SER CRISTIANO EN EL SIGLO XXI
Desde el connotado teólogo Hans Kuhn
hasta el creyente más iletrado, está en
el derecho de preguntarse sobre lo que significa ser cristiano hoy.
Hechos 11:25-26 Nos relata el momento histórico en el que en Antioquia,
se les llama “cristianos” por vez primera a los seguidores de Jesús el Cristo.
25 Después fue Bernabé a
Tarso en busca de Saulo; y cuando lo halló, lo llevó a Antioquía. 26 Se
congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente. A los
discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
¿Que vieron en aquellos hombres y mujeres los habitantes de Antioquia? ¿Como
era la vida de estos alborotadores que genero tanto impacto?
Algunos testigos de la época y otros que tuvieron a bien seguir la huella
de la historia comparten valiosos
aportes, algunos de los cuales quedan aquí para su reflexión.
“Observan exactamente los mandamientos de Dios, viviendo santa y justamente, así como
el Señor Dios les ha mandado; le rinden gracias cada mañana y cada tarde, por
cada comida o bebida y todo otro bien... ". (ARISTIDES, Siglo II, La Apología)
"Estas son, oh emperador, sus leyes. Los bienes
que deben recibir de Dios, se los piden, y así atraviesan por este mundo hasta
el fin de los tiempos, puesto que Dios lo ha sujetado todo a ellos. Le están,
pues, agradecidos, porque para ellos ha sido hecho el universo entero y la
creación. Por cierto, esta gente ha
hallado la verdad”. (ARISTIDES, Siglo II, La
Apología)
“En los cristianos se da un sabio dominio de sí mismos, se practica la
continencia, se observa el matrimonio único, la castidad es custodiada, la
injusticia es excluida, la piedad es apreciada con los hechos. Dios es reconocido,
la verdad es considerada norma suprema”. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libros a Autólico, Siglo II)
“Socorren a
quienes los ofenden, haciendo que se vuelvan amigos suyos; hacen bien a los enemigos. No adoran
dioses extranjeros; son dulces, buenos, pudorosos, sinceros y se aman entre sí;
no desprecian a la viuda; salvan al huérfano; el que posee da, sin esperar nada
a cambio, al que no posee. Cuando ven forasteros, los hacen entrar en casa y se
gozan de ello, reconociendo en ellos verdaderos hermanos, ya que así llaman no
a los que lo son según la carne, sino a los que lo son según el alma. (ARISTIDES, Siglo II, La Apología)
Se casan como todos, tienen hijos, pero no abandonan a
sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la cama. Están en la
carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos
del cielo. Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de
la ley. Aman a todos y son
perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los condenan. Son matados,
pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a muchos. No tienen nada,
pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el desprecio encuentran gloria
ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de su justicia. Están
cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a todos
con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se les
castigue, están serenos, como
si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados por los judíos como
una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de los que los
odian sabe decir el porqué”. (Autor Desconocido, Siglo II-III, Carta a
Diogneto)
“Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados
Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y
dando gracias dijo: “Haced esto en
conmemoración mía. Esto es mi cuerpo”. Y luego, tomando del mismo modo
en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: “Esta es mi sangre”, dándoselo a ellos solos. Desde entonces
seguimos recordándonos unos a otros estas cosas. Y los que tenemos bienes
acudimos en ayuda de otros que no los tienen y permanecemos unidos. Y siempre
que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su
Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo”. (SAN JUSTINO, Carta a Antonino Pío,
Emperador, año 155)
“Decidí dejar marcharse a los que negasen
haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula
invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen,
que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las
imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere).
Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero
que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser
cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron
tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de
Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse
reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado
antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Hacían voto también no de
crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper
ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen”. (Plinio,
el joven, 112 d. C, En la carta 96 del libro 10 escribe
al emperador Trajano para indagar acerca de lo que debía hacer con los
cristianos, a los cuales condenaba si eran denunciados)
La epístola a los
Hebreos, dice de Moisés:
24 Por la fe Moisés, cuando era ya
grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes
ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del
pecado, 26 considerando como mayores
riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada
puesta en la recompensa. (He. 11:24-26)
Este magnífico pasaje de las
Escrituras establece un parangón entre padecer como parte del Pueblo de Dios o
gozar de los deleites temporales del pecado, entre los tesoros de Egipto y la
inconmensurable riqueza de sufrir por Cristo. Esta verdad que el texto descubre
ante nuestros ojos, estuvo en el corazón y el alma de aquellos cristianos, que
entendieron en su tiempo lo que ser cristiano significaba.
Los tiempos han pasado, esta pequeña
secta Judía, ya no se oculta en los montes, ni es objeto de persecuciones,
excepto las iglesias cristianas que padecen las más crueles matanzas por la
mano de los extremistas Islámicos, vidas inmoladas por el único crimen de
confesar a Cristo.
Pero la iglesia en Occidente, En
Europa, Norte América, Centro y Sur de América Latina, vive un cristianismo
vergonzoso, una caricatura que se asume como cristianismo verdadero, una
religión extraña que adora un dios muerto.
Esta puede ser una descripción de los
que en este tiempo signifique “ser Cristiano” de lo que muchas iglesias, muchos
creyentes, reflejen ante la sociedad y el mundo:
- Ser Cristiano significa en los albores del siglo XXI, ir los domingos a divertirse a una iglesia, saltar y saltar, gritar y gritar, vistiendo jeenes rotos de última moda, camisa por fuera y zapatillas de marca.
- Ser cristiano es muy barato, basta que lo digas, y que mantengas cierta cercanía a una congregación donde el énfasis sea “Pásala bien con nosotros”.
- Ser cristiano para muchos que se precian de ser “Fundamentalistas” consiste en recitar pasajes de la biblia, monótonas enseñanzas, añejos puntos de vista de grandes autores de la antigüedad, de discutir si la verdad verdadera esta en Armiño, Pelagio o Calvino, despotricar del papa y de la iglesia católica, y si el tiempo alcanza para criticar a otros sistemas religiosos, asumiendo en forma evidente, aires de superioridad moral.
- Ser cristiano hoy, se reduce a asistir a los cultos y demás actividades los fines de semana, y ocultar la pretendida fe, de Lunes a Sábado, por aquello de no ser confundidos con esos “locos” o inadaptados, que predican en los buses o hacen el oso repartiendo tratados en las calles.
- Ser cristiano, en la postmodernidad, consiste en disfrutar de vez en cuando unos tragos finos en compañía de buenos amigos, discutir en algunos ambientes intelectuales de temas de política, cultura general o de otros asuntos coyunturales, que nos hacen sentir que somos gente V.I.P.
- Ser cristiano, es adquirir la última versión de la Biblia, leerla con entusiasmo, hasta quedarse dormido sobre ella, y luego arrojarla junto con las otras.
- Ser cristiano, es ver y oír a algún predicador por televisión, acomodados en un confortable sillón, por aquello de que hay presagios de lluvias y el carro esta recién lavado.
- Ser cristiano hoy, es asumir que Dios es tan “chévere” que de seguro me va a echar una manito para poder comprar el carro de mis sueños.
- Ser cristiano en el siglo XXI es light, atrás quedaron esas épocas horribles de persecuciones, criticas infamantes, castigos crueles, ahora consiste en tener grandes ambiciones centradas en el crecimiento personal, éxito empresarial, ascenso económico, imagen social, consiste en avanzar hacia el sueño de la prosperidad, la holgura, la vida muelle y sin preocupaciones.
- Ser cristiano en el siglo XXI, consiste en asistir cuando quiera, a una iglesia cuyo pastor no nos atormente con temas escatológicos, o exegesis de pasajes bíblicos que incomoden la conciencia, se trata de que nos halague con mensajes que nos animen a creer en un dios que anhela que seamos prósperos y muy felices, que vivamos como príncipes aquí y ahora. Al Cristiano de hoy le gusta escuchar que somos ciudadanos del Reino donde papá es el Rey y yo estoy destinado por el Rey (Papá) a reinar en vida y vivir a la altura de esta dignidad.
- Ser cristiano, consiste en pertenecer a alguna institución filantrópica o de beneficencia, por aquello de ayudar a los pobres pobres, que a lo mejor no son parte de los escogidos, vaya a saber porque, o a lo mejor fueron tan holgazanes que por eso no gozan de prosperidad.
- Ser cristiano en el siglo XXI, es pasar desapercibido en la sociedad, no hablar de nuestra fe, excepto si se nos pregunta, y aun así ser discretos y procurar no decir nada que pueda ofender o incomodar a otros.
- Ser Cristiano, es cargar una Biblia que no leo, y si la leo no la estudio, y si la estudio no la pongo en práctica.
Pero ser
Cristiano hoy, es vivir conforme al ejemplo y enseñanza de Jesús, es
crucificar el viejo hombre con sus vicios, es no volver a revolcarse en el
cieno de nuestros pecados viejos, ni atragantarse con el vómito que se arrojó,
es lucir las virtudes de hombres y mujeres con orden en sus vidas, con un
desbordado interés por el servicio a los demás.
Ser cristiano es ponerse del
lado del más débil y necesitado, es no pasar de largo sino visibilizar a
quienes sufren y escuchar y responder antes sus gritos audibles o silenciosos,
es dar lo mejor en bien de otros sin espavientos ni protagonismos, es predicar
a Cristo con la potencia de una vida que da señales indubitables de un nuevo
nacimiento, es no afanarse buscando las añadiduras sino centrar la mirada en el
Reino y renunciando a todo interés mezquino y egoísta, anhelar que nuestros
intereses superiores se orienten a concretar en nuestras realidades, la
Voluntad de Dios.
Ser
Cristiano, es renunciar a la absurda tendencia a ufanarnos de banderas denominacionales,
o empecinarnos en necias discusiones sobre temas teológicos oscuros y con poca
ilustración bíblica.
Ser cristiano,
para muchos creyentes en América Latina, es no alinearse con ideologías
políticas, ni hipotecar la conciencia y lamerle los zapatos a politiqueros de turno, si bien es nuestro deber respaldar a
conciencia, aquellas iniciativas que a nuestro juicio, busquen beneficios
colectivos.
La gente está
hastiada, cansada, y harta de tanta gritería religiosa, del balbuceo de
consejos que recomendamos para otros y que estamos lejos de vivir, de
predicaciones de altos decibeles y poca fuerza exegética y respaldo espiritual.
Hay demasiados
cultos y pocas vidas transformadas, muchos discursos y poca obediencia. La
gente, las familias en las que vivimos y la sociedad, necesita ver en nosotros
personas que sin posar de súper espirituales, amamos de veraz, servimos con
desinterés, y nos esforzamos con humildad y determinación, en vivir a la altura
de los valores que nos enseña el Sermón de la Montaña.
Ser
Cristiano en el siglo XXI, es en hablar más a través de la elocuencia de
nuestros hechos que de nuestras palabras, y procurar con oración, clamor y
ayuno, ser consecuentes con nuestro discurso, ubicando en una misma dirección
la conducta y las palabras.
Vuestro atento servidor
Oscar A. Marulanda
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