lunes, 22 de diciembre de 2014

Una iglesia saludable III
En una iglesia saludable no se le rinde culto al hombre, ni existen castas sagradas ni jerarquías que eclipsen la gloria que solo le corresponde a Dios.
La iglesia tiene un solo Señor. Más allá que su organización y funcionamiento haga necesario la participación dinámica y organizada de muchos, ninguna función, ningún cargo de liderazgo debe confundir a la  iglesia respeto de la centralidad de Cristo.

Apuesto hombre de negocios joven con la corona sobre su cabeza Foto de archivo - 32264799
La iglesia es un rebaño pastoreada por un pastor (Cristo), a través de un hombre o una mujer que en respuesta a un llamado imperativo de Dios, responde “heme aquí” y se pone en la brecha sin merito que lo justifique, sin otra honra que el privilegio de poder obedecer a Dios y servirle con integridad y animo pronto.
Los pastores no son los dueños de las ovejas, son ovejas a quienes se les ha designado la función de pastorear, son siervos entre siervos, y hermanos entre hermanos, su conducta debe corresponder con la de aquel que en todo pero en especial en su comprensión de su rol como pastor, desea imitar a Cristo.
La iglesia no debe confundir respeto y reconocimiento al buen trabajo de los pastores, con obediencia ciega y menos aún con servilismo.
Cuando una comunidad resalta más las virtudes, cualidades y prestigio de un pastor, por encima de cristo, dicho pastor ha fracasado y está muy cerca de la apostasía.
Ningún hombre o mujer a quien Dios a través del Espíritu ha llamado al Sagrado Ministerio, debe arrogarse para sí la Gloria que solo le corresponde a Cristo, porque solo Cristo dio su vida y compro por precio de sangre a su Iglesia. Ay de los que se ufanan de triunfos y logros que en su más fina expresión, son una muestra fiel de la misericordia de Dios, y la respuesta a la oración de muchos de Sus hijos. ¿Cómo puede un líder, pastor u apóstol acreditarse sanidades, milagros y hechos sobrenaturales? ¿cómo puede aquel a quien Dios por sola gracia puso al frente de su iglesia, atraer la atención sobre sí mismo y conducir a la iglesia por el despeñadero del culto a la personalidad?
Una iglesia sana posee un liderazgo maduro, una dirección pastoral que enseñe a la iglesia a amar a Dios por encima de todos y de todas las cosas, una comunidad sana reconoce que en su seno solo puede existir un solo Señor, y que a partir de Él todos los demás no somos más ni menos que “siervos inútiles” que en el mejor de los casos, apenas si logramos hacer lo mínimo de lo que se nos exige, a quienes se nos ha confiado el deber sagrado y el magno privilegio de servir con nuestros dones y talentos y recursos, en los diferentes ministerios a los cuales Él nos ha llamado.
¿Significa de alguna manera que se desacredita o se le resta valor a ministerio pastoral? De ningún modo, que digno es servir como pastor, con la perfecta conciencia de que hemos sido llamados por la gracia de Dios y su soberana voluntad y no por méritos personales, que nuestra eficacia en el ministerio es proporcional a la humilde aceptación de nuestra insuficiencia y necesidad de acudir a Dios para obtener su respaldo y dirección, que hermosos son los pies de los pastores que anuncian con su voz en alto y con su vida, que solo Cristo es el Señor, que solo Él es digno de recibir toda honra, gloria y alabanza, pero que tiemblen los lobos, los usurpadores de Su Gloria, los que mancillan los pulpitos enseñando palabra de hombre y no de Dios, los que engañan a la congregación y la enferman, promoviendo y sutilmente motivando a los creyentes a rendirles culto, ay de aquellos mercaderes de la fe, que pretenden ser servidos y vivir rodeados de extravagantes lujos. Ay de aquellos que han buscado fama y honra para sí, olvidando que la mayor honra de un pastor es conducir a la iglesia a rendirle culto a Dios y nunca a las creaturas de la tierra.

La iglesia es sana cuando la calidad de los líderes se mide por la calidad y capacidad de servicio y no por la malsana búsqueda de protagonismo.

Una iglesia sana es sin duda, aquella en la que, la labor de los líderes y pastores se oculta tras el velo humilde de un servicio, cuyo único interés se agota en darle honor y gloria a Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su Luz, en centrar la atención en Aquel que abrió el Camino y se constituyó en CAMINO DE SALVACION, por medio de su sacrificio en la Cruz.   




lunes, 15 de diciembre de 2014

GRITO EN EL DESIERTO:

Una iglesia saludable (Parte II)

Una iglesia saludable experimenta relaciones interpersonales que hacen que se respire un ambiente de “comunidad”.
Se nos enseña en el Nuevo Testamento a una comunidad que comparte el pan en las casas, que viven con plenitud y con los riesgos inherentes, una vida fraternal activa, comprometida y real. Allí no son “papas” en un saco, allí hay amistad, allí hay oración de unos por otros, allí se animan recíprocamente, y se ayudan. Allí se discute y se “pelean” los santos, pero también se reencuentran y se perdonan, allí en el seno de una iglesia saludable, la palabra Fraternidad cobra especial sentido. Allí se comparten las alegrías y las penas, los triunfos y los fracasos.
Que poco hay de esto en las congregaciones de hoy, salvo pequeñas camarillas que se prestan favores y atenciones entre sí, de resto cual que se tratara de una iglesia tradicional, cada quien va por su lado, ora por lo suyo, vive su fe en aislamiento, llora solo, se alegra solo, y muere solo. El contacto con los demás es solamente físico, epidérmico y circunstancial.

Cuando un grupo religiosos desea saber si goza de salud, debería preguntarse por el carácter real de su hermanada en Cristo, por el alcance real de su amor, por la unidad de la que nos habla el Salmista cuando expresa: “Mirad cuan bueno es habitar los hermanos juntos y en armonía…” (Sal. 133:1).
La salud de una congregación se mide más que por estar juntos (cercanía física), por estar unidos en un mismo espíritu, en un mismo sentir, en un amor tan cierto como trascendental, tan impactante que aun los adversarios del cristianismo, según lo expresa la historia no podían menos que exclamar: “Mirad como se aman”
Hoy muchos de los que nos ven, de golpe podrían decir: “Miren lo bonito que cantan… Observen lo bien que enseñan… consideren el ánimo y dinamismo de sus servicios…” pero a lo mejor también dirían: “Miren lo poco que se conocen… miren el total desinterés frente a las necesidades de unos y otros… miren como estando juntos, viven como islas… miren como se puede experimentar tanta soledad en medio de semejante multitud”.
Las oraciones de una comunidad saludable son sacerdotales: “Señor, por amor de tu nombre, bendice hoy a nuestros hermanos, y suple sus necesidades…”
Las oraciones de una comunidad saludable deben ser en plural: “Oh Dios, perdona los pecados de tu pueblo y no tengas memoria de nuestras iniquidades” “Amado Padre, recibe hoy la ofrenda sincera de nuestra gratitud. Tus hijos aquí congregados, con reverencia y alegría te bendecimos y agradecemos tus muchos favores”
Hasta cuando resonaran las oraciones farisaicas y enfermizas, que exaltan la arrogancia, egoísmo e indiferencia frente a los demás hermanos: “Señor, yo te doy gracias… Padre yo te bendigo” En la oración de una comunidad sana, no hay cabida para este tipo de oraciones excluyentes, de oraciones que ignoran la gratitud de los demás, la necesidad de perdón de los demás, la adoración de los demás.
En una comunidad sana, el compañerismo cristiano, rompe los círculos de clases sociales, de estatus, de nivel académico o cualquier forma de exclusión. Allí somos hermanos sin miramientos de edades, clases o posición social, sin discriminaciones, vivimos el gozo anticipado del Cielo, de sentirnos hermanos por la eternidad, de ver a Cristo en el otro, y maravillarnos a ver reflejado en el rostro de mi hermano a alguien tan parecido a mí, tan necesitado como yo del amor de Dios y del afecto fraternal, que solo una iglesia saludable nos lo ofrece con generosidad y en abundancia.

O.A.M.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

GRITO EN EL DESIERTO


¿Cómo podemos reconocer a una iglesia saludable? (parte I)
El creyente neófito y aun aquellos con numerosos años de vida cristiana, no siempre logran identificar las características de una iglesia saludable y, con suma frecuencia ni siquiera se formulan este interrogante. A los tales les basta con  una alabanza sonora, vibrante y muy dinámica, así como una predicación entretenida.
Los años que una persona dedica a asistir a una determinada congregación no garantizan su madurez ni otorgan credenciales de crecimiento espiritual. El conocimiento de la Biblia es con frecuencia muy escaso y superficial, más cuando diferenciamos “conocer” de “memorizar”, de allí que los parámetros para determinar si la iglesia en la que nos congregamos goza de buena salud o es como muchas otras, una comunidad enferma, suelen ser endeblez.
La iglesia no es una ensoñación, ni una construcción idealista. En ella se unen las torpezas, imperfecciones y debilidades propias de nuestra condición humana, y de otra parte allí brilla la Gracia que nos redime, perfecciona, renueva y hace posible el milagro de la conversión. En la iglesia se visibiliza el triunfo del Amor de Dios sobre la naturaleza pecaminosa del hombre, por ello resulta de suyo importante expresar con  claridad, que la iglesia no es una comunidad de espíritus incorpóreos, ni de santos inmaculados, sino de santos redimidos cuyas vidas van en el camino de la santificación por la acción del Espíritu.
Con todo ello no todo grupo que proclama a Cristo, que asume la Biblia como norma, al menos en el discurso, da señales, indicios o sospechas fundadas de que allí palpita Cristo.
Una iglesia saludable posee una sana doctrina. Solamente que todos los grupos, incluyendo aquellos de exóticas costumbres y creencias, consideran que están alineados con la sana doctrina. Solo es posible hablar de sana doctrina, allí donde la Biblia es estudiada con la disciplina de un científico y la humildad de aquel que reconoce sin dilación la grandeza de aquello que concita su atención.
Abundan lideres irresponsables carentes de elemental respeto por las Escrituras, balbucean enseñanzas espureas y algunas veces absurdas, pretendiendo que la Biblia abale y le de sustento a sus ridículas especulaciones. Siento pena de aquellas congregaciones de monumentales edificios o de garajes improvisados, en ultimas que insensata resulta la discusión acerca de las características del lugar de culto, cuando lo que forma y constituye a la Iglesia de Cristo es la Majestad de la Palabra. ¡Basta ya de tanta arrogancia! Aceptemos que para que una congregación posea una “sana doctrina” se necesita de maestros que sean instruidos por Ella, que cuenten con pasión por el conocimiento, que se esfuercen por sustraer de sus profundidades los principios eternos, haciendo que la verdad anunciada siglos atrás sea la misma que nutra la fe y la práctica de los creyentes de esta postmodernidad.

La sana doctrina, exige renunciar a las pretensiones de imponer nuestros prejuicios, y permitir que Dios hable y que sea Su Palabra y no la nuestra la que desde los pulpitos nos enseñe como vivir la vida según Cristo en este siglo, como ser una iglesia sana, que Dios pueda usar para sanar a los enfermos y dolientes que arrastran su lóbrega existencia, en medio de estertores de muerte.    

jueves, 4 de diciembre de 2014

GRITO EN EL DESIERTO 

mujer trabajadora : Dos mujeres trabajando en un equipo conjunto
mujeres negras : Retrato de una bella mujer joven negro con los brazos cruzados sobre fondo blanco Foto de archivomujer trabajadora : Joven mujer que trabaja en su jardín

Saludos mis queridos amigos:

Hoy quiero rendir un modesto reconocimiento a aquellas mujeres que con sus vidas nos inspiran, y con su digno ejemplo trazan un camino. Me refiero a esas féminas que son trabajadoras abnegadas, esposas y madres, e hijas de Dios. Quiso Dios en su Palabra regalarnos el capítulo 31 del Libro de los Proverbios, donde con meridiana claridad se reconoce las virtudes de una mujer, en el mejor sentido "temerosa de Dios".

La sociedad actual, tan superficial, tan artificial y tan mezquina, mira con  asombro y sobredimensiona unos modelos de belleza, belleza que salvas excepciones, se agotan en ciertos estereotipos tales como un cuerpo voluptuoso, ropa de marca, carros de alta gama y "glamur".

Celebro y se me agotan los adjetivos para manifestar de manera conveniente, la tranquila alegría de pensar que los cristianos, somos más inteligentes que el común de las gentes y que nuestra capacidad de auscultar nuestras realidades y contextos sociales, nos permite apreciar en debida forma, el valor incomparable de aquellas mujeres que nunca aparecerán en las revistas de modas, y que los programas frívolos y banales que abordan los sonados temas de la llamada "alta sociedad", nunca invitarían. Nos instruye la Palabra diciendo: "Su valor excede el de las piedras preciosas", y su importancia es reconocida por sus hijos y su esposo quienes la elogian, esquivando el manido error de dejar para fechas "especiales" este reconocimiento.

Bendigo a las mujeres que en las albores del día se entregan con ánimo fecundo a las tareas hogareñas, a las mujeres campesinas que con  esperanza siembran la tierra, la misma que con la bendición de Dios más tarde entregara sus generosos frutos, bendigo a las mujeres honestas y trasparentes que enfrentan con dignidad el cruel abandono de sus esposos y compañeros, y no por ello aceptan las dadivas y las lisonjas del pecado. Bendigo a las mujeres que de la mano de Jesús se han levantado de una vida sin vida, sin Dios y sin esperanza, y ahora, dejando sepultado su oscuro pasado, visten las finas galas de una vida nueva, llena de gracia y de la belleza prístina que fluye suavemente de su corazón y hermosea su rostro. Bendigo a las mujeres que se abren paso en medio de una sociedad injusta que no siempre reconoce su valía y sus inapreciables aportes, y con su sapiencia, entrega y disciplina se constituyen en modelos de excelencia y profesionalismo.

Para todas estas y muchas otras heroínas anónimas que aman al Señor y siembran caminos de esperanza, mi afecto, mi admiración y mi respeto.  Elevo al Cielo mi oración, para que su ánimo no falte en medio de las pruebas, para que sus valores y principios no claudiquen, y reciban aliento e inspiración de lo Alto, para seguir adelante con o sin el reconocimiento de quienes les rodean. Para que como aquellas valientes mujeres que merecieron lugares de honor en la historia, marchen por la senda estrecha, y con sus vidas nos inspiren a amar cada día más a Dios nuestro Señor.

leyendo la biblia : Las manos unidas en oración sobre la Biblia abierta ruso Santo sobre fondo negro Foto de archivo


Soberano Dios y Padre Celestial, quiero pedirle perdón, en mi nombre y en de tantos hombres de hoy, de ayer y del mañana, que no hemos comprendido el valor de nuestras esposas, y siguiendo los modelos del mundo infame, hemos sido en diversas y sutiles maneras maltratadores, injustos, y le hemos negado a ellas el lugar de honor que les corresponde.
Te agradezco por aquellos hombres que en su condición de padres, hijos o hermanos, contamos con la bendición de comprender a la Luz de Tu Palabra, todo lo que significa estas féminas a nuestro alrededor y la sabiduría, y la gracia de Dios al regalarnos su maravillosa compañía. 
Dales hoy Señor, la bendición de sonreír en medio de adversas circunstancias y de reconocer que en tu presencia hay plenitud de gozo y bendición. Enséñales a discernir y a ocupar el lugar que le corresponde en tus planes y en tu perfecta y buena voluntad, y por cada lágrima derramada  regálales mil motivos de alegría.
En el nombre de Cristo Jesús,

Amen  

miércoles, 3 de diciembre de 2014

GRITO EN EL DESIERTO 2
Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre el sentido del exito.
Con suma frecuencia se interpreta que el exito es alcanzar las metas propuestas, consiste en obtener resultados satisfactorios en aquello que se busca, generalmente orientado al tener y casi nunca al ser.

El éxito en la sociedad se mide salvas excepciones, por los títulos o nivel académico, ayuda hablar ingles u otro idioma distinto al propio, si se vive en un estrato alto, si los ingresos superan los 5, 10 o mas millones al mes se puede estar seguro que se va por buen camino, si el único lugar para   adquirir sus prendas de vestir son tiendas de marcas reconocidas, existe la grave posibilidad de que usted sea uno de los privilegiados a quien se le cobije con esta marca "Exitoso". Si cuenta con una amplia oficina con una imponente biblioteca cuyos libros nunca lee, si tiene una o mas  repisas adornadas con objetos absolutamente inútiles pero con reputacion de costosos y a esto se suma que cuente con muchas personas bajo su mando que acuden presurosos y con el pulso agitado cuando se los llama, la sombra del éxito esta sobre usted.

Si ya no tiene tiempo para compartir con su familia, jugar con sus hijos, disfrutar la intimida sexual con la esposa(o)  sin preocupaciones, si duerme poco e intranquilo, si grita  a sus subordinado, si posee una finca de veraneo que casi nunca puede visitar y menos disfrutar por el cumulo de sus ocupaciones, le tengo noticias Usted es exitoso.

La experiencia demuestra que son muchos los que para efecto de alcanzar las alturas del éxito no dudan en "hacer lo que fuere necesario": Mentir, calumniar, robar, estropear la honra ajena, y cosa peores, en resumen se convierten en asiduos practicantes de una ética circunstancial y maquiavelica.

Algunos psicólogos acuñaron el termino "síndrome del mono trepador" a este desenfrenado anhelo de subir y subir, de crecer y crecer, de ser cada vez más rico, tener un carro cada vez más caro, de ampliar y/o transformar la casa solo para amontonar, de comprar y comprar, de sacrificar familia por dinero, amigos por poder, comprobando al final de su pobre vida, que el precio que pago por el "éxito" obtenido no es más que soledad, odio, rechazo, miedo y sobretodo un vació insoportable que le lleva tardíamente a reconocer que desperdicio toda su vida, rindiendo culto a lo accesorio y perdiendo de vista lo esencial.

Que saludable seria leer y releer el sermón de la montaña, prestando especial énfasis a Mateo 6:33. Cuanto bien resultaría si leyéramos las biografías de aquellos que por la fama, el poder y el dinero, pasaron a la historia como los seres mas miserables e infelices.

No puedo resistirme a pensar cuanto dinero se quedaría en las cuentas bancarias de muchos auto proclamados Apóstoles,  y ·"Siervos" (de siervos solo el nombre) si Cristo viniera por segunda vez.

Como puede ser posible que como cristianos, nuestra construcción conceptual del éxito no parta de las Escrituras, si decimos a grito herido que Ellas, las Escrituras, La BIBLIA ES LA ÚNICA FUENTE DE FE Y PRACTICA . Ningún modelo de éxito puede entenderse fuera de las enseñanzas y ejemplo de Jesús.

No se trata optar por mendicidad  o la fe franciscana, pero cuan lejos estamos de entender el éxito como servicio a los demás, del éxito como hacer la Voluntad de Dios donde, cuando y como El lo quiera.

No creo que tampoco el éxito se mida por la dimensión de los agujeros en nuestros zapatos, o el desaseo del cuerpo, por una apariencia sucia y descuidada o una casa desvencijada, resultado del abandono y la mala administración, estos serian criterio reduccionistas y microeticos.

Les quiero contar de un pastor, cuya grandeza es proporcional a su humildad, cuyas rodillas callosas hablan por sí mismas del tiempo dedicado a la oración. Un hombre sencillo como la tierra que trabaja, de machete al cinto y cotizas o botas en sus pies, de sombrero de caña y rostro surcado por arrugas que señalan más que el paso de los años, el sendero de muchas lágrimas y sudor,  fruto del servicio al Señor. De un hombre a quien respetan hasta los enemigos de la fe, de un varón amado y respetado en casa y fuera de ella. Cuando pienso en hombres exitosos lo recuerdo a él. A quien las élites de su denominación nunca le tuvieron en cuenta, y muchos   pasaron por su lado sin siquiera notar su presencia.
Bendigo a aquellos que como este varón hicieron del éxito según Cristo su manera de vivir entre los hombres, y oro por aquellos que hasta el día de hoy viven en la ensoñación de que viven cuando hieden a muerte. Ruego a Dios tener misericordia y que como lo expresa un salmista, ojala solo duerman y no estén muertos.


O.A.M.
GRITO EN EL DESIERTO

N0. 1


El mundo en que vivimos experimenta un sentimiento profundo de vacuidad y hastió. Los sistemas religiosos han fracasado en su pretendido interés por llenar el vacío existencial del ser humano, las psicologías y corrientes filosóficas, partidos y movimientos políticos con frecuencia ahondan la crisis y no dan respuestas. Solo iglesias que asuman de manera apropiada el estudio serio de la Palabra y la anuncien con fidelidad, haciendo que desde esta única y confiable fuente de autoridad, se establezca la fe y la observancia, podrán impactar la sociedad en la que vivimos. Religiones que se agotan en una frugal camaradería, en emociones extáticas, en orgullos denominaciones, o en repartir golosinas espirituales envueltas en el manido discurso de los motivadores del pensamiento positivo, solo logran entretener, y en el mejor de los casos generar estados efímeros de euforia, La iglesia deberá reconciliarse con las Escrituras, y cual hijo prodigo, regresar humildemente y reconocer que fuera de esos linderos solo obtenemos fracaso y frustración. El mundo fastidiado de discursos de diferentes salves y tonos clericales, será interpelado y captara nuestra atención, solo cuando vida y palabra marchen por la misma senda, cuando estemos activos y presentes en los escenarios de dolor donde la  misericordia divina se transparente en nosotros, cuando la iglesia salga de la comodidad de sus butacas y la seguridad de sus paredes y sea una iglesia 'del camino", salga al encuentro del hombre en la condición y deterioro en que se encuentre, sin preselección ni preferencias, simplemente abrase con el amor de Cristo. La iglesia no puede ser un pedestal mudo que mira en el retrovisor sus viejas glorias, o se acomoda en su círculo de comodidad en espera del retorno de Jesús. La iglesia debe mostrar su acción pastoral desde una seria reflexión teológica que la oriente y la conduzca.
Donde está la pastoral a los enfermos, a los niños a quienes al igual que a los ancianos apenas si se los soporta, donde está la pastoral a esa población invisibilizada de los presos, donde la pastoral a los homosexuales, a las tribus urbanas entre otras. Si el evangelio es poder de Dios, entonces no es el tiempo de pasar de largo sino de atender a los heridos, heridos que yacen en los diversos caminos de la vida.
Renunciemos como iglesia a los excesos de comodidad y sacralizado hedonismo, y mostremos a Cristo con actitudes que silencien aun las críticas de nuestros detractores.

Muchas iglesias no pueden decir “No tengo plata ni oro”, por el contrario sus líderes hoy compiten en su nivel de vida y extravagante consumismo, con altos ejecutivos con devengos multimillonarios. Vivir con modestia, propender por estar satisfechos con el “sustento y el abrigo” suena bastante impopular entre quienes han hecho de la ostentación su estilo de vida. La claridad y autoridad de la Palabra ha quedada relegada en un segundo plano, y en su lugar prima el culto a las marcas, a los fetiches exitistas y a los rótulos sociales. Parece revivirse épocas pasadas en las que Dios manifiesta su indignación ante la actitud hipócrita de los falsos profetas, que halagan los oídos de los príncipes con anuncios cargados de mentira.

Que esperanza hay para la Iglesia de hoy, si sus más connotados  lideres están cegados por la vanidad, si el profetismo que denuncia el pecado ha muerto, y ahora aparecen  mercaderes exitistas que pregonan paz y avivamiento, cuando lo que vemos es violencia y letargo espiritual. Pastores, que tasan su éxito ministerial en el rasero de un canceroso crecimiento, de un crecimiento numérico sin señales de la vida de Cristo. Celebran entontecidos sus logros, careciendo de una fecunda reflexión teológica, que les permita ver lo cerca que se está del borde del abismo.

El “dios” de este mundo tiene sus más fieles devotos en las filas de la iglesia, el más peligroso ateísmo se cierne sobre nuestras cabezas, pues no es el ateísmo filosófico lo que debe inquietarnos, sino el ateísmo practico, el cual va más allá de las palabras, y se externaliza en acciones saturadas de egoísmo y traición a la fe profesada por quienes trajeron el Evangelio desde sus lejanos países de origen y en tiempos más antiguos, quienes sembraron con su sangre y testimonio fiel, la buenas semilla.
La amenaza real está en aquel Ateísmo como negación de Dios, el cual se establece no en las palabras, sino en un accionar que mana del corazón.

Que fácil resulta unirse a las voces triunfalistas que pregonan ¡Avivamiento, estamos en
Avivamiento!
Como puede pensarse un clímax de avivamiento, sin amor y perdón entre pastores y denominaciones, que se arrogan unos a otros el monopolio de la verdadera fe, como puede haber avivamiento, cuando la iglesia es cada vez menos iglesia, y el mundo sigue siendo mundo, cuando la iglesia ha perdido la brújula moral , y ha abandonado su rol histórico de ser faro de luz a los perdidos, dedicándose a entretener con palabras halagüeñas y a alimentar con descargas psicológicas salpicadas de citas bíblicas cómodamente añadidas, y a la justa medida de su conveniencia, si la eisegesis reemplaza la exegesis, si la iglesia es empresa, y no la peregrina que despojada de pesos innecesarios, camina en busca de la oveja que hace falta en el redil.

Donde están los profetas, donde están estos hombres de palabra tosca pero rectilínea y fronteriza, como la del Bautista, donde se han ido aquellos cantos llenos de doctrina, donde aquellos siervos con olor a oveja. Hoy se habla con elocuencia y buen humor, pero sin unción ni verdad, hoy muchos instrumentos bien interpretados animan nuestros cultos, dando lugar al desfogue emocional, pero cuan poca adoración se le brinda al Señor, pues el objetivo no es adorar sino “pasarla bien”

Hasta cuando festejaremos tanta mentira, hasta cuando diremos amen a una falsificación de vida cristiana, hasta cuando nos uniremos al letargo de la iglesia, y aceptaremos la mentira dándole estatus de verdad. No, desnudes y miseria es lo que vemos, púlpitos sin Palabra, emociones desbordadas y ausencia de una vida en el marco de la ética impartida por Jesús a orillas del mar de Galilea, en aquel pequeño monte, desde donde resuena una Palabra que pocos quieren escuchar.