UNA PLAGA DESTRUCTIVA LLAMADA MURMURACIÓN
Es muy difícil encontrar un defecto más
difundido en el género humano y con mayor capacidad de destrucción que la
“murmuración”. La vida de muchas personas,
muchas familias y matrimonios y numerosas iglesias han sido dañadas por el chisme,
la calumnia y la murmuración.
Esta sucia artimaña de Satanás,
pretende con todo calculo y premeditación anular, entorpecer y de ser posible
destruir, el destino fijado por Dios y su propósito eterno con cada vida de cada
ser humano sobre la tierra.
Esta tan arraigada la murmuración, la
difamación y el chisme, en la naturaleza humana, que hoy podemos observar como
por esta mortal plaga, existen programas de televisión con cientos de miles de
seguidores que se especializan justamente en desnudar la intimidad de la gente,
juzgar sus actuaciones, magnificar sus defectos, invadir su privacidad con absoluto
descaro y sin conciencia.
La Biblia nos muestra con toda
claridad la indignación de Dios frente a la murmuración, y por cierto es uno de
los primeros pecados cometidos por Israel en el desierto, después de la salida
de la esclavitud de Egipto. Fue tal el pecado que el juicio de Dios no se hizo
esperar y cayó en forma radical sobre 14,700 israelitas. Que fue un drástico castigo ante un pecado tan
leve, pero no es así, la murmuración es un grave pecado que causa el rechazo de
Dios. (Números 1,41, 47, 49).
Murmurar es hablar en forma negativa o
desfavorable de otra persona en ausencia de la misma. La calumnia consiste en
imputar de un hecho inexistente o acusar de algo a una persona en forma falsa,
con el fin de causarle daño. El chisme consiste en hacer eco de rumores,
criticas o comentarios infamantes sobre una persona a espaldas de la misma.
Denigrar es lanzar juicios despectivos, o hacer comentarios negativos en contra
del buen nombre, honra o dignidad de una persona.
Para esta reflexión utilizo la palabra
“murmuración”, sin hacer para este caso, ninguna diferenciación con palabras
tales como: chisme, difamación, calumnia, denigración, vilipendio, traición,
detracion.
La murmuración y el chisme, con suma frecuencia
provienen de corazones heridos que sin reato de conciencia y sin miramientos no
se ahorran ni calculan el daño, la tristeza y el dolor que pueden ocasionar.
El murmurador, como el caso de Aarón y
María, quienes murmuraron de Moisés, lo hicieron motivados por sus amagos celos
y envidia, y se cubrieron de lepra como pago de su maldad. El murmurador es un ser oscuro, mezquino y sin
consideración ni afecto por quien es objeto de su mortal ataque. El murmurador
de manera consiente o no es un instrumento del demonio que con sus palabras
pisotea, lastima, destruye y hunde en el fango la dignidad y la honra de otros.
Algunos miembros de esta especie tienen el cinismo de creer que prestan un
servicio a una causa noble, que obran bajo el impulso y la defensa de valores
religiosos o espirituales. Venden la falsa idea de que prestan un servicio a
Dios y a la causa de Su Reino. Llegan a creer que su tarea es la de ser
“defensores de la moral, la rectitud, la santidad, y ante todo sienten que
cumplen el heroico papel de sacar a la luz la verdad, cueste lo que cueste.
El murmurador, chismoso, difamador, y
traidor no solo realiza este ataque aleve con enojo y amagara, llevando su
comentario a una sola persona, sino que suele diseminar su veneno entre muchas
personas. Pues para este agente de maldad no basta con destruir la imagen de su
víctima ante una sola persona, sino que su insaciable apetito de maldad lo
lleva a hacer más notorio su pecado, llevando su chisme y maledicencia a tantas
personas como puede, y en especial ante aquellos que tienen un concepto amable
de quien en el centro de su ataque.
El murmurador, en muchos casos sigue
tratando a su víctima, puede tomarse un cafecito, sonreír y hasta abrazarlo
como el Judas que es, su conciencia se ha acostumbrado tanto, pero tanto a su
quehacer diabólico, que ya no le advierte que lo que hace causa gravísimo daño,
y lastima el corazón de Dios. El murmurador se sirve de verdades completas o a
medias, de informaciones sesgadas que a él no le importa en absoluto verificar
o comprobar su exactitud o veracidad, el murmurador, calumniador y chismoso,
utiliza como insumos de su maldad el conocimiento que posee de hechos
vergonzosos, debilidades, pecados y errores de sus víctimas. Todo lo que pueda
ser le útil en sus diabólicos planes los usa. El murmurador divulga a muchos lo
que se le confió en secreto, y en muchas oportunidades divulga comentarios tóxicos
sobre conductas del pasado de su víctima que ya han perdido vigencia en ella,
que han sido de tiempo atrás objeto de su arrepentimiento y del bondadoso trato
de aquel Dios eterno que perdona al pecador que se arrepiente y sepulta en el
fondo del mar sus maldades.
Miqueas 7:18-20 Reina-Valera 1960
(RVR1960)
18 ¿Qué Dios como tú, que perdona la
maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre
su enojo, porque se deleita en misericordia.
19 El volverá a tener misericordia de
nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos
nuestros pecados.
Isaías 43:25
Yo, Yo soy el que borro tus
transgresiones por amor a Mí mismo, Y no recordaré tus pecados.
El murmurador, desplaza a Dios de Su
trono y se sienta el a juzgar sin
misericordia a su hermano, el murmurador se jacta o presume de una supuesta superioridad
moral o de ciertas dotes de espiritualidad mágico-religiosa que hace pensar a
quienes lo escuchan difamar, denigrar y chismear de otro, que este iluminado de
los dioses, es un “profeta” con todo el poder, y la licencia para usurpar como Satanás
el trono de Dios para juzgar y destruir en el mortal fuego de la murmuración
que cuando se trasmite a otros se convierte en un incendio que avanza de boca
en boca y de lengua en lengua arrasando a su paso con la honra, el buen nombre,
y la dignidad de quien es el objeto de su diabólico ataque.
Al difamador, chismoso y murmurador se
le olvida que cuando habla mal de oros, de quien dice lo peor es respecto de el
mismo.
Pero que dice la Biblia acerca de esta
conducta, veamos algunos textos:
“Hermanos, no murmuréis los unos de
los otros El
que murmura en contra de un hermano murmura en contra de Dios.” (Santiago 4:11,12).
Para Santiago, hermano de Jesús según las mejores opiniones, la “murmuración”,
entendida como hablar mal y a la espalda del hermano, es una conducta que no
debe existir, dando por sobre entendido que se trata de una puerta que se abre
y difícilmente se cierra.
El hombre perverso levanta contienda,
Y el chismoso aparta a los mejores amigos” (Proverbios 16:28). El escritor de Proverbios advierte sobre las
consecuencias de la murmuración. Levanta contienda, genera disensión, pleitos y
peleas, destruye y crea muros en las relaciones interpersonales.
Dios desaprueba a los murmuradores
(romanos, 1:28-32)
“Y como ellos no aprobaron tener en
cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas
que no convienen; 1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación,
perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas,
engaños y malignidades;1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de
Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes
a los padres, 1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin
misericordia; 1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que
practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también
se complacen con los que las practican”. (el subrayado es del autor de esta reflexión)
“Ni murmuréis, como algunos de ellos
murmuraron, y perecieron por el destructor”. (1 Corintios, 10:10) Salmos 50:20
“Te sientas y hablas contra tu
hermano; al hijo de tu propia madre calumnias” (Sal.50:20)
Destruiré al que en secreto calumnia a
su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante. (Salmos
101:5)
{El que} no calumnia con su lengua, no
hace mal a su prójimo, ni toma reproche contra su amigo; (Salmos 15:3)
“Por tanto, desechando toda malicia y
todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación” (1 Pedro 2:1)
“Porque temo que quizá cuando yo vaya,
halle que no sois lo que deseo, y yo sea hallado por vosotros que no soy lo que
deseáis; que quizá {haya} pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones,
chismes, arrogancia, desórdenes”. (2 Corintios 12:20)
Que hacer frente a la murmuración:
Para resumir, la murmuración, el
chisme, la calumnia, y la crítica infame, deben erradicarse de nuestro corazón
y de nuestras actitudes, por cuanto causan graves daños:
Ø Destruyen la honran de la persona señalada, dañando
su reputación y bienestar
Ø Crean desconfianza entre las personas
Ø Causan desaliento entre los que reciben
Ø Con lleva el juicio de Dios
Ø Destruye la armonía
Ø Abren puertas enormes a Satanás y sus demonios
Ø Puede crear heridas emocionales irreparables
Ø Causa daño moral
El chisme, la murmuración y la
difamación es un “cáncer” que daña las relaciones, crea contiendas, afecta los
lazos de fraternidad, quebranta la salud de la iglesia y termina por destruir
la vida del murmurador.
Por lo anterior es mi más íntima
motivación, que cada uno de nosotros puede examinar su propia vida, hacer un
cuidadoso examen introspectivo y renunciar a este foco mortal de contaminación,
pedir perdón a Dios y a las personas afectadas.
Promovamos el buen trato, las
conversaciones cargada de bondad, amor y misericordia, sanemos las propias
heridas de donde probablemente se origina la murmuración y el chisme, y levantemos
muros alto contra este infame comportamiento que se aprecia en todas las
esferas de la vida social, y que sin duda hace tanto daño a la iglesia.
En la Iglesia es donde debe prevalecer
el amor y las más saludables relaciones entre hermanos y miembros de la familia
de Dios.
Si hemos sido lastimados por la
difamación, el chisme y la murmuración, solo tenemos una sola opción;
perdonemos al estilo de Jesús, recordemos que sus detractores indilgaron los
milagros de Jesús a Beelzebu, y sin embargo en Jesús siempre existió abundante
misericordia para aquellos que lo ofendían. Por último, evitemos que el mal
sufrido sea el mismo con el que procedamos contra nuestro ofensor. Solo podemos
atacar este mal mostrando un espíritu superior en nosotros mismos.