significado de la cruz, pues palabras tales como: Sacrificio, entrega, servicio, sufrimiento, escasez no existe en su diccionario. Lo peor es que en este carnaval de mentiras, todo mundo parece haber perdido la cordura, pues todos saltan y gritan al unísono, y ninguno parece darse cuenta que la mejor exegesis de la Biblia nunca podrá respaldar estas insanas interpretaciones .

Todo parece indicar que lo que legitima y le otorga poder a estos vientos doctrinales, estriba en la moda, moda que a su vez es sustentada en el poder de los medios de comunicación que no les importa desfigurar la fe si con ello obtienen jugosas ganancias.

Son escasos los pastores y heraldos cristianos, que no seden ante la presión de estos falsos vientos doctrinales, ni le han puesto precio a sus conciencias, y por el contrario se empeñan en nadar contra la corriente. A estos valientes del púlpito, a estos hombres y mujeres fieles con frecuencia se les mira como ignorantes, individuos anacrónicos, fuera de lugar y sin muchos adherentes, pues el discurso que concita la atención y atrae el interés de las multitudes no es la verdad limpia y penetrante que ellos predican, sino  la mentira  según la cual la vida cristiana es esencialmente una vida de riquezas, lujos y prosperidad.

Si la fe Franciscana, que ama la pobreza, que enseña la renuncia y el darlo todo a los pobres es equivocada, cuanto más esta que de dar no conoce nada, respecto al servicio es analfabeta y en relación con Cristo y ante el esfuerzo inútil de mostrarlo como icono, prefieren predicar un mensaje donde los postulados no son los evangelios, ni las grandes verdades de los profetas o las epístolas paulinas, sino los discursos motivacionales de éxito, prosperidad y riqueza. La Palabra ha sido reemplazada por revelaciones privadas que alcanzan el estatus de verdad absoluta.

El dinero que se consigue con esfuerzo y diligencia, no es más que una dádiva de Dios que exige a quien lo posee, verse así mismo como administrador y no como acumulador y propietario exclusivo. Con sabiduría deberá establecer prioridades y  proveer para los suyos una vida digna y decorosa y asumir estos recursos,  no como la excusa para el despilfarro en lujos y riquezas, sino como el maravillosos privilegio de servir los más altos intereses de Dios en relación con la extensión de Su Reino y el servicio misericordioso a los más necesitados.

 Oscar Albeiro Marulanda
www.cenfortek.org

lunes, 13 de julio de 2015

EL ESTIGMA DEL RACISMO
Comencemos por señalar en forma radical que toda actitud racista es irracional, anti bíblica y herética. El racismo es antiguo en su origen, se da en forma oculta o subrepticia y en otros casos se externaliza mediante chistes cargados de prejuicios, otras veces se desborda en actos de violencia y muerte, y en otros casos es tolerado con marcada hipocresía.
La Biblia proclama  a Dios como creador del hombre, la Biblia afirma el amor de Dios hacia toda la humanidad, por tanto todo aquel que exprese con palabras o hechos lo contrario, niega a Dios y contradice Su Palabra incurriendo en rebeldía y pecado contra Dios.
El racismo representa una de las mayores vergüenzas de una sociedad. Vemos en los anales de la historia épocas oscuras como las vividas en Norteamérica, cuando los estados y las iglesias blancas del Sur, segregaban a los negros, asumiendo que estos eran seres inferiores. Me resulta inimaginable que tantas personas alcancen niveles tan altos de estupidez, y peor aún que todavía existan personas en este mundo y en nuestra sociedad, que se crean en el derecho de enarbolar la bandera del odio y la segregación hacia aquellos a quienes considera carentes de dignidad y del derecho de vivir, por el color oscuro de su piel.
Consideremos el siguiente comentario:
Entre 1870 y 1970, el sur de EEUU vivió uno de los períodos más vergonzosos de la historia de este país. Abolida la esclavitud e influidos por las ideologías racistas antinegro se crea un sistema de segregación racial en el que los blancos nórdicos establecieron su supremacía sobre negros e hispanos.
Después de la Guerra Civil (1861-1865) los estados del sur resentidos por su derrota redactaron una serie de leyes para discriminar a los hombres de color. Este fenómeno se llamó eufemísticamente de “reconstrucción”. El proceso fue tan intenso y extenso que hacia 1877, con la elección de Rutherford Hayes como 19th presidente de los EE.UU., la discriminación y el racismo era habitual en ciudades como Nueva York, Boston, Detroit y Chicago.
Como los estados no podían eliminar los derechos de los negros al estar garantizados por la constitución, se usó el término de “segregación” con el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales). (05racismo.blogspot.com)

Frente a la macabra ignorancia de hombres como Theodore Roosevelt. 26º Presidente de los EEUU (1901-1909) que agito los odios y enardeció a las masas ignorantes en defensa de la hegemonía de los blancos, defendiendo la falacia del determinismo biológico, brilla la prudencia, la valentía y la reciedumbre intelectual de Martin Luther King (1929-1968), insigne defensor de los derechos civiles.

En Colombia y otros países de Centro y Sur de America, se están multiplicando casos de violencia contra la población negra, sobre todo cuando estos constituyen una minoría en las ciudades donde se generan ataques contra ellos. Es evidente el atropello del que son víctimas si se tiene en cuenta el número tan reducido de gente afro que tienen acceso a la educación superior, asi como a unos adecuados estanderes de calidad de vida. Bogotá, y otras ciudades de Colombia, no se pueden convertir en motivo de vergüenza, merced a la violencia y asesinatos cometidos contra personas pertenecientes a la población afro radicada en esta ciudad.

La doble moral impera cuando sacamos pecho merced a lo logros e ingentes esfuerzos de atletas y deportistas que no solo se esfuerzan en el día a día por superar sus marcas, sino en enfrentar las barreras que impone en muchos casos la pobreza que los oprime desde su nacimiento, sino la ardua tarea de abrirse paso en una sociedad farisaica, que desprecia a los afro, pero los adula y celebra con frenesí sus gestas en el campo del deporte, las artes, la ciencia y otros más.  

Pero lo que más me asombra es que hombres con formación teológica, egresados de lustrosos establecimientos académicos, predicadores de alto pedigrí, guardan silencio, frente a tantos hechos ignominiosos, con lo cual legitiman tanta atrocidad, violencia y muerte de seres humanos que nunca pidieron venir a estas tierras y que jamás hicieron nada para merecer que se les tratara con tanta infamia.

Siento mi más enérgica voz de protesta ante cualquier forma de discriminación racial, y el silencio cómplice de Instituciones de formacion teologica, teólogos, pastores, apóstoles y predicadores, que no hacen nada por denunciar el racismo, y que con sus chistes y estúpidas bromas, con sutileza y a veces con descaro, no logran ocultar su desprecio por la gente afro y su peligrosa ignorancia de las Escrituras.

Mis hermanos en la fe, no son negros, blancos, mestizos, mulatos o zambos, son todos aquellos que al igual que yo aman al Señor, cuyas vidas testifican que Cristo es el Señor de sus vidas. Mi prójimo a quien es mi deber y privilegio amar y servir, y no están rotulados con ningún otro nombre que este: Hombres y mujeres, con el derecho de vivir, soñar, reír, amar. Ni en el Cielo ni en la tierra hay cabida para esas ridículas posiciones que segregan y disminuyen en su dignidad a sus semejantes. Dios tenga misericordia, de aquellos que conociendo la Palabra, conservan intacto su racismo, sus prejuicios étnicos, y con sus actitudes muestra su favoritismo hacia cierta epidermis.

Es tan grande el daño causado a la población afrodescendiente, que aun personas que exhiben ese bello color oscuro, se sienten disminuidos ante sus propios ojos, y hablan entre sí de “Mejorar la raza”. Lo que hay que mejorar, y más que esto erradicar, es la absurda idea según la cual las personas valen más o valen menos por el color de la piel, cuando lo que determina la valía de un ser humano, no es otra cosa que los valores que proclama y que vive, y que constituyen una razón para vivir y una razón para morir.

El racismo constituye una aberrante traición a Dios, que no privilegia ningún color de piel, sino que del modo como creo un mundo lleno de belleza y de variados colores, hizo del hombre y la mujer seres iguales en dignidad,  de tamaños, colores, formas tan ricas y variadas como la policromía con la que vistió la naturaleza en todo su esplendor.

La Biblia declara en forma clara y sin tapujos, que Dios es el creador del hombre, que en Cristo no hay barreras ni de sexos ni de razas, de fronteras ni de idiomas ni culturas. La fe Cristiana desconoce ese tipo de clasismos, y a una voz proclama que todos los que amamos a Dios y creemos en Cristo, SOMOS UNO EN EL.
No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. (Gal 3:28)

Cerremos filas contra formas sutiles o manifiestas de racismo, admitamos que guardar silencio, o sumarnos a las risas y burlas, es una actitud “Cainezca”, es ser parte de esta cadena de complicidades y mostrar que nos falta conversión al Evangelio.

El Evangelio nos convoca al amor como máxima expresión de la presencia real y efectiva de Dios en el Mundo. Toda actitud racista,  debe ser objeto inmediato de rechazo, contemporizar con ello es situarnos del lado de la ignorancia, la injusticia y la degradación del ser humano en sus aspectos esenciales.

Quienes en este momento de la historia discriminan a sus semejantes por su color de piel, no solo rinden culto a la ignorancia, sino que demuestran que no conocen a Dios, quien no hace acepción de personas, y a todo aquel que en él cree que le concede el derecho de ser llamado Hijo Suyo.

Invito a quienes leen y meditan en estas páginas para que auscultemos nuestros corazones, en busca de vestigios o arraigados residuos de racismo, para que examinemos en el entorno familiar y social si existe actitudes racistas, y aun si en las congregaciones, comunidad o iglesia de la que formamos parte hay síntomas o señales de racismo, aun si se trata de formas sutiles, para que con valentía sepamos rechazar y enjuiciar a la luz de la Palabra tales actos que ensombrecen nuestro testimonio y constituyen manchas en nuestros ágapes.

Nuestra lealtad suprema a Dios nos constriñe a rechazar visceralmente toda forma de racismo. No contemporicemos con esta forma forma de pecado ni nos pongamos por conveniencia o por cobardía, del lado de los que asumen este tipo de actitudes.

Oscar Albeiro Marulanda
oscar.marulanda@cenfortek.org
3206680897



(Autorizo la reproducción parcial o total de esta reflexión)

jueves, 11 de junio de 2015

DIPLOMACIA O PROFETISMO

DIPLOMACIA O PROFETISMO

Siento gran admiración por aquellas personas que dominan el fino arte de la retórica o la oratoria, que apelan a la diplomacia para expresar sus puntos de vista evitando a toda costa generar discordia, que grato resulta escuchar a aquellos que hablan con exquisitez, que matizan el discurso con delicadeza, apelando a bellas imágenes y figuras literarias, y haciendo gala de un vocabulario amplio y lleno de refinamiento, al punto que escuchar a los tales es ligeramente parecido a asistir a un concierto donde se interpretan bellas paginas musicales.

Sin embargo no estoy seguro que este tipo de oradores sean lo que el mundo y la iglesia de hoy necesitan escuchar. Suele suceder que tanta diplomacia termina por aplastar el profetismo, y tantos adornos retóricos destruyen la verdad, porque la verdad no soporta los adornos y los artificios.
Extraño hondamente el discurso tosco, fronterizo, el que raya en lo procaz, extraño el discurso directo, el que delata y desnuda las realidades que muchos pretenden ignorar y no pocos ocultan detrás de sus viejas mascaras de hipocresía religiosa.

Juan el Bautista, hasta donde yo estoy enterado recibió de parte de Jesús el más grande elogio que ser humano haya escuchado, de donde infiero que si su conducta hubiera sido errática, inmoral o reprochable, esto jamás hubiera sucedido, y traigo a colación a Juan, porque su discurso no conoce de diplomacia, de artificios, de filigranas homileticas. Por el contrario su profetismo se caracterizó porque denunciaba el pecado, la hipocresía de tintes clericales, porque no se acomodó ni busco ni recibió prebendas, porque solo se alineo con su conciencia, y con una conciencia sujeta a la voluntad de Dios.

Hombres rectilíneos como Juan son los que necesitamos hoy, de palabra tan quemante como el desierto de Judea, que no dibujan a Dios como un papa Noel gordo y bonachón, que llaman al pecado por su nombre, que no se arrugan y que asumen al costo que sea el compromiso de anunciar el mensaje de Dios en el tiempo y lugar donde Dios los ha llamado.

Los delicados oídos de muchos creyentes se han acostumbrado tanto a la mentira que ya no soportan la verdad, las golosinas espirituales que reciben desde lo pulpitos y otros escenarios hace que les resulte muy difícil digerir un alimento espiritual con más contenido.

No son de buen recibo los maestros que enseñan la Palabra sin adulterarla, sin amañadas eisegesis. Que desagradables pueden resultar esos predicadores que en estos tiempos nos recuerdan que el infierno es tan real como el cielo, que Dios es amor, pero que no es un león sin dientes.

Se necesita con extrema urgencia restituir la lucidez de la verdad, y abandonar la enquistada costumbre que ha tomado tanta fuerza en los actuales tiempos, de acomodar el discurso a las modas, gustos y preferencias de la gente. Si la gente quiere vivir una vida prospera, tranquila, y rodeada de comodidad, se les habla del Reino, pero no del Reino de Dios que proclama amor, servicio, sacrificio, humildad, compromiso, hablemos del Reino de los seudo apóstoles que en un acto de descarado irrespeto al sentido del texto bíblico, asumen el Reino como sinónimo de riquezas y vida muelle, asimilándolo con los modelos humanos.

Si la gente joven quiere vivir experiencias emocionantes y a la vez asumir un comportamiento ético dudoso, no se le menciona la palabra compromiso con la santidad, menos aún se les enfatiza, que el joven está llamado a modelar las virtudes de un auténtico cristiano y brillar por medio de una conducta integra, alejada de los vicios, costumbres y usanzas que van en contra de las enseñanzas contenidas en las Escrituras, y que el ser joven no genera una licencia para vivir una vida cristiana mediocre y sin compromiso,  y por el contrario se les  lleva a experimentar emociones desbordantes, música explosiva, con mucho ritmo, cadencia y cero contenido.       

El profetismo de hoy, salvas honrosas excepciones, se ha agotado en proclamar crecimiento numérico y económico, en anunciar acontecimientos venideros, y en muchas ocasiones a alagar los oídos con palabras melifluas que almas inconstantes quieren escuchar. Desde luego que estoy cierto que Dios levanta hombres y mujeres y usa sus vidas conforme a sus planes, direccionado su accionar al supremo propósito de acercar a los hombres a Él, y que estos se vuelvan de su mal camino.  En tal caso creo que profetas como Agabo Dios sigue llamando y poniendo a su servicio a fin de edificar su iglesia.

 Pero el profetismo al que hago referencia es aquel que nace de manera natural de la fidelidad del hombre a la Palabra, de anunciar a los hombres que Dios esta airado con la conducta permisiva, laxa, y paquidérmica de muchos líderes y pastores, que perdieron su brújula moral, y han inclinado su corazón a fabulas y ensoñaciones, al punto de reemplazar las demandas éticas del Evangelio, por los postulados exitistas de Og Mandino, Dale Carnegie o del líder de la Nueva Era *Napoleón Hill, al punto que autores tan renombrados como John C. Maxwell, lo ubican como uno de sus referentes en uno de sus textos más promocionados y leídos por cientos y miles de cristianos en el mundo.(17 LEYES INCUESTIONABLES DEL TRABAJO EN EQUIPO p. 44)
Como afirma Luis Fernando Pérez Bustamante:
La verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés, o no se quiera enterar… Descubrir la verdad y dejar que nos posea es una aventura que no se realiza sólo con el apoyo de la inteligencia. (Blog, Conoceréis de Verdad)

 Hoy el profetismo, entendido como anuncio de la verdad de Dios y denuncio de todo lo que Dios aborrece y condena, no goza de muchos afectos, como para atraer los amenes. La iglesia obediente a los dictados del mundo y del tiempo, rinde culto a lo efímero y a lo superficial, gusta de compromisos fugaces, del desapego a las buenas costumbres y padece el síndrome de Atenas, “el gusto por las novedades”: el ultimo Jean, las zapatillas de moda, el celular de tecnología de punta, y todo lo que genere impacto, escándalo banal y la transgresión a un estilo de vida en el marco de los más altos principios.
El contenido profético de la predicación, ha sucumbido ante el aplastante peso de la diplomacia, de decir verdades a medias, de contemporizar con el pecado y hacerse los de la “vista gorda” ante actos repudiables.
Tuve ocasión de asistir a una campaña de evangelismo con participación de numerosas iglesias, y de repente vi cómo se congregaban muchos jóvenes pertenecientes a una de las iglesias con mayor cantidad de miembros de la ciudad, lo cual me causo un grato asombro. Pero sucedió que cuando el predicador extendía la invitación para recibir a Cristo, mientras se animaba a los creyentes allí congregados a orar para que el Espíritu Santo, tocara los corazones, estos mismos jóvenes con camisetas con el rotulo de su congregación, reían a carcajadas, y en voz alta hablaban de cosas absolutamente frívolas y sin mínima conexión con el carácter trascendental de lo que allí ocurría.
Me pregunto ¿no es esto un preocupante síntoma de un mal que como gangrena amenaza la salud de la iglesia, con la complicidad y ceguera de los que lideran?
Oro para que Dios levante un profetismo enérgico y comprometido con Dios, oro por predicadores cuya palabra no se venda por algunas dadivas. Oro por siervos que arriesguen perder popularidad ante los hombres pero traigan honra y complacencia al corazón de Dios. 

Oscar Albeiro Marulanda
Oscar.marulanda@cenfortek.org
3206680897








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*Napoleon Hill, sostiene que sus conocimientos sobre el poder de la mente, proviene de sus consejeros o maestros invisibles, y es pionero de la práctica ocultista, de la Visualización Positiva.

miércoles, 13 de mayo de 2015

SER CRISTIANO EN EL SIGLO XXI

SER CRISTIANO EN EL SIGLO XXI

Desde el connotado teólogo Hans Kuhn hasta el creyente más iletrado,  está en el derecho de preguntarse sobre lo que significa ser cristiano hoy.
Hechos 11:25-26 Nos relata el momento histórico en el que en Antioquia, se les llama “cristianos” por vez primera a los seguidores de Jesús el Cristo.
25 Después fue Bernabé a Tarso en busca de Saulo; y cuando lo halló, lo llevó a Antioquía. 26 Se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente. A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.

¿Que vieron en aquellos hombres y mujeres los habitantes de Antioquia? ¿Como era la vida de estos alborotadores que genero tanto impacto?

Algunos testigos de la época y otros que tuvieron a bien seguir la huella de la historia  comparten valiosos aportes, algunos de los cuales quedan aquí para su reflexión.

“Observan exactamente los mandamientos de Dios, viviendo santa y justamente, así como el Señor Dios les ha mandado; le rinden gracias cada mañana y cada tarde, por cada comida o bebida y todo otro bien... ". (ARISTIDES, Siglo II, La Apología)
"Estas son, oh emperador, sus leyes. Los bienes que deben recibir de Dios, se los piden, y así atraviesan por este mundo hasta el fin de los tiempos, puesto que Dios lo ha sujetado todo a ellos. Le están, pues, agradecidos, porque para ellos ha sido hecho el universo entero y la creación. Por cierto, esta gente ha hallado la verdad”. (ARISTIDES, Siglo II, La Apología)
“En los cristianos se da un sabio dominio de sí mismos, se practica la continencia, se observa el matrimonio único, la castidad es custodiada, la injusticia es excluida, la piedad es apreciada con los hechos. Dios es reconocido, la verdad es considerada norma suprema”. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libros a Autólico, Siglo II)
 “Socorren a quienes los ofenden, haciendo que se vuelvan amigos suyos; hacen bien a los enemigos. No adoran dioses extranjeros; son dulces, buenos, pudorosos, sinceros y se aman entre sí; no desprecian a la viuda; salvan al huérfano; el que posee da, sin esperar nada a cambio, al que no posee. Cuando ven forasteros, los hacen entrar en casa y se gozan de ello, reconociendo en ellos verdaderos hermanos, ya que así llaman no a los que lo son según la carne, sino a los que lo son según el alma. (ARISTIDES, Siglo II, La Apología)
Se casan como todos, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la cama. Están en la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de la ley. Aman a todos y son perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los condenan. Son matados, pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a muchos. No tienen nada, pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el desprecio encuentran gloria ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de su justicia. Están cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a todos con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se les castigue, están serenos, como si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados por los judíos como una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de los que los odian sabe decir el porqué”. (Autor Desconocido, Siglo II-III, Carta a Diogneto)
“Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias dijo: “Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo”. Y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: “Esta es mi sangre”, dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos unos a otros estas cosas. Y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de otros que no los tienen y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo”. (SAN JUSTINO, Carta a Antonino Pío, Emperador, año 155)
 “Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen”. (Plinio, el joven, 112 d. C, En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para indagar acerca de lo que debía hacer con los cristianos, a los cuales condenaba si eran denunciados)
La epístola a los Hebreos, dice de Moisés:
24 Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, 26 considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa. (He. 11:24-26)
Este magnífico pasaje de las Escrituras establece un parangón entre padecer como parte del Pueblo de Dios o gozar de los deleites temporales del pecado, entre los tesoros de Egipto y la inconmensurable riqueza de sufrir por Cristo. Esta verdad que el texto descubre ante nuestros ojos, estuvo en el corazón y el alma de aquellos cristianos, que entendieron en su tiempo lo que ser cristiano significaba.
Los tiempos han pasado, esta pequeña secta Judía, ya no se oculta en los montes, ni es objeto de persecuciones, excepto las iglesias cristianas que padecen las más crueles matanzas por la mano de los extremistas Islámicos, vidas inmoladas por el único crimen de confesar a Cristo.
Pero la iglesia en Occidente, En Europa, Norte América, Centro y Sur de América Latina, vive un cristianismo vergonzoso, una caricatura que se asume como cristianismo verdadero, una religión extraña que adora un dios muerto.
Esta puede ser una descripción de los que en este tiempo signifique “ser Cristiano” de lo que muchas iglesias, muchos creyentes, reflejen ante la sociedad y el mundo:
  • Ser Cristiano significa en los albores del siglo XXI, ir los domingos a divertirse a una iglesia, saltar y saltar, gritar y gritar, vistiendo jeenes rotos de última moda, camisa por fuera y zapatillas de marca.
  • Ser cristiano es muy barato, basta que lo digas, y que mantengas cierta cercanía a una congregación donde el énfasis sea “Pásala bien con nosotros”.
  • Ser cristiano para muchos que se precian de ser “Fundamentalistas” consiste en recitar pasajes de la biblia, monótonas enseñanzas, añejos puntos de vista de grandes autores de la antigüedad, de discutir si la verdad verdadera esta en Armiño, Pelagio o Calvino,  despotricar del papa y de la iglesia católica, y si el tiempo alcanza para criticar a otros sistemas religiosos, asumiendo en forma evidente, aires de superioridad moral.
  • Ser cristiano hoy, se reduce a asistir a los cultos y demás actividades los fines de semana, y ocultar la pretendida fe, de Lunes a Sábado, por aquello de no ser confundidos con esos  “locos” o inadaptados, que predican en los buses o hacen el oso repartiendo tratados en las calles.
  • Ser cristiano, en la postmodernidad, consiste en disfrutar de vez en cuando unos tragos finos en compañía de buenos amigos, discutir en algunos ambientes intelectuales de temas de política, cultura general o de otros asuntos coyunturales, que nos hacen sentir que somos gente V.I.P.
  • Ser cristiano, es adquirir la última versión de la Biblia, leerla con entusiasmo, hasta quedarse dormido sobre ella, y luego arrojarla junto con las otras.
  • Ser cristiano, es ver y oír a algún predicador por televisión, acomodados en un confortable sillón, por aquello de que hay presagios de lluvias y el carro esta recién lavado.
  • Ser cristiano hoy, es asumir que Dios es tan “chévere” que de seguro me va a echar una manito para poder comprar el carro de mis sueños.  
  • Ser cristiano en el siglo XXI es light, atrás quedaron esas épocas horribles de persecuciones, criticas infamantes, castigos crueles, ahora consiste en tener grandes ambiciones centradas en el crecimiento personal,  éxito empresarial, ascenso económico, imagen social, consiste en avanzar hacia el sueño de la prosperidad, la holgura, la vida muelle y sin preocupaciones.
  • Ser cristiano en el siglo XXI, consiste en asistir cuando quiera, a una iglesia cuyo pastor no nos atormente con temas escatológicos, o exegesis de pasajes bíblicos que incomoden la conciencia, se trata de que nos halague con mensajes que nos animen a creer en un dios que anhela que seamos prósperos y muy felices, que vivamos como príncipes aquí y ahora. Al Cristiano de hoy le gusta escuchar que somos ciudadanos del Reino donde papá es el Rey y yo estoy destinado por el Rey (Papá) a reinar en vida y vivir a la altura de esta dignidad.
  • Ser cristiano, consiste en pertenecer a alguna institución filantrópica o de beneficencia, por aquello de ayudar a los pobres pobres, que a lo mejor no son parte de los escogidos, vaya a saber porque, o a lo mejor fueron tan holgazanes que por eso no gozan de prosperidad.
  • Ser cristiano en el siglo XXI, es pasar desapercibido en la sociedad, no hablar de nuestra fe, excepto si se nos pregunta, y aun así ser discretos y procurar no decir nada que pueda ofender o incomodar a otros.
  • Ser Cristiano, es cargar una Biblia que no leo, y si la leo no la estudio, y si la estudio no la pongo en práctica.


Pero ser Cristiano hoy, es vivir conforme al ejemplo y enseñanza de Jesús, es crucificar el viejo hombre con sus vicios, es no volver a revolcarse en el cieno de nuestros pecados viejos, ni atragantarse con el vómito que se arrojó, es lucir las virtudes de hombres y mujeres con orden en sus vidas, con un desbordado interés por el servicio a los demás.

Ser cristiano es ponerse del lado del más débil y necesitado, es no pasar de largo sino visibilizar a quienes sufren y escuchar y responder antes sus gritos audibles o silenciosos, es dar lo mejor en bien de otros sin espavientos ni protagonismos, es predicar a Cristo con la potencia de una vida que da señales indubitables de un nuevo nacimiento, es no afanarse buscando las añadiduras sino centrar la mirada en el Reino y renunciando a todo interés mezquino y egoísta, anhelar que nuestros intereses superiores se orienten a concretar en nuestras realidades, la Voluntad de Dios.

Ser Cristiano, es renunciar a la absurda tendencia a ufanarnos de banderas denominacionales, o empecinarnos en necias discusiones sobre temas teológicos oscuros y con poca ilustración bíblica. 
    
Ser cristiano, para muchos creyentes en América Latina, es no alinearse con ideologías políticas, ni hipotecar la conciencia y lamerle los zapatos a politiqueros de turno,  si bien es nuestro deber respaldar a conciencia, aquellas iniciativas que a nuestro juicio, busquen beneficios colectivos.

La gente está hastiada, cansada, y harta de tanta gritería religiosa, del balbuceo de consejos que recomendamos para otros y que estamos lejos de vivir, de predicaciones de altos decibeles y poca fuerza exegética y respaldo espiritual.

Hay demasiados cultos y pocas vidas transformadas, muchos discursos y poca obediencia. La gente, las familias en las que vivimos y la sociedad, necesita ver en nosotros personas que sin posar de súper espirituales, amamos de veraz, servimos con desinterés, y nos esforzamos con humildad y determinación, en vivir a la altura de los valores que nos enseña el Sermón de la Montaña.

Ser Cristiano en el siglo XXI, es en hablar más a través de la elocuencia de nuestros hechos que de nuestras palabras, y procurar con oración, clamor y ayuno, ser consecuentes con nuestro discurso, ubicando en una misma dirección la conducta y las palabras.

Vuestro atento servidor

Oscar A. Marulanda

3206680897

jueves, 30 de abril de 2015

SANA DOCTRINA: UN CONCEPTO EN CRISIS

SANA DOCTRINA: Un Concepto en Crisis

Hablar de “sana doctrina” es cada vez un asunto más confuso, en virtud de que cualquier grupo seudocristiano (y aun muchas iglesias de amplio recorrido y que en otrora fueran bastión de la fe), se la acredita, y pretende persuadir a sus miembros de que allí, al interior de este grupo o comunidad, se enseña y se vive la “sana doctrina”, lo cual en numerosos casos no resulta cierto.

Es tal el grado de corrupción de la enseñanza, que tal parece que la centralidad de la Biblia ha quedado desplazada por las creencias y practicas introducidas por acreditados personajes. Estos posan ante los medios de comunicación como “maestros de la Palabra” cuando en verdad están errados en sus apreciaciones e inducen a muchos al error ante el enorme poder de penetración de medios como la televisión o el internet, a los que tienen acceso. 

Enseñan que hay que ordenar al dinero que venga a nosotros, enseñando que como hijos del Rey estamos llamados a vivir rodeados de lujos y riqueza, enseñando que el creyente debe tener delante de si, un cuadro o cartel donde a través de un collage (recortes diversos de fotografías tomadas de revistas u otros) que incluya todos sus sueños: la casa de sus sueños, el carro de sus sueños, los sitios que sueña visitar. Se asombrarían muchos al saber que esta práctica introducida en la iglesia evangélica hace unos 30 años aproximadamente, ha sido una de las costumbres más arraigadas y difundidas entre los gurús de la Nueva Era y los seguidores de lo que se ha dado en llamar “desarrollo del potencial humano” que en esencia pretende reemplazar a Dios y Su Palabra, por el poder de la mente, la capacidad de visualización positiva, y  el poder creativo de la palabra humana.   

Artilugios como estos nunca aparecen en ningún texto de la Santa Biblia, de allí que nos preguntemos: ¿Podemos llamar a estos exabruptos sana doctrina?
Con cuanta frecuencia se escucha en los círculos evangélicos la expresión “sana doctrina”, queriendo señalar que esta o aquella congregación articula su fe y su práctica conforme a las Escrituras, solo que con frecuencia, nos encontramos con que dichas congregaciones padecen de diversos males: Sincretismo religioso, creencias y practicas sin ningún sustento bíblico, avaladas solo por apóstoles y maestros que han inducido estas prácticas, sin hallar impedimento alguno.

Con ello se demuestra el pobrísimo nivel de estudio y conocimiento de la Palabra, la ausencia de un liderazgo pastoral instruido y fiel, que “digiera” lo que se le enseña, y con más franqueza que falsa diplomacia, sepa poner frenos a estos lamentables excesos. Lo peor de todo es que nos hemos acostumbrado tanto a la mentira, a las doctrinas engañosas, que cuando se es confrontado con ello a la luz de la Biblia, la reacción oscila entre el rechazo apoyado en falacias y la hostilidad que evidencia la total ausencia de razones , pero la constante en todos los casos, es la carencia absoluta de argumentos centrados en una hermenéutica responsable.   

Para el apóstol Pablo, cuidar la sana doctrina era un asunto que ocupaba su mayor atención, razón por la cual exhorta a Timoteo e insta a Tito, ambos pastores, a velar por preservar la enseñanza que se imparte a las iglesias, enseñanza que desde este tiempo habría de pervivir bajo la constante amenaza de que fuera objeto de distorsiones y cambios introducidos por hombres que con la pretensión de ser maestros, la pervierten y la acomodan a sus propios gustos e intereses  (1Tim. 6:3, 2 Tim.1:13;4:3. Tito 1:9,13; 2:1).

Por sano entendemos aquello que funciona en debida forma, que no adolece de algún padecimiento o simplemente que goza de salud. Doctrina es enseñanza o instrucción, de modo que la sana doctrina es la enseñanza que no sufre de algún mal, que se encuentra en condiciones óptimas, que no ha sido objeto de mal trato o tergiversaciones.

De dónde sacan tantos  predicadores que pueden acomodar sus extrañas costumbres, maneras de pensar, y usanzas, las cuales en el marco de una adecuada hermenéutica, van en franca y total oposición a la enseñanza bíblica. A manera de ejemplo notemos la insistencia en asumir la falsa doctrina de la prosperidad, según la cual el interés de Dios es que gocemos de prosperidad y éxito, que seamos gente de gusto y excentricidades, que podamos vivir como príncipes ataviados de ropa de marca, costosos automóviles, y otras exquisiteces que la vana gloria de este mundo nos propone. 

La voluntad de Dios es que los hombres y mujeres, que hemos sido lavados por la sangre del Cordero, que hemos aceptado el llamado a ser discípulos, vivamos con la mayor austeridad y modestia, y que centremos todos nuestros esfuerzos y trabajo disciplinado en difundir el evangelio, mostrar las virtudes de Cristo en nuestras propias vidas y extender el Reino, procurando que los hombres de este mundo materialista, henchido de vanidad y soberbia rindan su voluntad a Dios, reconozcan su condición de pecadores y acepten a Cristo como Señor y Salvador.  
 
De dónde sacan estos falsos maestros que podemos manipular a Dios para efecto de que Él se rinda a nuestros caprichos, y se sujete a nuestras demandas, demandas y ordenes, que blasfeman el nombre de Dios, rindiendo culto al egoísmo, demandas que no tienen como centro la gloria de Dios, el extendimiento de Su Reino, sino la deificación del hombre (enseñanza según la cual el hombre es dios), la búsqueda desenfrenada de placer, comodidad y gloria del hombre para consigo mismo.
Esto lo vemos en las declaraciones, decretos y profecías de autocumpliento, tales como estos: 

“Declaro que soy prospero, que el dinero y la abundancia vienen a mí de fuentes inesperadas, que soy rico, declaro y visualizo (técnicas de visualización positiva) que poseo un automóvil, que soy dueño de mi propia empresa, que viajo y visito diversos lugares (mapa de sueños), donde esta Dios en todo esto? Que toma Dios para Su gloria? Que beneficio hay en todo esto para los perdidos, que viven sin Dios y sin esperanza en este mundo? Donde hay un principio o un pasaje bíblico que permita afirmar que Dios tiene como anhelo supremo que vivamos con toda suerte de comodidades materiales? Donde encontramos  a Jesús pensando y asumiendo este exótico comportamiento? No es más bien la oración de Jesús, una súplica al Padre, mediada por la total subordinación a Su Perfecta Voluntad?

El evangelio de Mateo 26:42 nos enseña el contenido agonico de la oración de Jesùs en el huerto de los Olivos, bajo la sombra de la cruz.

Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras .

Jesús no declaro al tenor de los falsos maestros:

“Yo declaro ahora mismo, que gozare de salud y larga vida, que ninguna cosa mala vendrá a mi vida… que seré prospero… que los que buscan hacerme daño serán destruidos…” 


No tienen las suplicas de la iglesia, como propósito, pedirle a Dios que les conceda las fuerzas y el denuedo para enfrentar las aflicciones que demanda predicar y difundir el Evangelio. Según  Hechos 4:29 esta era su ferviente suplica:

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús”

Ellos no dijeron: “Declaramos que nos haces invisibles de nuestros enemigos… decretamos que ejércitos de ángeles vencen a nuestros enemigos...”

No debería ser nuestro más quemante anhelo buscar que Cristo sea formado en nuestro carácter, que crezcamos en obediencia, que nuestra vida y todas nuestras ambiciones estén centradas en agradar a Dios y servirle con un corazón integro que lo ame, y que sirva a sus intereses?
Que motiva al  amado anciano Juan, a elogiar a Gayo?  Acaso le dijo:
“Yo me gozo al ver los excelentes balances  de tus negocios, tu éxito y prosperidad, tus grandes haciendas, tus costosos trajes, tus refinados gustos…”
Esto dijo Juan:
 3Pues me alegré mucho cuando algunos hermanos vinieron y dieron testimonio de tu verdad, esto es, de cómo andas en la verdad. 4No tengo mayor gozo que éste: oír que mis hijos andan en la verdad. (1 Jn. 3,4)  .

De dónde sacan estos falsos apóstoles, y falsos maestros que la vida cristiana, es un oasis perenne de tranquilidad, confort y abundancia, si Jesús nos advierte acerca de la renuncia y la entrega, del servicio humilde a los demás, y el Nuevo Testamento en el Libro delos Hechos, y la historia de la iglesia, están repletos de ejemplos de hombres y mujeres que interpretando la voluntad de Dios y viviendo conforme a la sana enseñanza de Cristo, debieron sufrir trágicas muertes, vidas llenas de privaciones, y no por ello renunciaron a la fe, ni claudicaron ante los desafíos de seguir fielmente las pisadas de Jesús. No podemos resucitar la seudodoctrina de la retribución, que pretende enseñar que los goces, abundancia de bienes, excelente salud son el fruto de nuestra obediencia perfecta y del agrado pleno de Dios frente a la vida que vivimos.

Eso haría que sacáramos inferencias falsas, tal como afirmar que quienes padecen necesidades, o están enfermos es porque se anida en sus corazones pecados inconfesos o están viviendo fuera de la Voluntad de Dios. Si esto fuera cierto todos los ricos opresores, injustos y blasfemos de este mundo serian almas benditas y piadosas, y todos los pobres y enfermos serian impíos.

Hay pobres y enfermos, y ricos y satisfechos, que viven con el alma muerta, pues la vida cristiana no depende ni se circunscribe a una dimensión socioeconómica, estos son hombres y mujeres que no gozan de la presencia de Cristo en sus corazones, del mismo modo que hay quienes administran para Dios grandes bienes y hombres y mujeres que padecen grandes y diversas necesidades, y tanto en unos como en otros se perfecciona la voluntad de Dios, pues no sataniza la Biblia las riquezas, si bien advierte acerca del peligro y consecuencias de poner en ellas el corazón, haciendo de las cosas materiales un fin en sí mismo, y amándolas como si fuera Dios.

Los creyentes que han sido discipulados desde la óptica de esta falsa enseñanza, de visualizaciones, decretos, y prosperidad, indefectiblemente se volverán atrás ante los primeros tropiezos que la vida les depare y se sentirán asaltados en su buena fe, admitiendo que fueron engañados por sus maestros, con la propuesta de una vida prospera y feliz, que de repente cambia para ellos.  

La felicidad que propone las Escrituras está muy lejos de ser aquella que encaja con el neo-hedonismo de nuestra postmodernidad o la falsa doctrina de la retribucion o la llamada doctrina de la prosperidad. No, esta felicidad tiene como eje y fundamento, movernos en la Voluntad de Dios, siendo individuos y personas que buscamos primeramente el Reino y sometemos nuestros planes, y proyectos a la Voluntad de Dios, la felicidad que Dios ofrece es aquella que pervive en medio de las dificultades, cuyo gozo no se extingue en medio de la prueba, y que nos permite contemplar desde el plano de nuestros presentes y temporales sufrimientos, nuestro verdadero hogar, y nuestra autentica ciudadanía. Entendiendo que no hay muerte sin resurrección, ni situaciones de dolor y sufrimiento en las que Dios nos prive de su eficaz consuelo.  

O.A.M.
oscar.marulanda@cenfortek.org
www.cenfortek.org

  

martes, 21 de abril de 2015

PERMITAMOS QUE CRISTO TRATE CON NUESTRA CEGUERA


PERMITAMOS QUE CRISTO TRATE CON NUESTRA CEGUERA

Mateo 24:35-40

Ver es una condición biológica que el hombre comparte con los animales, observar y analizar es una condición esencialmente humana, que trasciende la esfera biológica

Ver o mirar es simplemente hacer uso de la capacidad visual para percibir los aspectos externos o la apariencia de lo que se nos pone delante. Observar va más allá de captar lo externo a través de los ojos, es abrirnos a la existencia de todo cuanto nos rodea desde una motivación particular, que hace que seamos impactados, que lo que esta fuera de nosotros capte nuestra atención, nos interpele, nos asombre y quede registrado en nuestra memoria consiente.  Es por esto que multitud de situaciones, objetos y personas pasan desapercibidos, y nuestra conciencia no toma nota de ello, no queda registro, es como si tales cosas y personas no existieran para nosotros. Al no tener nada que nos motive a observar, aquello que cruza delante de nuestros ojos, es tan inocuo, tan sin sentido que no nos interesa, que no concita nuestra atención, en ultimas diríamos que no existe al nivel de nuestra conciencia.

El Evangelio de Lucas (Lucas 10: 25-37) nos ilustra sobre la parábola que Jesús propone, y en la que se narra acerca de  un hombre que fue herido,  como resultado de un desafortunado encuentro con unos asaltantes, que a más de robarlo lo agredieron y lo abandonaron dejándole moribundo en el camino. Pasó  por allí un sacerdote y un levita, y tanto el uno como el otro, cruzaron el camino y siguieron,  sin brindar el menor auxilio al hombre herido. Finalmente un Samaritano, despreciado por los judíos, que pasa por allí ve al hombre y se compadeció de él, ocupándose con esmero y diligencia en que recibiera los cuidados necesarios para asegurar su recuperaciones Sacerdote como autoridad religiosa, opto por seguir la instrucción según la cual, no debería tocar un cadáver y este hombre estaba ciertamente moribundo. De su acatamiento a las costumbres y normas de su tiempo no queda la menor duda. El Levita, era una hombre apartado para servir en los oficios religiosos del Templo, solo que dentro del conjunto de deberes que implicaba sus tareas en el templo, ninguna incluía socorrer a un hombre herido. Su manual no contenía nada explícito al respecto.

Pero que vio el Samaritano? Sus ojos vieron exactamente lo mismo que el Sacerdote y el Levita, pero el Samaritano, sumo a ello su corazón. Vio desde las entrañas, no desde sus prejuicios: “este es mi enemigo, se trata de un Judío”, no  desde una abstracción teológica de retribución: “Algo malo hizo que le ha venido esto”. No desde el frio análisis financiero de nuestro tiempo: “Cual es el  costo- beneficio”. Con el mayor rigor y  sentido práctico el herido no existió para el sacerdote y el Levita, como una vida que reclamaba atención, se hizo invisible merced a la carencia de amor, al no reconocimiento de su valía.

La sociedad clasista en la que vivimos nos ha aconductado a los cristianos. Pese al clamor del Apóstol Pablo cuando en la Epístola a los Romanos nos exhorta, a no asumir la forma de este mundo, la iglesia sigue de largo ante vidas que agonizan, ante seres humanos cuyas vidas están signadas por el dolor y la indiferencia social. Nos ocupamos de lucir costosos mármoles y cerámicas en los templos, pulpitos elaborados de finos y costosos materiales, una animación en la que los mínimos detalles del culto son tenidos en cuenta, instrumentos bien afinados, bonitos trajes, discursos motivadores y bien hilvanados, pero más allá de las paredes del templo, en los suburbios, en las esquinas oscuras, donde no hay asfalto, donde la pobreza asusta, en el rostro surcado de arrugas de ancianos y habitantes de las calles, en los hospitales y en las cárceles, allí están los eternos olvidados, los invisibles,  los leprosos que las iglesias y la sociedad rechazan con sutileza o con descaro. Que infame traición al evangelio de Jesús. Actitudes Cainescas que niegan la eficacia del amor de Dios, reproduciendo el egoísmo mundano, y negando en la práctica a Jesús. Al Jesús que descendió del Cielo para compartir nuestras miserias, al Jesús que visibilizo a Bartimeo, a las viudas, a los enfermos y leprosos.

En las iglesias de hoy no hay espacio para sordos, mudos, enfermos de SIDA, no hay una atención pastoral a las viudas, no hay presupuesto para ayudar a huérfanos, no hay dinero para compartir un trozo de pan con los que habitan las calles. No hay palabras de esperanza ni alternativas para las prostitutas y para los adictos. Muchas iglesias si Jesús viniera y con el llegara el Juicio, hallaría cuentas robustas, pastores con suntuosas casas y finos automóviles, creyentes sin la mínima conciencia de lo que significa el sufrimiento humano, iglesias que siguen sordas y ciegas ante lo que nos instruye el Señor en Isaías 57. Iglesias que aplauden con frenesí y consideran héroes de la fe a cantantes que solo aceptan presentarse si les pagan gruesísimas sumas de dinero y solo si se les aloja en hoteles 5 estrellas y en Swift de lujo. Este cristianismo caricaturesco no sabe de misericordia, no ve, ni oye ni entiende el clamor del afligido. Solo sabe gritar con frenesí y saltar con entusiasmo, pero la ausencia de sus obras desnuda su egoísmo.

Lo que hoy se observa en muchas congregaciones son ayunos estériles, religiosidad vana, cultos llenos de jolgorio y emociones donde el invitado principal que es Dios no está presente. Colombia y América Latina vive en un contexto de profundas desigualdades, carencias, enfermedades, catástrofes que descubren para nuestro asombro la fragilidad de la vida humana y el feo rostro de nuestra indiferencia y de una fe divorciada de las obras.

Como pretendemos que se nos reconozca como discípulos de Jesús, si leen de lejos nuestro desinterés hacia su dolor, y manos diferentes a las nuestras, sin rótulos religiosos, sin discursos tan bien sazonados, son las que muestran la eficacia del amor de Dios.

Jesús dice en Mateo 25:35-40

“Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, preso y me visitaste, enfermo y viniste a mi…”

Diremos a esto que la exegesis y los principios hermenéuticos y la ortodoxia en la interpretación, nos sugiere que a lo mejor se trata de una metáfora extendida o quizá de aforismos, o que este pasaje está escrito en un lenguaje figurativo? Falso de toda falsedad.

Hasta cuando seguiremos con esta farsa de cristianismo sin Cristo, hasta cuando creeremos la mentira de pretender ser cristianos sin mostrar signos de amor y compasión con quienes a nuestro alrededor sufren los estragos del egoísmo, del abandono del estado, del menoscabo de su dignidad, hasta cuando pasaremos de largo mostrando el rostro de nuestra hipocresía religiosa, fingiendo ser para el mundo el Cristo que el desvalido no ve en nosotros, hasta cuando mantendremos la premisa de verticalizar la fe (Dios y yo), perdiendo de vista la horizontalidad de la relación con nuestro prójimo más necesitado (yo y mi prójimo)

Hasta cuando predicaremos que Dios es amor, si nuestro verdadero amor no es Dios, si solo queremos que Dios sea el proveedor de beneficios.

Como comer hasta saciarnos y no querer lo mismo para otros, como disfrutar de una casa y ver a quienes no tienen techo sin sentir que el pecho nos aprieta. Como podemos afirmar que amamos a Dios si somos indiferentes con los más pequeños, olvidados y débiles de la tierra.

La iglesia si es iglesia, debe observar los que otros ni siquiera ven, y actuar en favor de los que el mundo ha invisibilizado.

jueves, 16 de abril de 2015

LA ZONA DE CONFORT

La zona de confort se interpreta como la consabida tendencia a instalarnos, a buscar el acomodo y eliminar todo lo que implique un esfuerzo adicional o asumir algún riesgo. La persona que se mantiene en la zona de confort se identifica con facilidad. Ella ha construido los límites de su existencia, con los insumos derivados de sus rutinas, de la constante repetición de acciones, desarrollando sus actividades diarias de la misma forma, todo es predecible, todo es repetitivo. La novedad es prácticamente inexistente, al igual que el riesgo de asumir iniciativas. Quien vive o se instala en su zona de confort, prefiere la monotonía al riesgo de innovar, prefiere lo que conoce y domina antes que enfrentar el miedo de avanzar hacia otros horizontes, diferentes espacios, maneras distintas de pensar, de hablar y de vivir.
Shawn Achor, catedrático de Psicología de la Universidad de Harvard, tomando prestado un concepto de la química, utiliza el termino: “Energía de activación” con lo cual quiere demostrar que empezar a hacer algo, exige mayor energía que seguirlo haciendo cuando ya se ha iniciado, de este modo se entiende que resulta menos exigente vivir en la inercia que representa la zona de confort, que exigirnos el esfuerzo de generar cambios.
Se nos puede recomendar hasta el cansancio, acerca de la importancia de modificar los hábitos alimenticios, sobre la necesidad de hacer ejercicio físico y de este modo fortalecer el cardio o simplemente dedicar un poco más de atención a ciertos hábitos que afectan en forma negativa la salud, y sin embargo la resistencia al cambio, la inercia, el apego a la zona de confort , hace que todas las recomendaciones de otros y las buenas intenciones propias, naufraguen y estén lejos de plasmarse en la realidad.
Cuando el trabajo exige una cuota adicional de esfuerzo o la presentación de informes, algunos prefieren renunciar antes que encarar el cambio. Cuando el estudio se torna exigente, algunos acuden al “atajo” de hacer fraude en sus exámenes o pagar algún dinero a otro estudiante que elabore el trabajo de investigación en lugar nuestro, o aceptamos la propuesta de la universidad en pagar un costoso diplomado, y de ese modo evadir la incómoda exigencia de una tesis de grado. Casas enteras amenazan ruina por falta de mantenimiento, se posterga una y otra vez emprender acciones de mejoramiento en el hogar, hasta que este finalmente colapsa y se destruye. Nos quedamos con lo aprendido en la academia y poco a poco nuestros conocimientos van cayendo en obsolescencia, al punto que debemos ceder nuestro lugar a otro que tomo la iniciativa de actualizarse.
Esta situación se refleja en la vida de muchos creyentes y comunidades. Vemos pastores excesivamente obesos, “amantes” del colesterol y de los  excesos culinarios, sobrealimentados, sin que su gordura obedezca a alguna disfunción endocrina o sistémica, se trata tan solo de gula o vulgar glotonería, de holgazanería y falta de pudor frente a la exhibición de una panza de “cardenal”. Numerosos creyentes han hecho de la impuntualidad un rasgo distintivo de su personalidad, sobre todo si se trata de compromisos en el ministerio. Predicadores que ante la dificultad de desentrañar el sentido más profundo de las Escrituras, prefieren tomar para sí sermones del internet, huérfanos de profundidad y sin respeto por una adecuada exegesis. De otra parte encontramos iglesias adoradoras de sus rutinas, saben que evangelizar es un deber y un privilegio, pero con dificultad se mueven entre sus casas y el templo, como para salir al encuentro de la oveja perdida. Creyentes cuya conciencia se ha habituado tanto al pecado que ya no ejerce veeduría sobre su comportamiento y ello no es obstáculo para que salte y grite en los diferentes cultos y celebraciones. Están domesticados por sus hábitos y rutinas, que no les interesa modificar nada en sus vidas. Templos sucios y mal presentados, instrumentos mal ejecutados, líderes y maestros expertos en la improvisación.
Congregaciones que no planean, ni evalúan, simplemente viven del activismo y de las habilidades histriónicas de líderes que,  reemplazan orden, estudio, unción, por alboroto.
La zona de confort que pretende hacer más cómoda y tranquila nuestra vida, termina convirtiéndose en una red  que nos atrapa, y nos sumerge en el océano de la mediocridad, restándonos oportunidades de crecimiento, alejándonos de toda posibilidad de una vida con propósito y sentido, de una vida que pueda causar un verdadero y edificante impacto en la vida de los demás.
Pero todos poseemos una zona de confort. Tenemos en casa un viejo sofá donde acostumbramos a reposar luego de una dura jornada de trabajo, acostumbramos a ver los mismos programas de televisión, y nos gusta escuchar la misma música. Nos gusta ir con nuestra pareja al mismo parque, y sentarnos en la misma banca. Abra algo de malo en que disfrutemos más el silencio de los campos que el bullicio y smog de la ciudad? Diremos entonces que existen rutinas que no afectan ni empobrecen necesariamente? Es posible. Pero de lo que no existe la menor duda es que estamos en la obligación de revisar a fondo nuestra zona o zonas de confort, y determinar con la mayor objetividad posible aquellas a las que debemos rebelarnos, romperlas, salir de ellas con celeridad y determinación.
En la Biblia encontramos ejemplos que ilustran esta particular tendencia. El evangelista Lucas (Lucas 9:33) enseña a Pedro exaltado de emoción, diciéndole a Jesús que se instalen en lo alto del monte. Pedro veía en aquel lugar y en esta circunstancia las condiciones más deseables para establecerse, pero los planes de Jesús apuntaban en otra dirección. Israel en el desierto deplora la pérdida de su zona de confort (Egipto), ante las dificultades y nuevos desafíos que enfrentaban, en su viaje a la tierra prometida (Canaán).
Pedro y Andrés, y los hijos del trueno, Jacobo y Juan, abandonaron las barcas y las redes, para encaminar sus pasos siguiendo las huellas de Jesús. Es muy seguro que el mundo nunca hubiera conocido de ellos, de sus hazañas como hombres de mar, o de sus logros como pescadores, pero sus nombres brillan en la historia como aquellos primeros discípulos, quienes con el resto de los doce, dieron inicio a la fe cristiana y con ello se transformó para siempre el destino de la humanidad. Se atrevieron a salir de su zona de confort, a generar cambios radicales, a vivir con Jesús la más maravillosa experiencia de sus vidas.
Saulo de Tarso, ostentoso de su origen, con una situación económica solvente, con prestigio social, con un lugar prominente entre los fariseos, abandono los límites de su zona de confort, para pasar de ser perseguidor a perseguido, lo abandono todo para obtener lo mejor.
En Filipenses 2:7 Pablo nos ilustra acerca de la kenosis de Jesús. Siendo el unigénito del Padre, compartiendo Su Gloria, se despojó a sí mismo, siendo Rey asumió entre nosotros forma de siervo, y en esa condición, el que no cometió pecado, acepto llevar en la cruz nuestros pecados. No existe mejor ejemplo que este. Merced a ello hay salvación, en virtud de su denodado esfuerzo y máximo sacrificio, los que hemos creído en él, sabemos ciertamente que Jesús venció la muerte, y no existe muerte sin resurrección.  
  
Por lo anterior, te animo a tener en cuenta estas sencillas recomendaciones:
ü  Revisa si eres amable o coquet@ en el trato con el sexo opuesto
ü  Revisa si encaras con responsabilidad y animo desafiante tus responsabilidades diarias
ü  Revisa si en casa hay relaciones para mejorar, conductas que ameritan ser modificadas, faltas que débenos perdonar o por las cuales pedir perdón.
ü  Revisa si cuidas con esmero y diligencia de tu salud, y empieza cuanto antes un programa de prevención y/o mejoramiento
ü  Determina con el favor de Dios, modificar tus hábitos perniciosos
ü  Determina con la dirección de Dios, ser un ministro fiel y competente, que se esfuerza en ser aprobado por el Señor, en lo que es y hace para Su servicio.
ü  Comienza esa dieta que vienes de tiempo atrás aplazando
ü  Exprésale tus afectos a tu espos@ e hij@s, sin esperar la llegada de eventos o fechas especiales
ü  Mejora tus habilidades en aquello que haces en forma mediocre (manejo de la ortografía, computador, inglés, un instrumento u otro)
ü  Prepara a conciencia tus estudios bíblicos, clases, o sermones.
ü  Mejora tu estado físico, implementando una rutina diaria de ejercicio.
ü  Incrementa tu tiempo de oración.
ü  Aprovecha cualquier oportunidad para compartir el evangelio a amigos, vecinos o compañeros de estudio o de trabajo.
ü  Busca la ayuda necesaria para superar tus miedos.
ü  Has un curso para aprender a nadar, y la próxima vez que vayas a la playa disfrutaras mucho más tus vacaciones
ü  Estrecha más tus relaciones fraternales con algunos hermanos con los que tienes muy poco contacto.
ü  Anímate a compartir tu testimonio de conversión a quienes consideres oportuno, contando con una versión corta y resumida para eventos especiales.
ü  Memoriza más pasajes de la Biblia y procura alcanzar la mayor comprensión de su significado. La mayoría de los textos bíblicos que recitamos de memoria los aprendimos en el primer año de vida cristiana.
ü  Explora alternativas legítimas que te permitan evitar fugas económicas y mejorar tu economía. Luces encendidas donde no se necesitan, goteo continuo por falta de mantenimiento, gastos superfluos y emocionales, pueden generar iliquidez, pero a su vez muchos, con algo de ingenio pueden hacer que sus casa generen un valor agregado, si se sabe aprovechar su estratégica ubicación para iniciar un negocio de familia.

Acepta el desafío de resignificar tu vida, romper hábitos y costumbres,salir de tu zona de confort y establecer nuevas y productivas maneras de pensar y de actuar. Permite que Dios encamine tus pasos en dirección a los cambios que Él quiere obrar en tu vida. Nuestro Dios quiere que tu vida sea como la luz de la aurora, que tu vida avance, crezca, se desarrolle y de abundante fruto, para honra y gloria de Su Nombre. 

O.A.M.
oscar.marulanda@cenfortek.org