GRITO EN EL DESIERTO 2
Hoy quiero
invitarlos a reflexionar sobre el sentido del exito.
Con suma
frecuencia se interpreta que el exito es alcanzar las metas propuestas,
consiste en obtener resultados satisfactorios en aquello que se busca,
generalmente orientado al tener y casi nunca al ser.
El éxito en
la sociedad se mide salvas excepciones, por los títulos o nivel académico,
ayuda hablar ingles u otro idioma distinto al propio, si se vive en un estrato
alto, si los ingresos superan los 5, 10 o mas millones al mes se puede estar
seguro que se va por buen camino, si el único lugar para adquirir sus prendas de vestir son tiendas
de marcas reconocidas, existe la grave posibilidad de que usted sea uno de los
privilegiados a quien se le cobije con esta marca "Exitoso". Si
cuenta con una amplia oficina con una imponente biblioteca cuyos libros nunca
lee, si tiene una o mas repisas
adornadas con objetos absolutamente inútiles pero con reputacion de costosos y
a esto se suma que cuente con muchas personas bajo su mando que acuden
presurosos y con el pulso agitado cuando se los llama, la sombra del éxito esta
sobre usted.
Si ya no
tiene tiempo para compartir con su familia, jugar con sus hijos, disfrutar la
intimida sexual con la esposa(o) sin
preocupaciones, si duerme poco e intranquilo, si grita a sus subordinado, si posee una finca de
veraneo que casi nunca puede visitar y menos disfrutar por el cumulo de sus
ocupaciones, le tengo noticias Usted es exitoso.
La
experiencia demuestra que son muchos los que para efecto de alcanzar las
alturas del éxito no dudan en "hacer lo que fuere necesario": Mentir,
calumniar, robar, estropear la honra ajena, y cosa peores, en resumen se
convierten en asiduos practicantes de una ética circunstancial y maquiavelica.
Algunos
psicólogos acuñaron el termino "síndrome del mono trepador" a este
desenfrenado anhelo de subir y subir, de crecer y crecer, de ser cada vez más
rico, tener un carro cada vez más caro, de ampliar y/o transformar la casa solo
para amontonar, de comprar y comprar, de sacrificar familia por dinero, amigos
por poder, comprobando al final de su pobre vida, que el precio que pago por el
"éxito" obtenido no es más que soledad, odio, rechazo, miedo y
sobretodo un vació insoportable que le lleva tardíamente a reconocer que
desperdicio toda su vida, rindiendo culto a lo accesorio y perdiendo de vista
lo esencial.
Que
saludable seria leer y releer el sermón de la montaña, prestando especial
énfasis a Mateo 6:33. Cuanto bien resultaría si leyéramos las biografías de
aquellos que por la fama, el poder y el dinero, pasaron a la historia como los
seres mas miserables e infelices.
No puedo
resistirme a pensar cuanto dinero se quedaría en las cuentas bancarias de
muchos auto proclamados Apóstoles, y
·"Siervos" (de siervos solo el nombre) si Cristo viniera por segunda
vez.
Como puede
ser posible que como cristianos, nuestra construcción conceptual del éxito no
parta de las Escrituras, si decimos a grito herido que Ellas, las Escrituras,
La BIBLIA ES LA ÚNICA FUENTE DE FE Y PRACTICA . Ningún modelo de éxito puede
entenderse fuera de las enseñanzas y ejemplo de Jesús.
No se trata
optar por mendicidad o la fe
franciscana, pero cuan lejos estamos de entender el éxito como servicio a los
demás, del éxito como hacer la Voluntad de Dios donde, cuando y como El lo
quiera.
No creo que
tampoco el éxito se mida por la dimensión de los agujeros en nuestros zapatos,
o el desaseo del cuerpo, por una apariencia sucia y descuidada o una casa
desvencijada, resultado del abandono y la mala administración, estos serian
criterio reduccionistas y microeticos.
Les quiero
contar de un pastor, cuya grandeza es proporcional a su humildad, cuyas
rodillas callosas hablan por sí mismas del tiempo dedicado a la oración. Un
hombre sencillo como la tierra que trabaja, de machete al cinto y cotizas o
botas en sus pies, de sombrero de caña y rostro surcado por arrugas que señalan
más que el paso de los años, el sendero de muchas lágrimas y sudor, fruto del servicio al Señor. De un hombre a
quien respetan hasta los enemigos de la fe, de un varón amado y respetado en
casa y fuera de ella. Cuando pienso en hombres exitosos lo recuerdo a él. A
quien las élites de su denominación nunca le tuvieron en cuenta, y muchos pasaron por su lado sin siquiera notar su
presencia.
Bendigo a
aquellos que como este varón hicieron del éxito según Cristo su manera de vivir
entre los hombres, y oro por aquellos que hasta el día de hoy viven en la
ensoñación de que viven cuando hieden a muerte. Ruego a Dios tener misericordia
y que como lo expresa un salmista, ojala solo duerman y no estén muertos.
O.A.M.
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