miércoles, 20 de febrero de 2019


UNA PLAGA DESTRUCTIVA  LLAMADA MURMURACIÓN


Es muy difícil encontrar un defecto más difundido en el género humano y con mayor capacidad de destrucción que la “murmuración”.  La vida de muchas personas, muchas familias y matrimonios y numerosas iglesias han sido dañadas por el chisme, la calumnia y la murmuración.
Esta sucia artimaña de Satanás, pretende con todo calculo y premeditación anular, entorpecer y de ser posible destruir, el destino fijado por Dios y su propósito eterno con cada vida de cada ser humano sobre la tierra.
Esta tan arraigada la murmuración, la difamación y el chisme, en la naturaleza humana, que hoy podemos observar como por esta mortal plaga, existen programas de televisión con cientos de miles de seguidores que se especializan justamente en desnudar la intimidad de la gente, juzgar sus actuaciones, magnificar sus defectos, invadir su privacidad con absoluto descaro y sin conciencia. 
La Biblia nos muestra con toda claridad la indignación de Dios frente a la murmuración, y por cierto es uno de los primeros pecados cometidos por Israel en el desierto, después de la salida de la esclavitud de Egipto. Fue tal el pecado que el juicio de Dios no se hizo esperar y cayó en forma radical sobre 14,700 israelitas.  Que fue un drástico castigo ante un pecado tan leve, pero no es así, la murmuración es un grave pecado que causa el rechazo de Dios. (Números 1,41, 47, 49).

Murmurar es hablar en forma negativa o desfavorable de otra persona en ausencia de la misma. La calumnia consiste en imputar de un hecho inexistente o acusar de algo a una persona en forma falsa, con el fin de causarle daño. El chisme consiste en hacer eco de rumores, criticas o comentarios infamantes sobre una persona a espaldas de la misma. Denigrar es lanzar juicios despectivos, o hacer comentarios negativos en contra del buen nombre, honra o dignidad de una persona.

 Para esta reflexión utilizo la palabra “murmuración”, sin hacer para este caso, ninguna diferenciación con palabras tales como: chisme, difamación, calumnia, denigración, vilipendio, traición, detracion.
La murmuración y el chisme, con suma frecuencia provienen de corazones heridos que sin reato de conciencia y sin miramientos no se ahorran ni calculan el daño, la tristeza y el dolor que pueden ocasionar.

El murmurador, como el caso de Aarón y María, quienes murmuraron de Moisés, lo hicieron motivados por sus amagos celos y envidia, y se cubrieron de lepra como pago de su maldad.  El murmurador es un ser oscuro, mezquino y sin consideración ni afecto por quien es objeto de su mortal ataque. El murmurador de manera consiente o no es un instrumento del demonio que con sus palabras pisotea, lastima, destruye y hunde en el fango la dignidad y la honra de otros. Algunos miembros de esta especie tienen el cinismo de creer que prestan un servicio a una causa noble, que obran bajo el impulso y la defensa de valores religiosos o espirituales. Venden la falsa idea de que prestan un servicio a Dios y a la causa de Su Reino. Llegan a creer que su tarea es la de ser “defensores de la moral, la rectitud, la santidad, y ante todo sienten que cumplen el heroico papel de sacar a la luz la verdad, cueste lo que cueste.

El murmurador, chismoso, difamador, y traidor no solo realiza este ataque aleve con enojo y amagara, llevando su comentario a una sola persona, sino que suele diseminar su veneno entre muchas personas. Pues para este agente de maldad no basta con destruir la imagen de su víctima ante una sola persona, sino que su insaciable apetito de maldad lo lleva a hacer más notorio su pecado, llevando su chisme y maledicencia a tantas personas como puede, y en especial ante aquellos que tienen un concepto amable de quien en el centro de su ataque.  
El murmurador, en muchos casos sigue tratando a su víctima, puede tomarse un cafecito, sonreír y hasta abrazarlo como el Judas que es, su conciencia se ha acostumbrado tanto, pero tanto a su quehacer diabólico, que ya no le advierte que lo que hace causa gravísimo daño, y lastima el corazón de Dios. El murmurador se sirve de verdades completas o a medias, de informaciones sesgadas que a él no le importa en absoluto verificar o comprobar su exactitud o veracidad, el murmurador, calumniador y chismoso, utiliza como insumos de su maldad el conocimiento que posee de hechos vergonzosos, debilidades, pecados y errores de sus víctimas. Todo lo que pueda ser le útil en sus diabólicos planes los usa. El murmurador divulga a muchos lo que se le confió en secreto, y en muchas oportunidades divulga comentarios tóxicos sobre conductas del pasado de su víctima que ya han perdido vigencia en ella, que han sido de tiempo atrás objeto de su arrepentimiento y del bondadoso trato de aquel Dios eterno que perdona al pecador que se arrepiente y sepulta en el fondo del mar sus maldades.

Miqueas 7:18-20 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
18 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.
19 El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

Isaías 43:25
Yo, Yo soy el que borro tus transgresiones por amor a Mí mismo, Y no recordaré tus pecados.

El murmurador, desplaza a Dios de Su trono y se sienta el a juzgar  sin misericordia a su hermano, el murmurador se jacta o presume de una supuesta superioridad moral o de ciertas dotes de espiritualidad mágico-religiosa que hace pensar a quienes lo escuchan difamar, denigrar y chismear de otro, que este iluminado de los dioses, es un “profeta” con todo el poder, y la licencia para usurpar como Satanás el trono de Dios para juzgar y destruir en el mortal fuego de la murmuración que cuando se trasmite a otros se convierte en un incendio que avanza de boca en boca y de lengua en lengua arrasando a su paso con la honra, el buen nombre, y la dignidad de quien es el objeto de su diabólico ataque.

Al difamador, chismoso y murmurador se le olvida que cuando habla mal de oros, de quien dice lo peor es respecto de el mismo.

Pero que dice la Biblia acerca de esta conducta, veamos algunos textos:
“Hermanos, no murmuréis los unos de los otros El que murmura en contra de un hermano murmura en contra de Dios.” (Santiago 4:11,12). Para Santiago, hermano de Jesús según las mejores opiniones, la “murmuración”, entendida como hablar mal y a la espalda del hermano, es una conducta que no debe existir, dando por sobre entendido que se trata de una puerta que se abre y difícilmente se cierra.

El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos” (Proverbios 16:28). El escritor de Proverbios advierte sobre las consecuencias de la murmuración. Levanta contienda, genera disensión, pleitos y peleas, destruye y crea muros en las relaciones interpersonales.
Dios desaprueba a los murmuradores (romanos, 1:28-32)

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”. (el subrayado es del autor de esta reflexión)


“Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor”. (1 Corintios, 10:10) Salmos 50:20
“Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias” (Sal.50:20)
Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante. (Salmos 101:5)
{El que} no calumnia con su lengua, no hace mal a su prójimo, ni toma reproche contra su amigo; (Salmos 15:3)
“Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación” (1 Pedro 2:1)
“Porque temo que quizá cuando yo vaya, halle que no sois lo que deseo, y yo sea hallado por vosotros que no soy lo que deseáis; que quizá {haya} pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancia, desórdenes”. (2 Corintios 12:20)

Que hacer frente a la murmuración:

Para resumir, la murmuración, el chisme, la calumnia, y la crítica infame, deben erradicarse de nuestro corazón y de nuestras actitudes, por cuanto causan graves daños:
Ø  Destruyen la honran de la persona señalada, dañando su reputación y bienestar
Ø  Crean desconfianza entre las personas
Ø  Causan desaliento entre los que reciben
Ø  Con lleva el juicio de Dios
Ø  Destruye la armonía
Ø  Abren puertas enormes a Satanás y sus demonios
Ø  Puede crear heridas emocionales irreparables
Ø  Causa daño moral
El chisme, la murmuración y la difamación es un “cáncer” que daña las relaciones, crea contiendas, afecta los lazos de fraternidad, quebranta la salud de la iglesia y termina por destruir la vida del murmurador.

Por lo anterior es mi más íntima motivación, que cada uno de nosotros puede examinar su propia vida, hacer un cuidadoso examen introspectivo y renunciar a este foco mortal de contaminación, pedir perdón a Dios y a las personas afectadas.

Promovamos el buen trato, las conversaciones cargada de bondad, amor y misericordia, sanemos las propias heridas de donde probablemente se origina la murmuración y el chisme, y levantemos muros alto contra este infame comportamiento que se aprecia en todas las esferas de la vida social, y que sin duda hace tanto daño a la iglesia. 

En la Iglesia es donde debe prevalecer el amor y las más saludables relaciones entre hermanos y miembros de la familia de Dios.

Si hemos sido lastimados por la difamación, el chisme y la murmuración, solo tenemos una sola opción; perdonemos al estilo de Jesús, recordemos que sus detractores indilgaron los milagros de Jesús a Beelzebu, y sin embargo en Jesús siempre existió abundante misericordia para aquellos que lo ofendían. Por último, evitemos que el mal sufrido sea el mismo con el que procedamos contra nuestro ofensor. Solo podemos atacar este mal mostrando un espíritu superior en nosotros mismos.