DIOS
MIRA EL CORAZON
Con cuanta facilidad nos equivocamos en muchas de
nuestras apreciaciones. Aún existen fenómenos físicos que engañan nuestros
sentidos y nos llevan a ver cosas que no están allí. Vemos fulgurantes
estrellas en el firmamento, respeto de las cuales nos dicen los físicos y los
astrónomos que no están allí, que desaparecieron hace cientos de miles de años
y que aquello que vemos es la luz que nos llega desde su pasado.
En la Biblia hay un pasaje que desde mi infancia me ha
causado una profunda impresión, y se trata de una historia que supera por mucho
a Hollywood. todo trascurre en Babilonia en los tiempos de Daniel. El rey
balsasar que había heredado el trono de Babilonia, y festeja con cientos de
personas. Hay abundante comida, los invitados comen y beben en los vasos y tazones
de oro, saqueados del templo de Jerusalén, por mano de Nabucodonosor. El
rey babilonio había incursionado con su poderoso ejército en la ciudad santa
mientras que sus habitantes habían sido llevados en cautiverio a Babilonia.
En medio del jolgorio y la algarabía surge una mano
que escribe un indescifrable mensaje en la pared: mene, tekel, ufarsin
("una mina, un siclo y dos medias minas"). Ninguno de los sabios de
babilonia pudo interpretar el enigma, pero Daniel, pudo decirle al rey el
significado de esta inscripción ("mene, ha contado Dios tu reino y le ha
puesto fin; tekel, has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso;
ufarsin, ha sido roto tu reino, y dado a los medos y persas.
Belsasar, en su arrogancia confiaba plenamente en la
poderosa muralla que rodeaba su reino, las enormes provisiones de grano y las
abundantes aguas que les proveía el rio Éufrates. No veía una amenaza en el
ejercito de los Medos que estaban en su frontera, pero Dios anunciaba su muerte
y la caída de uno de los mas poderosos imperios que registra la historia de la
humanidad.
El orgullo y la altives de espíritu no son buenos
consejeros. Nos hacen ver y creer lo que queremos y pueden llevarnos al
fracaso. En el libro del Apocalipsis
encontramos uno de las enseñanzas mas fuertes de toda la Biblia, Se trata del
mensaje a Laodicea.
Laodicea, fue fundada por Antíoco
en honor a su esposa, de allí su nombre el cual traduce, justicia del pueblo.
Una ciudad vecina de Éfeso y de filadelfia, poseedora de una gran riqueza. Su
tierra era fértil y apta para pastorear ganado, las ovejas producción una lana
única y especial, que le permitió gozar de una floreciente industria del
vestido. Poseía un comercio sumamente rico, y una afamada escuela de medicina,
especializada en enfermedades oculares. También, dentro de sus atractivos
Laodicea contaba con un sistema de aguas termales, estas aguas tibias fluían
por un sistema de cañerías sostenidas en arcos (acueducto, y constituían un verdadero
delito y motivo de orgullo de sus habitantes. Todo esto la hacía notoria y
admirada en toda la región del Asia Menor, como una ciudad rica.
El texto del Apocalipsis dice:
‘´Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He
aquí dice el Amén, el testigo riel y verdadero, el principio de la creación de
Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío,
o caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi
boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad
de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y
ciego y desnudo; yo te amonesto que de mi compres oro afinado en fuego, para
que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se
descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que
veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y
arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y
abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que
venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido,
y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el
Espíritu dice a las iglesias (Apocalipsis 3:14-22)
Esta iglesia no recibe ningún tipo de reconocimiento,
al contrario, contra ella se lanzan serios mensajes de juicio.
¿Acaso no es esto lo que sucede en muchas personas en
el día de hoy? Se sienten muy seguros en
su cristianismo, asisten a los cultos, ofrendan, cantan. Los de orientación
pentecostal gritan y se sacuden, los más conservadores entonan con rostro
reverente sus himnos, rígidos como un monumento. ¿Dónde entonces está el
problema, en que radica el reproche de Dios? Esta es la respuesta, su tibieza.
Ellos aman mas sus bendiciones que a Dios, aman mas
sus diversiones que a Dios, lamentan más que alguno de sus automóviles sufra un
rayón al hambre que sufren miles de niños en su país. Ellos hacen de su
presente su todo. Cristo no es el eje central de sus vidas. No aman a Dios con
todas sus fuerzas. Ellos se meten cada 8 días en el micro ondas de sus
emociones, y confunden experiencias emocionales fuertes con presencia y unción
del Espíritu en sus vidas. Ellos disfrutan de sus actividades sociales, pero no
saben lo que es llevar vidas convertidas a los pies de Cristo. Sus oraciones
son sosas e insulsas, repetitivas y estériles. A ellos les resulta un verdadero
enigma ver cristianos locos por cristo, predicando en los buses, ver cristianos
oran con sus familias en sus casas, que dan gracias por sus alimentos
A estos su tibieza, no les hace notar su orgullo y
altivez de espíritu. La seguridad de ellos esta en sus jugosas cuentas
bancarias, su prestigio social y sus títulos profesionales. Hacen alarde de sus
logros y triunfos personales, y no se dan por enterado que ninguna riqueza
puede dar el gozo y la paz que solo podemos tener en Cristo. Para ellos la
evangelización y la obra misionera no son más que románticas historias.
Los tibios de hoy son creyente en general, pastores y ministros, son la
inmensa mayoría de cristianos ricos, engreídos y autosuficiente, que se creen tenerlo
todo y no necesitar nada ni de nadie, pues asumen que todo lo que quieren lo
pueden adquirir con su dinero, se piensan de un linaje o una clase superior de cristianos.
Viven inmersos en sus lucrativos negocios, son los que hacen alarde de sus
finos trajes, o del nuevo automóvil que le regalaron a sus esposas e hijos, de
sus viajes turísticos y sus nuevos juguetes tecnológicos. Ellos se han
convertido en hábiles animadores, comediantes y verdaderos especialistas en el
manejo de las emociones.
Sus mensajes predilectos solo hablan de prosperidad y
riqueza, de adquisidores y escalonamientos social y económico. Son excelentes
en mantener las mentes entretenidas y ellos mismos llegan a tal extremo que
creen que la vida que viven, el cristianismo que muestran y la fe que profesan,
es la más refina muestra de cristianismo. Ellos se miran a si mismos como la
mejor versión de iglesia, como gente rica y visionaria, como gente elegante y
glamurosa.
Es una vergüenza ver pastores lamiéndole las suelas a
políticos corruptos, en busca de prebendas, y pretendiendo alcanzar posiciones
de poder, para perpetuar la cadena de complicidades, que lleva a muchos países
ricos en recursos de todo tipo, pero avanzando por el sendero de una
escandalosa pobreza.
Pero me pregunto, donde se ha ido su primer amor, en
que ocupan su tiempo, conocen lo que significa orar sin cesar, recargar la
cruz e ir en pos de cristo, saben lo que representa para Dios la salvación de
una sola alma, saben lo que es el infierno, les interesa el aliviar las
necesidades humanas, reales, materiales de la gente, visitan al huérfano y a la
viuda en sus tribulaciones, tienen misericordia de los presos, y los visitan y
oran por ellos, asisten con frecuencia a los hospitales para dar consuelo a
quienes padecen dolor y enfermedad, aman predicar a Cristo y pueden decir como
el apóstol Pablo: ay de mi sino predico el evangelio, guardan sus corazones y
no se contaminan con la maldad y las propuestas indecentes del mundo y la
sociedad que les rodea. ¿Sus hijos y esposas viven con sobriedad y ellos y sus
casas son un buen ejemplo de humildad, mansedumbre y fiel obediencia a Dios?
¿Estoy sugiriendo que un cristiano no puede o no deber
tener bienes, riqueza, prestigio o solvencia económica? Grande seria mi
tristeza si alguien cometiera la osadía de juzgar con tanta ligereza este
texto. No quiero decir nada mas de lo que esta escrito. Jesús y el mundo necesitan
la manifestación de los hijos de Dios, la sal debe salar y la luz debe alumbrar
la vida de los hombres.
Dios no esta
buscando que renuncies a tus bienes y con un costal al hombro te sientas mas
digno o convertido en un mejor cristiano. Lo que Dios espera de todos nosotros
es que seamos hombres y mujeres que lo amemos de todo corazón y por encima de
todas las cosas de este mundo, que le demos hoy y siempre el primer lugar en
nuestras vidas, que cualquiera que sea nuestra situación social, económica, académica
u otra, nos sintamos felices de identificarnos como cristianos, de comportarnos
como cristianos y nunca avergonzarnos del evangelio que predicamos. Que pidamos
perdón con toda sinceridad, ruego y lamento por nuestro cristianismo mediocre e
insípido, por nuestra falta de compromiso.
Lo que Dios espera de su iglesia es que le permita a
Cristo entrar a su vida y transformarla, lo que Dios espera es que no nos
embriaguemos en nuestros oceánicos conocimientos de la Biblia, y nos
convirtamos en hacedores de la Palabra
Dios anhela ver su iglesia, convertida en una iglesia
obediente a su llamado de andar en santidad, obediente a su mandato de ir y
predicar a Cristo. Una iglesia donde se piense en el pobre, el hambriento, el
desnudo, el sin patria, el enfermo, el preso, los mas débiles, menospreciados y
explotados. Una iglesia que no se arrodille ante los poderosos ni entre en
tratos y componendas con estos.
Dios quiere para si una iglesia que ponga colirio en
sus ojos y recupere su visión. La visión del propósito eterno de Dios en la
vida de los hombres, la visión de un mundo trasformado por medio de la
predicación del evangelio.
Oro para que Dios cubra nuestra desnudes y no nos vomite
de su boca y para que de nuevo el fuego del Espíritu arda en nuestro corazón y
seamos ricos en buenas obras y sirvamos y honremos a Dios, con nuestras
ofrendas y las primicias de nuestros frutos, para que podamos fortalecer los
proyectos misioneros y contribuir con nuestros dones, talentos, bienes, y con
todo lo que somos para que el Reino de Dios se extienda y multitudes puedan
obtener una nueva vida en Cristo
Con sincero afecto en Cristo
Oscar A. Marulanda