GRITO EN EL DESIERTO
Saludos mis queridos amigos:
Hoy quiero rendir un modesto
reconocimiento a aquellas mujeres que con sus vidas nos inspiran, y con su
digno ejemplo trazan un camino. Me refiero a esas féminas que son trabajadoras abnegadas,
esposas y madres, e hijas de Dios. Quiso Dios en su Palabra regalarnos el capítulo
31 del Libro de los Proverbios, donde con meridiana claridad se reconoce las
virtudes de una mujer, en el mejor sentido "temerosa de Dios".
La sociedad actual, tan superficial, tan
artificial y tan mezquina, mira con asombro y sobredimensiona unos
modelos de belleza, belleza que salvas excepciones, se agotan en ciertos
estereotipos tales como un cuerpo voluptuoso, ropa de marca, carros de alta
gama y "glamur".
Celebro y se me agotan los adjetivos para
manifestar de manera conveniente, la tranquila alegría de pensar que los
cristianos, somos más inteligentes que el común de las gentes y que nuestra
capacidad de auscultar nuestras realidades y contextos sociales, nos permite
apreciar en debida forma, el valor incomparable de aquellas mujeres que nunca aparecerán
en las revistas de modas, y que los programas frívolos y banales que abordan
los sonados temas de la llamada "alta sociedad", nunca invitarían.
Nos instruye la Palabra diciendo: "Su valor excede el de las piedras
preciosas", y su importancia es reconocida por sus hijos y su esposo
quienes la elogian, esquivando el manido error de dejar para fechas
"especiales" este reconocimiento.
Bendigo a las mujeres que en las albores
del día se entregan con ánimo fecundo a las tareas hogareñas, a las mujeres
campesinas que con esperanza siembran la tierra, la misma que con la bendición
de Dios más tarde entregara sus generosos frutos, bendigo a las mujeres
honestas y trasparentes que enfrentan con dignidad el cruel abandono de sus
esposos y compañeros, y no por ello aceptan las dadivas y las lisonjas del
pecado. Bendigo a las mujeres que de la mano de Jesús se han levantado de una
vida sin vida, sin Dios y sin esperanza, y ahora, dejando sepultado su oscuro
pasado, visten las finas galas de una vida nueva, llena de gracia y de la
belleza prístina que fluye suavemente de su corazón y hermosea su rostro.
Bendigo a las mujeres que se abren paso en medio de una sociedad injusta que no
siempre reconoce su valía y sus inapreciables aportes, y con su sapiencia,
entrega y disciplina se constituyen en modelos de excelencia y profesionalismo.
Para todas estas y muchas otras heroínas
anónimas que aman al Señor y siembran caminos de esperanza, mi afecto, mi
admiración y mi respeto. Elevo al Cielo mi oración, para que su ánimo no
falte en medio de las pruebas, para que sus valores y principios no claudiquen,
y reciban aliento e inspiración de lo Alto, para seguir adelante con o sin el
reconocimiento de quienes les rodean. Para que como aquellas valientes mujeres
que merecieron lugares de honor en la historia, marchen por la senda estrecha,
y con sus vidas nos inspiren a amar cada día más a Dios nuestro Señor.
Soberano Dios y Padre Celestial, quiero
pedirle perdón, en mi nombre y en de tantos hombres de hoy, de ayer y del
mañana, que no hemos comprendido el valor de nuestras esposas, y siguiendo los
modelos del mundo infame, hemos sido en diversas y sutiles maneras
maltratadores, injustos, y le hemos negado a ellas el lugar de honor que les
corresponde.
Te agradezco por aquellos hombres que en
su condición de padres, hijos o hermanos, contamos con
la bendición de comprender a la Luz de Tu Palabra, todo lo que
significa estas féminas a nuestro alrededor y la sabiduría, y la
gracia de Dios al regalarnos su maravillosa compañía.
Dales hoy Señor,
la bendición de sonreír en medio de adversas circunstancias
y de reconocer que en tu presencia hay plenitud de gozo
y bendición. Enséñales a discernir y a ocupar el lugar
que le corresponde en tus planes y en tu perfecta y buena voluntad, y por cada
lágrima derramada regálales mil motivos de alegría.
En el nombre de Cristo Jesús,
Amen
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