jueves, 16 de abril de 2015

LA ZONA DE CONFORT

La zona de confort se interpreta como la consabida tendencia a instalarnos, a buscar el acomodo y eliminar todo lo que implique un esfuerzo adicional o asumir algún riesgo. La persona que se mantiene en la zona de confort se identifica con facilidad. Ella ha construido los límites de su existencia, con los insumos derivados de sus rutinas, de la constante repetición de acciones, desarrollando sus actividades diarias de la misma forma, todo es predecible, todo es repetitivo. La novedad es prácticamente inexistente, al igual que el riesgo de asumir iniciativas. Quien vive o se instala en su zona de confort, prefiere la monotonía al riesgo de innovar, prefiere lo que conoce y domina antes que enfrentar el miedo de avanzar hacia otros horizontes, diferentes espacios, maneras distintas de pensar, de hablar y de vivir.
Shawn Achor, catedrático de Psicología de la Universidad de Harvard, tomando prestado un concepto de la química, utiliza el termino: “Energía de activación” con lo cual quiere demostrar que empezar a hacer algo, exige mayor energía que seguirlo haciendo cuando ya se ha iniciado, de este modo se entiende que resulta menos exigente vivir en la inercia que representa la zona de confort, que exigirnos el esfuerzo de generar cambios.
Se nos puede recomendar hasta el cansancio, acerca de la importancia de modificar los hábitos alimenticios, sobre la necesidad de hacer ejercicio físico y de este modo fortalecer el cardio o simplemente dedicar un poco más de atención a ciertos hábitos que afectan en forma negativa la salud, y sin embargo la resistencia al cambio, la inercia, el apego a la zona de confort , hace que todas las recomendaciones de otros y las buenas intenciones propias, naufraguen y estén lejos de plasmarse en la realidad.
Cuando el trabajo exige una cuota adicional de esfuerzo o la presentación de informes, algunos prefieren renunciar antes que encarar el cambio. Cuando el estudio se torna exigente, algunos acuden al “atajo” de hacer fraude en sus exámenes o pagar algún dinero a otro estudiante que elabore el trabajo de investigación en lugar nuestro, o aceptamos la propuesta de la universidad en pagar un costoso diplomado, y de ese modo evadir la incómoda exigencia de una tesis de grado. Casas enteras amenazan ruina por falta de mantenimiento, se posterga una y otra vez emprender acciones de mejoramiento en el hogar, hasta que este finalmente colapsa y se destruye. Nos quedamos con lo aprendido en la academia y poco a poco nuestros conocimientos van cayendo en obsolescencia, al punto que debemos ceder nuestro lugar a otro que tomo la iniciativa de actualizarse.
Esta situación se refleja en la vida de muchos creyentes y comunidades. Vemos pastores excesivamente obesos, “amantes” del colesterol y de los  excesos culinarios, sobrealimentados, sin que su gordura obedezca a alguna disfunción endocrina o sistémica, se trata tan solo de gula o vulgar glotonería, de holgazanería y falta de pudor frente a la exhibición de una panza de “cardenal”. Numerosos creyentes han hecho de la impuntualidad un rasgo distintivo de su personalidad, sobre todo si se trata de compromisos en el ministerio. Predicadores que ante la dificultad de desentrañar el sentido más profundo de las Escrituras, prefieren tomar para sí sermones del internet, huérfanos de profundidad y sin respeto por una adecuada exegesis. De otra parte encontramos iglesias adoradoras de sus rutinas, saben que evangelizar es un deber y un privilegio, pero con dificultad se mueven entre sus casas y el templo, como para salir al encuentro de la oveja perdida. Creyentes cuya conciencia se ha habituado tanto al pecado que ya no ejerce veeduría sobre su comportamiento y ello no es obstáculo para que salte y grite en los diferentes cultos y celebraciones. Están domesticados por sus hábitos y rutinas, que no les interesa modificar nada en sus vidas. Templos sucios y mal presentados, instrumentos mal ejecutados, líderes y maestros expertos en la improvisación.
Congregaciones que no planean, ni evalúan, simplemente viven del activismo y de las habilidades histriónicas de líderes que,  reemplazan orden, estudio, unción, por alboroto.
La zona de confort que pretende hacer más cómoda y tranquila nuestra vida, termina convirtiéndose en una red  que nos atrapa, y nos sumerge en el océano de la mediocridad, restándonos oportunidades de crecimiento, alejándonos de toda posibilidad de una vida con propósito y sentido, de una vida que pueda causar un verdadero y edificante impacto en la vida de los demás.
Pero todos poseemos una zona de confort. Tenemos en casa un viejo sofá donde acostumbramos a reposar luego de una dura jornada de trabajo, acostumbramos a ver los mismos programas de televisión, y nos gusta escuchar la misma música. Nos gusta ir con nuestra pareja al mismo parque, y sentarnos en la misma banca. Abra algo de malo en que disfrutemos más el silencio de los campos que el bullicio y smog de la ciudad? Diremos entonces que existen rutinas que no afectan ni empobrecen necesariamente? Es posible. Pero de lo que no existe la menor duda es que estamos en la obligación de revisar a fondo nuestra zona o zonas de confort, y determinar con la mayor objetividad posible aquellas a las que debemos rebelarnos, romperlas, salir de ellas con celeridad y determinación.
En la Biblia encontramos ejemplos que ilustran esta particular tendencia. El evangelista Lucas (Lucas 9:33) enseña a Pedro exaltado de emoción, diciéndole a Jesús que se instalen en lo alto del monte. Pedro veía en aquel lugar y en esta circunstancia las condiciones más deseables para establecerse, pero los planes de Jesús apuntaban en otra dirección. Israel en el desierto deplora la pérdida de su zona de confort (Egipto), ante las dificultades y nuevos desafíos que enfrentaban, en su viaje a la tierra prometida (Canaán).
Pedro y Andrés, y los hijos del trueno, Jacobo y Juan, abandonaron las barcas y las redes, para encaminar sus pasos siguiendo las huellas de Jesús. Es muy seguro que el mundo nunca hubiera conocido de ellos, de sus hazañas como hombres de mar, o de sus logros como pescadores, pero sus nombres brillan en la historia como aquellos primeros discípulos, quienes con el resto de los doce, dieron inicio a la fe cristiana y con ello se transformó para siempre el destino de la humanidad. Se atrevieron a salir de su zona de confort, a generar cambios radicales, a vivir con Jesús la más maravillosa experiencia de sus vidas.
Saulo de Tarso, ostentoso de su origen, con una situación económica solvente, con prestigio social, con un lugar prominente entre los fariseos, abandono los límites de su zona de confort, para pasar de ser perseguidor a perseguido, lo abandono todo para obtener lo mejor.
En Filipenses 2:7 Pablo nos ilustra acerca de la kenosis de Jesús. Siendo el unigénito del Padre, compartiendo Su Gloria, se despojó a sí mismo, siendo Rey asumió entre nosotros forma de siervo, y en esa condición, el que no cometió pecado, acepto llevar en la cruz nuestros pecados. No existe mejor ejemplo que este. Merced a ello hay salvación, en virtud de su denodado esfuerzo y máximo sacrificio, los que hemos creído en él, sabemos ciertamente que Jesús venció la muerte, y no existe muerte sin resurrección.  
  
Por lo anterior, te animo a tener en cuenta estas sencillas recomendaciones:
ü  Revisa si eres amable o coquet@ en el trato con el sexo opuesto
ü  Revisa si encaras con responsabilidad y animo desafiante tus responsabilidades diarias
ü  Revisa si en casa hay relaciones para mejorar, conductas que ameritan ser modificadas, faltas que débenos perdonar o por las cuales pedir perdón.
ü  Revisa si cuidas con esmero y diligencia de tu salud, y empieza cuanto antes un programa de prevención y/o mejoramiento
ü  Determina con el favor de Dios, modificar tus hábitos perniciosos
ü  Determina con la dirección de Dios, ser un ministro fiel y competente, que se esfuerza en ser aprobado por el Señor, en lo que es y hace para Su servicio.
ü  Comienza esa dieta que vienes de tiempo atrás aplazando
ü  Exprésale tus afectos a tu espos@ e hij@s, sin esperar la llegada de eventos o fechas especiales
ü  Mejora tus habilidades en aquello que haces en forma mediocre (manejo de la ortografía, computador, inglés, un instrumento u otro)
ü  Prepara a conciencia tus estudios bíblicos, clases, o sermones.
ü  Mejora tu estado físico, implementando una rutina diaria de ejercicio.
ü  Incrementa tu tiempo de oración.
ü  Aprovecha cualquier oportunidad para compartir el evangelio a amigos, vecinos o compañeros de estudio o de trabajo.
ü  Busca la ayuda necesaria para superar tus miedos.
ü  Has un curso para aprender a nadar, y la próxima vez que vayas a la playa disfrutaras mucho más tus vacaciones
ü  Estrecha más tus relaciones fraternales con algunos hermanos con los que tienes muy poco contacto.
ü  Anímate a compartir tu testimonio de conversión a quienes consideres oportuno, contando con una versión corta y resumida para eventos especiales.
ü  Memoriza más pasajes de la Biblia y procura alcanzar la mayor comprensión de su significado. La mayoría de los textos bíblicos que recitamos de memoria los aprendimos en el primer año de vida cristiana.
ü  Explora alternativas legítimas que te permitan evitar fugas económicas y mejorar tu economía. Luces encendidas donde no se necesitan, goteo continuo por falta de mantenimiento, gastos superfluos y emocionales, pueden generar iliquidez, pero a su vez muchos, con algo de ingenio pueden hacer que sus casa generen un valor agregado, si se sabe aprovechar su estratégica ubicación para iniciar un negocio de familia.

Acepta el desafío de resignificar tu vida, romper hábitos y costumbres,salir de tu zona de confort y establecer nuevas y productivas maneras de pensar y de actuar. Permite que Dios encamine tus pasos en dirección a los cambios que Él quiere obrar en tu vida. Nuestro Dios quiere que tu vida sea como la luz de la aurora, que tu vida avance, crezca, se desarrolle y de abundante fruto, para honra y gloria de Su Nombre. 

O.A.M.
oscar.marulanda@cenfortek.org 







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