jueves, 4 de diciembre de 2014

GRITO EN EL DESIERTO 

mujer trabajadora : Dos mujeres trabajando en un equipo conjunto
mujeres negras : Retrato de una bella mujer joven negro con los brazos cruzados sobre fondo blanco Foto de archivomujer trabajadora : Joven mujer que trabaja en su jardín

Saludos mis queridos amigos:

Hoy quiero rendir un modesto reconocimiento a aquellas mujeres que con sus vidas nos inspiran, y con su digno ejemplo trazan un camino. Me refiero a esas féminas que son trabajadoras abnegadas, esposas y madres, e hijas de Dios. Quiso Dios en su Palabra regalarnos el capítulo 31 del Libro de los Proverbios, donde con meridiana claridad se reconoce las virtudes de una mujer, en el mejor sentido "temerosa de Dios".

La sociedad actual, tan superficial, tan artificial y tan mezquina, mira con  asombro y sobredimensiona unos modelos de belleza, belleza que salvas excepciones, se agotan en ciertos estereotipos tales como un cuerpo voluptuoso, ropa de marca, carros de alta gama y "glamur".

Celebro y se me agotan los adjetivos para manifestar de manera conveniente, la tranquila alegría de pensar que los cristianos, somos más inteligentes que el común de las gentes y que nuestra capacidad de auscultar nuestras realidades y contextos sociales, nos permite apreciar en debida forma, el valor incomparable de aquellas mujeres que nunca aparecerán en las revistas de modas, y que los programas frívolos y banales que abordan los sonados temas de la llamada "alta sociedad", nunca invitarían. Nos instruye la Palabra diciendo: "Su valor excede el de las piedras preciosas", y su importancia es reconocida por sus hijos y su esposo quienes la elogian, esquivando el manido error de dejar para fechas "especiales" este reconocimiento.

Bendigo a las mujeres que en las albores del día se entregan con ánimo fecundo a las tareas hogareñas, a las mujeres campesinas que con  esperanza siembran la tierra, la misma que con la bendición de Dios más tarde entregara sus generosos frutos, bendigo a las mujeres honestas y trasparentes que enfrentan con dignidad el cruel abandono de sus esposos y compañeros, y no por ello aceptan las dadivas y las lisonjas del pecado. Bendigo a las mujeres que de la mano de Jesús se han levantado de una vida sin vida, sin Dios y sin esperanza, y ahora, dejando sepultado su oscuro pasado, visten las finas galas de una vida nueva, llena de gracia y de la belleza prístina que fluye suavemente de su corazón y hermosea su rostro. Bendigo a las mujeres que se abren paso en medio de una sociedad injusta que no siempre reconoce su valía y sus inapreciables aportes, y con su sapiencia, entrega y disciplina se constituyen en modelos de excelencia y profesionalismo.

Para todas estas y muchas otras heroínas anónimas que aman al Señor y siembran caminos de esperanza, mi afecto, mi admiración y mi respeto.  Elevo al Cielo mi oración, para que su ánimo no falte en medio de las pruebas, para que sus valores y principios no claudiquen, y reciban aliento e inspiración de lo Alto, para seguir adelante con o sin el reconocimiento de quienes les rodean. Para que como aquellas valientes mujeres que merecieron lugares de honor en la historia, marchen por la senda estrecha, y con sus vidas nos inspiren a amar cada día más a Dios nuestro Señor.

leyendo la biblia : Las manos unidas en oración sobre la Biblia abierta ruso Santo sobre fondo negro Foto de archivo


Soberano Dios y Padre Celestial, quiero pedirle perdón, en mi nombre y en de tantos hombres de hoy, de ayer y del mañana, que no hemos comprendido el valor de nuestras esposas, y siguiendo los modelos del mundo infame, hemos sido en diversas y sutiles maneras maltratadores, injustos, y le hemos negado a ellas el lugar de honor que les corresponde.
Te agradezco por aquellos hombres que en su condición de padres, hijos o hermanos, contamos con la bendición de comprender a la Luz de Tu Palabra, todo lo que significa estas féminas a nuestro alrededor y la sabiduría, y la gracia de Dios al regalarnos su maravillosa compañía. 
Dales hoy Señor, la bendición de sonreír en medio de adversas circunstancias y de reconocer que en tu presencia hay plenitud de gozo y bendición. Enséñales a discernir y a ocupar el lugar que le corresponde en tus planes y en tu perfecta y buena voluntad, y por cada lágrima derramada  regálales mil motivos de alegría.
En el nombre de Cristo Jesús,

Amen  

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