LA OBSESIÓN POR LAS RIQUEZAS
En el tiempo
actual el cristianismo presenta un rostro que hasta hace unos años era
desconocido. Se trata de la obsesión por las riquezas, los lujos y gasto
excesivo en lo superfluo. El rico con pretensión de ser cristiano, sin reato de
conciencia se puede gastar en una noche lo que a muchos le costaría solventar las
necesidades de su casa durante un año.
Bien se
puede recurrir a malabarismos semánticos y artificios retóricos para justificar
las excentricidades, riquezas y los lujos, pero como castillos de arena se
derrumban fácilmente ante el discurso claro y directo de Jesús, quien al referirse
a las riquezas no repara en señalar las extravagancias de aquel hombre a quien la tradición reconoce como "el rico Epulon", que gustaba de banquetes y de vestidos costosos de lino y purpura y quien de
repente experimenta los más atroces tormentos, y si se cree que este pasaje es
obscuro que dirán los amantes de la vida cómoda, ostentosa y egoísta de lo que
dice Jesús en relación con los ricos y su dificultad para pasar por el hueco de
la aguja, o las palabras cortantes de Santiago cuando expresa: y vosotros ricos
aullad sobre vuestras miserias que os amenazan.
La fe del
creyente no lo hace ajeno a las realidades del tiempo presente, ni a los
aspectos materiales de la vida, pero su mirada profunda avanza donde la de
otros se detiene. Él sabe que las riquezas son engañosas y que suelen atrapar
la vida de los hombres haciéndolos sus esclavos más devotos. Para la mayoría de
los ricos, incluyendo a los que se dicen cristianos, la riqueza no posee una proyección
social ni un sentido misericordioso. La riqueza es la manera en la se hace de
la vida una experiencia en la que el egoísmo muestra su rostro monstruoso.
La búsqueda
de riquezas y de bienes materiales consume la vida de muchos cristianos privándoles
de la feliz experiencia de vivir en la perspectiva de Dios.
Como lo
expresa Alfredo Bastos S.J. :
El
rico tranquilo, el rico encerrado en su mundo miope y cómodo, EL RICO QUE NO
HACE PROBLEMA DE SU ABUNDANCIA, es el gran responsable de que Cristo sufra en
tantas familias las estrecheces más desesperantes, y en tantos hombres la
angustia de la falta de trabajo "Tengo hambre y no me das de comer”
La búsqueda
y conquista de riqueza, de la manera más absurda muchos la consideran “vivir en
el Reino”, olvidando que en el Reino de Dios, lo que prima es el servicio a los
más débiles, es el dar con liberalidad a los necesitados y vivir como esclavos,
en el sentido de la sujeción a la voluntad y propósitos de Dios.
Los llamados
“apóstoles” en el tiempo moderno, salvas honrosas excepciones, no son más que
lobos rapaces hambrientos de lujos, sedientos de fama y adulación, hábiles engañadores
y con sorprendente capacidad para reunir grandes capitales en corto tiempo,
merced a la fe cándida de muchos que no encuentra diferencia entre la doctrina
pura y sin macula enseñada por cristo y sus apóstoles, y el discurso seductor
de estos falsos cristos.
Este nuevo
evangelio, esta nueva religión emergente, no conoce y tampoco puede entender el
significado de la cruz, pues palabras tales como: Sacrificio, entrega,
servicio, sufrimiento, escasez no existe en su diccionario. Lo peor es que en
este carnaval de mentiras, todo mundo parece haber perdido la cordura, pues
todos saltan y gritan al unísono, y ninguno parece darse cuenta que la mejor
exegesis de la Biblia nunca podrá respaldar estas insanas interpretaciones .
Todo
parece indicar que lo que legitima y le otorga poder a estos vientos
doctrinales, estriba en la moda, moda que a su vez es sustentada en el poder de
los medios de comunicación que no les importa desfigurar la fe si con ello
obtienen jugosas ganancias.
Son escasos
los pastores y heraldos cristianos, que no seden ante la presión de estos
falsos vientos doctrinales, ni le han puesto precio a sus conciencias, y por el
contrario se empeñan en nadar contra la corriente. A estos valientes del púlpito, a estos hombres y mujeres fieles con frecuencia se les mira como ignorantes, individuos
anacrónicos, fuera de lugar y sin muchos adherentes, pues el discurso que
concita la atención y atrae el interés de las multitudes no es la verdad limpia
y penetrante que ellos predican, sino la
mentira según la cual la vida cristiana
es esencialmente una vida de riquezas, lujos y prosperidad.
Si la fe Franciscana,
que ama la pobreza, que enseña la renuncia y el darlo todo a los pobres es
equivocada, cuanto más esta que de dar no conoce nada, respecto al servicio es
analfabeta y en relación con Cristo y ante el esfuerzo inútil de mostrarlo como
icono, prefieren predicar un mensaje donde los postulados no son los
evangelios, ni las grandes verdades de los profetas o las epístolas paulinas, sino
los discursos motivacionales de éxito, prosperidad y riqueza. La Palabra ha
sido reemplazada por revelaciones privadas que alcanzan el estatus de verdad absoluta.
El dinero
que se consigue con esfuerzo y diligencia, no es más que una dádiva de Dios que
exige a quien lo posee, verse así mismo como administrador y no como acumulador
y propietario exclusivo. Con sabiduría deberá establecer prioridades y proveer para los suyos una vida digna y
decorosa y asumir estos recursos, no
como la excusa para el despilfarro en lujos y riquezas, sino como el
maravillosos privilegio de servir los más altos intereses de Dios en relación con
la extensión de Su Reino y el servicio misericordioso a los más necesitados.