martes, 24 de noviembre de 2015

LA OBSESIÓN POR LAS RIQUEZAS

En el tiempo actual el cristianismo presenta un rostro que hasta hace unos años era desconocido. Se trata de la obsesión por las riquezas, los lujos y gasto excesivo en lo superfluo. El rico con pretensión de ser cristiano, sin reato de conciencia se puede gastar en una noche lo que a muchos le costaría solventar las necesidades de su casa durante un año.

Bien se puede recurrir a malabarismos semánticos y artificios retóricos para justificar las excentricidades, riquezas y los lujos, pero como castillos de arena se derrumban fácilmente ante el discurso claro y directo de Jesús, quien al referirse a las riquezas no repara en señalar las extravagancias de aquel hombre a quien la tradición reconoce como "el rico Epulon", que gustaba de banquetes y de vestidos costosos de lino y purpura y quien de repente experimenta los más atroces tormentos, y si se cree que este pasaje es obscuro que dirán los amantes de la vida cómoda, ostentosa y egoísta de lo que dice Jesús en relación con los ricos y su dificultad para pasar por el hueco de la aguja, o las palabras cortantes de Santiago cuando expresa: y vosotros ricos aullad sobre vuestras miserias que os amenazan.

La fe del creyente no lo hace ajeno a las realidades del tiempo presente, ni a los aspectos materiales de la vida, pero su mirada profunda avanza donde la de otros se detiene. Él sabe que las riquezas son engañosas y que suelen atrapar la vida de los hombres haciéndolos sus esclavos más devotos. Para la mayoría de los ricos, incluyendo a los que se dicen cristianos, la riqueza no posee una proyección social ni un sentido misericordioso. La riqueza es la manera en la se hace de la vida una experiencia en la que el egoísmo muestra su rostro monstruoso.

La búsqueda de riquezas y de bienes materiales consume la vida de muchos cristianos privándoles de la feliz experiencia de vivir en la perspectiva de Dios.
Como lo expresa Alfredo Bastos S.J. :

 El rico tranquilo, el rico encerrado en su mundo miope y cómodo, EL RICO QUE NO HACE PROBLEMA DE SU ABUNDANCIA, es el gran responsable de que Cristo sufra en tantas familias las estrecheces más desesperantes, y en tantos hombres la angustia de la falta de trabajo "Tengo hambre y no me das de comer”

La búsqueda y conquista de riqueza, de la manera más absurda muchos la consideran “vivir en el Reino”, olvidando que en el Reino de Dios, lo que prima es el servicio a los más débiles, es el dar con liberalidad a los necesitados y vivir como esclavos, en el sentido de la sujeción a la voluntad y propósitos de Dios.

Los llamados “apóstoles” en el tiempo moderno, salvas honrosas excepciones, no son más que lobos rapaces hambrientos de lujos, sedientos de fama y adulación, hábiles engañadores y con sorprendente capacidad para reunir grandes capitales en corto tiempo, merced a la fe cándida de muchos que no encuentra diferencia entre la doctrina pura y sin macula enseñada por cristo y sus apóstoles, y el discurso seductor de estos falsos cristos.

Este nuevo evangelio, esta nueva religión emergente, no conoce y tampoco puede entender el significado de la cruz, pues palabras tales como: Sacrificio, entrega, servicio, sufrimiento, escasez no existe en su diccionario. Lo peor es que en este carnaval de mentiras, todo mundo parece haber perdido la cordura, pues todos saltan y gritan al unísono, y ninguno parece darse cuenta que la mejor exegesis de la Biblia nunca podrá respaldar estas insanas interpretaciones .

Todo parece indicar que lo que legitima y le otorga poder a estos vientos doctrinales, estriba en la moda, moda que a su vez es sustentada en el poder de los medios de comunicación que no les importa desfigurar la fe si con ello obtienen jugosas ganancias.

Son escasos los pastores y heraldos cristianos, que no seden ante la presión de estos falsos vientos doctrinales, ni le han puesto precio a sus conciencias, y por el contrario se empeñan en nadar contra la corriente. A estos valientes del púlpito, a estos hombres y mujeres fieles con frecuencia se les mira como ignorantes, individuos anacrónicos, fuera de lugar y sin muchos adherentes, pues el discurso que concita la atención y atrae el interés de las multitudes no es la verdad limpia y penetrante que ellos predican, sino  la mentira  según la cual la vida cristiana es esencialmente una vida de riquezas, lujos y prosperidad.

Si la fe Franciscana, que ama la pobreza, que enseña la renuncia y el darlo todo a los pobres es equivocada, cuanto más esta que de dar no conoce nada, respecto al servicio es analfabeta y en relación con Cristo y ante el esfuerzo inútil de mostrarlo como icono, prefieren predicar un mensaje donde los postulados no son los evangelios, ni las grandes verdades de los profetas o las epístolas paulinas, sino los discursos motivacionales de éxito, prosperidad y riqueza. La Palabra ha sido reemplazada por revelaciones privadas que alcanzan el estatus de verdad absoluta.

El dinero que se consigue con esfuerzo y diligencia, no es más que una dádiva de Dios que exige a quien lo posee, verse así mismo como administrador y no como acumulador y propietario exclusivo. Con sabiduría deberá establecer prioridades y  proveer para los suyos una vida digna y decorosa y asumir estos recursos,  no como la excusa para el despilfarro en lujos y riquezas, sino como el maravillosos privilegio de servir los más altos intereses de Dios en relación con la extensión de Su Reino y el servicio misericordioso a los más necesitados.

 Oscar Albeiro Marulanda
www.cenfortek.org