domingo, 22 de marzo de 2020


TIEMPO DE REFLEXIÓN

Los noticieros y los diarios están inmersos en un solo tema; la pandemia que azota a la humanidad denominada Coronavirus, que algunos califican como "tercera guerra mundial”

Es en este entorno de desasosiego, temor e incertidumbre que, generada la posibilidad de ser cercados por la muerte, pareciera que los valores vuelven a establecerse en el sentido y orden original del que nunca debieron haberse cambiado.

La vida llega a ser más importante que el dinero
La familia recupera su valor por encima de los compinches y compañeros de rumba, desenfreno y locura.
El reposo, aunque por obligación reemplaza el activismo y la hipermovilidad propia del siglo XXI
Invertir en alimentos viene a ser más importante que gastar el dinero en licor, consumismo, lujo y vanidad.
El grato silencio reemplaza el ruido infernal de las bocinas de los carros, la estridencia de los equipos de sonido y la gritería y bullicio de las calles
Y Dios que yacía en el olvido, y era mirado con desdén e indiferencia, llega a constituirse en el centro y motivo principal de incesante búsqueda.

De un modo drástico y sin previo aviso, el ser humano se enfrenta ante la cruda realidad de su fragilidad, de sus limitaciones y hasta de su ignorancia, Dios vive y el ateísmo pierde adeptos, los más fuertes tiemblan ante el ataque traicionero e implacable de un diminuto virus, los sabios y doctos se quedan atónitos y sin respuestas, los engreídos, altivos y soberbios, buscan por doquier  
Señales de esperanza.

Qué extraña manera de ser la nuestra, es como si el silbo apacible dl amor de Dios no alcanzara para citar la atención de pueblos, razas y naciones, hasta que suena la trompeta del dolor y el sufrimiento, y como estruendoso trueno nos hace temblar y reconocer
Que no somos tan fuertes

Que no somos tan sabios

Que las malas amistades son inútiles
Y
Que Dios sigue siendo Dios, fuente inmarcesible de esperanza, refugio de quien con humildad le busca
Y amoroso Padre que recibe con besos y celebra con fiesta en los cielos, la llegada a casa del hijo arrepentido
Y la oveja número cien, que hacía falta en el redil.
Gracias demos a Dios por su fidelidad. Acerquémonos a Él con corazón humilde y Él se acercará a nosotros,
Devolvámosle a El el trono de nuestra vida,
Abandonemos nuestra condición de huérfanos para así vivir en plenitud, la feliz experiencia de ser sus muy amados hijos.

OSCAR ALBEIRO MARULANDA
+573041291488