Dietrich Bonhoeffer, Teólogo y Pastor Luterano. Nació el 4 de Febrero de 1906
en Breslau (Alemania y murió ajusticiado
en el campo de concentración de Flossenbürg el 9 de Abril de
1945. Durante su cautiverio escribió numerosas cartas, entre las que se
destaca, “resistencia y sumisión”
Su pensamiento ha tenido una fuerte influencia en la teologìa hasta nuestros días.
Autoridad pastoral sólo podrá hallarla aquel
servidor de Jesús que no busca su propia autoridad; aquel que, sometido a la
autoridad de la palabra de Dios, es un hermano entre los hermanos. ―Dietrich
Bonhoeffer
Cuando hace pocos días, el mundo conoció la noticia de la
canonización del ilustre Salvadoreño, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, uno de los
hombres que se constituye en un valioso referente de la fe en América Latina
y víctima de un sistema totalitario, me animo
a escribir unas pocas líneas sobre uno de los más destacados teólogos modernos,
y cuyo pensamiento y aportes, ha sido poco difundido y estudiado en las instituciones teológicas. ¿Sera un
olvido involuntario o quizá se trata de impedir que se discutan obsoletos paradigmas y en lugar de ello, le
sigamos rindiendo culto a conceptos e interpretaciones de la fe, arraigadas en
viciadas prácticas de la religión?
Hace cerca de 75 años
se silenció la voz de un hombre recio y rectilíneo, que procuro articular
pensamiento y vida, un hombre de gran estatura intelectual solo paralela a la
sencillez y bondad que fácilmente se perciben en sus numerosos escritos.
Bonhoeffer, situó su
reflexión teológica en un contexto de crisis del cristianismo de su época. Un
cristianismo legitimador de los abusos del poder, y como muchos estudiosos lo
han afirmado, un cristianismo aburguesado y muy seguramente, como si se tratara
de nuestro tiempo, un cristianismo irrelevante.
“La iglesia sólo es iglesia cuando existe para los demás. Para empezar, debe dar a los indigentes todo cuanto posee. (...) La iglesia ha de colaborar en las tareas profanas de la vida social humana, no dominando, sino ayudando y sirviendo. Ha de manifestar a los hombres de todas las profesiones lo que es una vida con Cristo, lo que significa ser para los demás.”
―Dietrich Bonhoeffer
En este teólogo alemán, se aprecia el interés
por dialogar desde la fe, y más aun desde la concepción de Cristo, con las
realidades cotidianas. No existe posibilidad alguna,
Para Bonhoeffer de
separar la religión de la vida. Es así que la teología trasciende del
escritorio
a las calles, a la sociedad signada por realidades que
ofenden por su hipocresía, una iglesia arrodillada ante un déspota, escenarios
de rabia, dolor, injusticia, atropello a
la dignidad en cualquiera de sus formas.
El eje del quehacer
teológico de muchos, y de no pocos establecimientos de educación teológica, se
enquista en la actitud contemplativa de un Cristo y una reflexión de las
verdades bíblicas atrapadas en papel y tinta o en intrascendentes discursos
dogmáticos. Con Bonhoeffer la teología muestra su rostro y dialoga con el
hombre concreto, con su singularidad, con sus angustias colectivas, con sus
expectativas y sueños.
Plantea una Cristología
que rompe con los esquemas estáticos tradicionales. Por ello nos interpele con
este interrogante: “¿Quién es Cristo para nosotros hoy?”. No es difícil
arriesgar una respuesta desde la óptica de la adormecida iglesia de hoy. Cristo
es el que se sacrificó en la cruz y derramo su sangre para abrirnos camino al
cielo, Cristo es el milagroso proveedor a todas nuestras necesidades, Cristo y
su Sangre es la salvaguarda contra los ataques de diablos y demonios, Cristo es
un recuerdo y una reflexión. El problema de cualquiera de estas respuestas
fragmentarias, consiste desde la apreciación de Bonhoeffer en que ya no comunican
lo que en principio Cristo significaba para los hombres. Invocar a Cristo hoy
es fácil, cualquier religioso lo puede hacer a garganta herida, pero en otros
tiempos de la historia, cuando sus pisadas estaban frescas sobre las tierras de
Palestina, confesar a Cristo podría marcar la diferencia ente vivir o morir cruelmente. El facilismo que propone
hoy seguir a Cristo no interpele a Cristo, como si a quienes lo confiesan de
una manera vacía. Sin compromiso con la vida, sin mostrar la humildad del Carpintero,
ni la sinceridad del Mesías que no teme a Herodes y le llama ”Zorra”, el
cristianismo de hoy salvas excepciones, presenta una cristología tan carente de
sentido, tan vacua, etérea y distante de
la realidad de marginalidad y pobreza en el que trascurre la vida de tantos
miles de hombres y mujeres, que pasan bajo la mirada indiferente de los levitas
y sacerdotes de nuestro tiempo.
“El hombre se
convierte en hombre porque Dios se hizo hombre. Pero el hombre no se convierte
en Dios. Por consiguiente él no pudo ni puede realizar la transformación de su
figura, sino que el mismo Dios transforma su figura en la figura del hombre, no
para que el hombre se convierta en Dios, sino para que el hombre se convierta
en hombre ante Dios.”
―Dietrich Bonhoeffer
―Dietrich Bonhoeffer
A las iglesias
constituida por masas ignorantes, cuya vida se alimenta de descargas
emocionales desde el púlpito, promesas fanfarronas de prosperidad por la vía facilista de declaraciones proféticas:
“La riqueza viene a mí”, cuando Pablo con verdadera autoridad apostólica, y no
como esto bufones, dice: “El que no trabaje que no coma”.
Este tipo de iglesia
sin una sana teología, donde más que reflexión teológica, seguía por
revelaciones individuales, y por corrientes y modas, genera lastima y
preocupación.
ç
Bonhoeffer nos permite
apreciar el daño que hace a la vivencia de la fe, el exagerado énfasis en el
individualismo: Dios y Yo. Esta postura religiosa pierde totalmente de vista al
que está a mi lado, al hermano, a la comunidad. La piedad metafísica de “Mi
Dios y Yo” nos hace olvidar la implicaciones comunitarias de la salvación, y el
compromiso con el hoy y no solo con el mañana, la justa apreciación y
compromiso con mi tiempo y con mi historia y no solo la contemplación de la
eternidad.
La cristología
tradicional plantea a un Dios aislado
tratando con hombres aislados, la cristología en Bonhoeffer, redescubre a
Cristo, como Dios-hombre que desciende en el Kairos perfecto al encuentro desde su eternal morada, con
hombres a quienes forma en iglesia y los convoca a vivir en comunidad.
Termino citando a mi
buen amigo y teólogo, Luis Eduardo Cantero, quien afirma:
“El objetivo de la gran
mayoría de las iglesias cristianas de hoy con sus diversas mutaciones, no es ya
la formación integral del ser humano hacia la vida trascendental, sino crear
personas competitivas, cuantas más siembre dinero mucho mejor. La
competitividad se torna el único evangelio que se predica en la religión del
mercado. Este evangelio cuenta con evangelistas, teólogos, teólogas, pastores,
sacerdotes, etc. …” (Dietrich Bonhoeffer: Defensor de la Justicia y la Paz)
