jueves, 28 de julio de 2016



El peligro del anti intelectualismo

Isaac  Asimov definió el anti intelectualismo de la siguiente manera:

El anti intelectualismo es el culto a la ignorancia. Ha sido una constante en nuestra historia política y cultural, promovida por la falsa idea de que la democracia consiste en que "mi ignorancia es tan válida como tu conocimiento".

El ejercicio intelectual se mira con sospecha en algunos círculos religiosos, llegando a ser considerado con epítetos ofensivos. Es como si pensar fuera un atentado contra la moral o un comportamiento vergonzoso que amerita su repudio. Se tilda a quienes reflexionan y en muchos casos van en contra vía de la opinión generalizada, como personas extrañas, como generadores de desagradables controversias, como gente que perturba la armonía  semejante a un villano que sale de su escondite,  y nos sale al paso con preguntas impertinentes o argumentos que rompen los esquemas y las convenciones en las que las masas transitan reposadas.

Con suma frecuencia los prejuicios que alimentan la hostilidad hacia los académicos e intelectuales  se reflejan en estas afirmaciones:
1.    Solo buscan crear caos y confusión
2.    Son soberbios y se creen superiores al resto de los mortales
3.    Se creen una elite
4.    Son gente de costumbres relajadas y poca o ninguna vida espiritual
5.    Son poco prácticos y demasiado idealistas, mucha letra y poca práctica.

Algunos utilizan argumentos sacados de todo contexto y sin el menor análisis hermenéutico, señalan con el dedo: “la letra mata”, “el mucho estudio es fatiga de la carne”. 

Convendría que con una actitud honesta, los  adoradores de sus rutinas, se preguntaran, porque Dios se sirvió de una mente brillante como la del gran profeta Isaías, con su exquisito lenguaje, con sus bellas metáforas, y que decir de  Saulo de Tarso. Un hombre docto, instruido en diversas áreas de la cultura y el conocimiento. ¿Y no  fue el Apóstol Pablo ese instrumento que posibilito el crecimiento exponencial del Cristianismo y genero las bases para el avance del testimonio de Cristo en el mundo antiguo?

Si se mira la historia más reciente, las grandes figuras del protestantismo, eran sin lugar a dudas hombres dotados de un claro raciocinio, estudiosos, disciplinados en sus tareas intelectuales, lectores avezados y prolíficos escritores, para citar algunos nombres: Lutero quien escribió más de 54 textos, Calvino con su extensa y profunda obra Instituciones, y reconocido por muchos como el hombre más inteligentes de la reforma, Carlos H. Spurgeon, llamado el Príncipe de los Predicadores,   cuyos biógrafos sostienen que leía 6 libros por semana. Casiodoro de Reina y Cipriano Valera, eran monjes eruditos y poliglotas. Merced a sus esfuerzos muchos creyentes que aplauden la ignorancia y desprecian el saber, gozan y usufructúan una de las mejores versiones de la Biblia en Español.

Pablo insta a los hermanos de la iglesia de Roma, a una renovación del entendimiento, para hacer posible un no conformismo con las usanzas y estilos de vida de este mundo, quizá como lo diría Paul Tillish, a pasar del no ser al ser, de un estado cuasi vegetativo a una condición de vida cuya característica es la capacidad de pensar, aprender y cuestionar lo aprendido, de indagar y reflexionar, de atrevernos a disentir,  y controvertir.

Ello no significa hacer de la razón una diosa infalible al mejor estilo de los griegos, y tampoco creer que podemos por la vía del ejercicio intelectual dilucidar sobre todo y tener respuestas a todos los interrogantes de la vida. El ejercicio de la razón acepta que hay límites y que el misterio es probablemente más notorio que nuestras certezas. Pensar, reflexionar, aplicar la razón en aquello que nos sustrae y nos apasiona, es una noble tarea y probablemente la tarea más importante en la que podamos ocuparnos, pues el ejercicio práctico no puede caer en un vacío intelectual o funcionar divorciado de un por qué. De otro modo seria solo afán, dinamismo inútil y sin criterio.

Karl Barth, considerado como el mejor exponente de la teología protestante del siglo XX, afirma que nadie puede ampararse perezosamente en el Espíritu Santo para no estudiar, y que nadie sin cultura teológica debería estar en un pulpito. Con esto se está sugiriendo que no hay que orar, que la antigua costumbre de buscar en forma agonizante la presencia de Dios ha de ser  una práctica condenada al olvido. De ninguna manera. Lo que aquí se pretende afirmar es que el verdadero amor a Dios, implica consagrar a El nuestras facultades intelectuales y confiar en la dirección y auxilio  proveniente del Espíritu Santo, con el fin de que el pensamiento no divague en necias especulaciones o niegue las eternas verdades de la Biblia.

“Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu mente (Deuteronomio 6:5) En atención a este precepto bíblico, la mente del creyente ha de ser por la gracia de Dios, terreno fértil de reflexión, campo fecundo donde germine la ortodoxia y la orto praxis, hermanas gemelas que nunca podrán caminar por sendas opuestas.  

La mente, entendida como la facultad que Dios da al hombre para auscultar su entorno, para pensar y cuestionar, debe servir al quehacer del teólogo, como instrumento privilegiado, para advertir a la iglesia sobre enseñanzas erróneas, sobre ideas populistas pero disonantes, sobre falsos maestros. La falta de conocimiento genera las condiciones perfectas para la destrucción. Como lo expresa el escritor: “Mi pueblo fue destruido por falta de conocimiento”. 

El saber no es  enemigo del creer, la fe resiste el escrutinio y no impone una venda ni crea condiciones de ceguera, por el contrario  el uso disciplinado y humilde del razonamiento debe reafirmar la verdad que brilla en las Escrituras y diluir conceptos espurios, que no resisten un juicioso  análisis.

La eficacia del intelecto aplicado a la teología y a la vida del teólogo, deberá armonizar con una vida en donde el conocimiento y la virtud del entendimiento, ilumine el recto comportamiento  y señale el camino por el que todo creyente debe andar. De modo que se elimine la brecha entre conocer y vivir, entre creer y practicar.

lunes, 4 de abril de 2016

LA CEGUERA MORAL DEL CRISTIANISMO FRENTE AL MEDIO AMBIENTE



LA CEGUERA MORAL DEL CRISTIANISMO FRENTE AL MEDIO AMBIENTE

No existe la menor duda que Dios creo un mundo hermoso, poseedor de una belleza exuberante y una riqueza sin igual. La idea era tener el mejor escenario para que allí el hombre viviera en condiciones óptimas. Dios le encargo al hombre la administración y  el cuidado de su creación  esperando que este correspondiera con el encargo de administrarla  y a su vez le era permitido usufructuar aquel emporio de riqueza a fin de asegurar para si una existencia digna y placentera. 

Todo parece indicar que el pecado primigenio introdujo el caos en toda la esfera de la vida humana y la naturaleza sufrió las consecuencias. El hombre ha dejado de ser protector de la naturaleza para llegar a ser un deprador cruel e insaciable.

 La matanza de elefantes en el áfrica, tigres de bengala en la india, ballenas en los mares, por parte de Nipones y escandinavos, la deforestación ocasionada por los Franceses en Haití, la acelerada deforestación y la kilométrica perdida de selva en el territorio del Amazonas Brasilero, así como la explotación irracional de los recursos minerales en Colombia y el daño de dimensiones colosales a los recursos hídricos, a la fauna y a la flora , la emisión de gases tóxicos y su aporte al fenómeno de invernadero, y en los últimos tiempos el terrible impacto generado a partir de la extracción de los hidrocarburos , solo para citar algunos ejemplos, todo ello da buena cuenta de la falta de conciencia global . 

Acerca de esto es importante denunciar que los esfuerzos de las naciones altamente industrializadas, los países ricos, las potencias del primer mundo, y los grandes monopolios económicos e industriales, no pasan de ser esfuerzos hipócritas que casi siempre se agotan en el discurso, y en el mejor de los casos son semejantes a arrojar gotas de agua en el océano.  Y ante este   drama ¿cuál ha sido la posición de la inmensa mayoría de cristianos?

Tal parece que la única conclusión posible es que a los cristianos no les duele la herida mortal que se le ocasiona al medio ambiente, pues reina la indiferencia. No hay voces que protesten, manos que señalen, profecías que denuncien, la valentía de muchos pentecostales se agota en sus templos, los carismáticos reprenden al diablo, los Reformados y ultraconservadores  enarbolan con orgullo las banderas de su ortodoxia, pero estos y los otros tienen en común la cobardía y indiferencia frente a una naturaleza que gime, frente a un mundo que agoniza. Nada logra sacarlos de su letargo y siguen siendo solo espectadores de una creación que Dios puso bajo su cuidado, y que con ojos impávidos se cae a pedazos.

 Por esta razón entre muchas otras los cristianos en muchas partes del mundo ya no son una voz fuerte e impactante, han venido a ser un pedestal mudo, o un clarín de sonido incierto, una sal insípida, y una mortecina luz que ya no alumbra. La iglesia ha venido a ser cómplice con su silencio de la destrucción  y han dejado de ser pertinentes para el mundo. 

Las banderas que reclaman el cuidado del medio ambiente, el cuidado no da la “pachamama” sino de la tierra como creación  de Dios (Pues no podemos hacer objeto de adoración a lo creado sino que solo el creador debe ser reconocido como Dios), estaban en el suelo porque los cristianos las tiraron, han sido levantadas por los “creyentes de la Nueva Era” con su discurso etéreo, su sincretismo y sus antiguas prácticas chamanistas. 

Tal parece que pervive en muchos círculos cristianos una actitud escapista como el avestruz,  que oculta la cabeza en la arena creyendo que de este modo los problemas o amenazas dejan de existir. Hemos llevado fuera de contexto la posición de fe que nos enseña que nuestra patria es Celestial, interpretando en forma amañada, irresponsable  y caprichosa la Palabra. Así se pretende justificar la ausencia de acciones planeadas y concertadas y ejecutadas con eficacia a favor de la tierra que Dios les dio para que la cuidaran. 

En nuestro inmediatismo y ante el auge de posiciones apocalípticas extremas no podemos paralizarnos y esperar con pasmosa pasividad la destrucción o daño irreversible a la naturaleza. Esto equivale a tener una doble moral, pues aun los que enfatizan que no tiene caso hacer nada, porque la destrucción es inminente, todos los días comen, todos los días beben, todos los días respiran y aspiran a vivir en la mejor forma posible. 

¿A caso nuestros hijos y las generaciones futuras no tienen el mismo derecho que nosotros. Derecho a respirar un aire limpio, a beber una agua no contaminada, a nadar en ríos de aguas cristalinas y ha extasiarse contemplando la belleza incomparable de la creación?.

No son activistas de una u otra ideología los llamados a realizar esta tarea, somos nosotros como pueblo de Dios, como cristianos, como iglesia, a quienes nos corresponde el deber y privilegio de ser cuidadores y defensores de este mundo maravilloso que Dios nos ha dado como hogar temporal.

Oscar Albeiro Marulanda
oscar.marulanda@cenfortek.org