LA ZONA DE CONFORT
La zona de
confort se interpreta como la consabida tendencia a instalarnos, a buscar el
acomodo y eliminar todo lo que implique un esfuerzo adicional o asumir algún
riesgo. La persona que se mantiene en la zona de confort se identifica con
facilidad. Ella ha construido los límites de su existencia, con los insumos
derivados de sus rutinas, de la constante repetición de acciones, desarrollando
sus actividades diarias de la misma forma, todo es predecible, todo es
repetitivo. La novedad es prácticamente inexistente, al igual que el riesgo de
asumir iniciativas. Quien vive o se instala en su zona de confort, prefiere la
monotonía al riesgo de innovar, prefiere lo que conoce y domina antes que enfrentar
el miedo de avanzar hacia otros horizontes, diferentes espacios, maneras
distintas de pensar, de hablar y de vivir.
Shawn Achor,
catedrático de Psicología de la Universidad de Harvard, tomando prestado un
concepto de la química, utiliza el termino: “Energía de activación” con lo cual
quiere demostrar que empezar a hacer algo, exige mayor energía que seguirlo
haciendo cuando ya se ha iniciado, de este modo se entiende que resulta menos
exigente vivir en la inercia que representa la zona de confort, que exigirnos
el esfuerzo de generar cambios.
Se nos puede
recomendar hasta el cansancio, acerca de la importancia de modificar los hábitos
alimenticios, sobre la necesidad de hacer ejercicio físico y de este modo
fortalecer el cardio o simplemente dedicar un poco más de atención a ciertos hábitos
que afectan en forma negativa la salud, y sin embargo la resistencia al cambio,
la inercia, el apego a la zona de confort , hace que todas las recomendaciones
de otros y las buenas intenciones propias, naufraguen y estén lejos de
plasmarse en la realidad.
Cuando el
trabajo exige una cuota adicional de esfuerzo o la presentación de informes,
algunos prefieren renunciar antes que encarar el cambio. Cuando el estudio se
torna exigente, algunos acuden al “atajo” de hacer fraude en sus exámenes o
pagar algún dinero a otro estudiante que elabore el trabajo de investigación en
lugar nuestro, o aceptamos la propuesta de la universidad en pagar un costoso
diplomado, y de ese modo evadir la incómoda exigencia de una tesis de grado.
Casas enteras amenazan ruina por falta de mantenimiento, se posterga una y otra
vez emprender acciones de mejoramiento en el hogar, hasta que este finalmente colapsa
y se destruye. Nos quedamos con lo aprendido en la academia y poco a poco
nuestros conocimientos van cayendo en obsolescencia, al punto que debemos ceder
nuestro lugar a otro que tomo la iniciativa de actualizarse.
Esta
situación se refleja en la vida de muchos creyentes y comunidades. Vemos
pastores excesivamente obesos, “amantes” del colesterol y de los excesos culinarios, sobrealimentados, sin que
su gordura obedezca a alguna disfunción endocrina o sistémica, se trata tan
solo de gula o vulgar glotonería, de holgazanería y falta de pudor frente a la
exhibición de una panza de “cardenal”. Numerosos creyentes han hecho de la impuntualidad
un rasgo distintivo de su personalidad, sobre todo si se trata de compromisos
en el ministerio. Predicadores que ante la dificultad de desentrañar el sentido
más profundo de las Escrituras, prefieren tomar para sí sermones del internet,
huérfanos de profundidad y sin respeto por una adecuada exegesis. De otra parte
encontramos iglesias adoradoras de sus rutinas, saben que evangelizar es un
deber y un privilegio, pero con dificultad se mueven entre sus casas y el
templo, como para salir al encuentro de la oveja perdida. Creyentes cuya
conciencia se ha habituado tanto al pecado que ya no ejerce veeduría sobre su
comportamiento y ello no es obstáculo para que salte y grite en los diferentes
cultos y celebraciones. Están domesticados por sus hábitos y rutinas, que no
les interesa modificar nada en sus vidas. Templos sucios y mal presentados,
instrumentos mal ejecutados, líderes y maestros expertos en la improvisación.
Congregaciones
que no planean, ni evalúan, simplemente viven del activismo y de las
habilidades histriónicas de líderes que,
reemplazan orden, estudio, unción, por alboroto.
La zona de
confort que pretende hacer más cómoda y tranquila nuestra vida, termina
convirtiéndose en una red que nos atrapa,
y nos sumerge en el océano de la mediocridad, restándonos oportunidades de
crecimiento, alejándonos de toda posibilidad de una vida con propósito y
sentido, de una vida que pueda causar un verdadero y edificante impacto en la
vida de los demás.
Pero todos
poseemos una zona de confort. Tenemos en casa un viejo sofá donde acostumbramos
a reposar luego de una dura jornada de trabajo, acostumbramos a ver los mismos
programas de televisión, y nos gusta escuchar la misma música. Nos gusta ir con
nuestra pareja al mismo parque, y sentarnos en la misma banca. Abra algo de
malo en que disfrutemos más el silencio de los campos que el bullicio y smog de
la ciudad? Diremos entonces que existen rutinas que no afectan ni empobrecen
necesariamente? Es posible. Pero de lo que no existe la menor duda es que
estamos en la obligación de revisar a fondo nuestra zona o zonas de confort, y
determinar con la mayor objetividad posible aquellas a las que debemos
rebelarnos, romperlas, salir de ellas con celeridad y determinación.
En la Biblia
encontramos ejemplos que ilustran esta particular tendencia. El evangelista
Lucas (Lucas 9:33) enseña a Pedro exaltado de emoción, diciéndole a Jesús que
se instalen en lo alto del monte. Pedro veía en aquel lugar y en esta
circunstancia las condiciones más deseables para establecerse, pero los planes
de Jesús apuntaban en otra dirección. Israel en el desierto deplora la pérdida
de su zona de confort (Egipto), ante las dificultades y nuevos desafíos que
enfrentaban, en su viaje a la tierra prometida (Canaán).
Pedro y Andrés,
y los hijos del trueno, Jacobo y Juan, abandonaron las barcas y las redes, para
encaminar sus pasos siguiendo las huellas de Jesús. Es muy seguro que el mundo
nunca hubiera conocido de ellos, de sus hazañas como hombres de mar, o de sus
logros como pescadores, pero sus nombres brillan en la historia como aquellos
primeros discípulos, quienes con el resto de los doce, dieron inicio a la fe
cristiana y con ello se transformó para siempre el destino de la humanidad. Se
atrevieron a salir de su zona de confort, a generar cambios radicales, a vivir
con Jesús la más maravillosa experiencia de sus vidas.
Saulo de Tarso,
ostentoso de su origen, con una situación económica solvente, con prestigio
social, con un lugar prominente entre los fariseos, abandono los límites de su
zona de confort, para pasar de ser perseguidor a perseguido, lo abandono todo
para obtener lo mejor.
En
Filipenses 2:7 Pablo nos ilustra acerca de la kenosis de Jesús. Siendo el unigénito
del Padre, compartiendo Su Gloria, se despojó a sí mismo, siendo Rey asumió
entre nosotros forma de siervo, y en esa condición, el que no cometió pecado,
acepto llevar en la cruz nuestros pecados. No existe mejor ejemplo que este.
Merced a ello hay salvación, en virtud de su denodado esfuerzo y máximo
sacrificio, los que hemos creído en él, sabemos ciertamente que Jesús venció la
muerte, y no existe muerte sin resurrección.
Por lo
anterior, te animo a tener en cuenta estas sencillas recomendaciones:
ü Revisa si eres amable o coquet@ en el
trato con el sexo opuesto
ü Revisa si encaras con responsabilidad
y animo desafiante tus responsabilidades diarias
ü Revisa si en casa hay relaciones para
mejorar, conductas que ameritan ser modificadas, faltas que débenos perdonar o
por las cuales pedir perdón.
ü Revisa si cuidas con esmero y
diligencia de tu salud, y empieza cuanto antes un programa de prevención y/o
mejoramiento
ü Determina con el favor de Dios,
modificar tus hábitos perniciosos
ü Determina con la dirección de Dios,
ser un ministro fiel y competente, que se esfuerza en ser aprobado por el
Señor, en lo que es y hace para Su servicio.
ü Comienza esa dieta que vienes de
tiempo atrás aplazando
ü Exprésale tus afectos a tu espos@ e
hij@s, sin esperar la llegada de eventos o fechas especiales
ü Mejora tus habilidades en aquello que
haces en forma mediocre (manejo de la ortografía, computador, inglés, un
instrumento u otro)
ü Prepara a conciencia tus estudios
bíblicos, clases, o sermones.
ü Mejora tu estado físico,
implementando una rutina diaria de ejercicio.
ü Incrementa tu tiempo de oración.
ü Aprovecha cualquier oportunidad para
compartir el evangelio a amigos, vecinos o compañeros de estudio o de trabajo.
ü Busca la ayuda necesaria para superar
tus miedos.
ü Has un curso para aprender a nadar, y
la próxima vez que vayas a la playa disfrutaras mucho más tus vacaciones
ü Estrecha más tus relaciones
fraternales con algunos hermanos con los que tienes muy poco contacto.
ü Anímate a compartir tu testimonio de
conversión a quienes consideres oportuno, contando con una versión corta y
resumida para eventos especiales.
ü Memoriza más pasajes de la Biblia y procura
alcanzar la mayor comprensión de su significado. La mayoría de los textos
bíblicos que recitamos de memoria los aprendimos en el primer año de vida
cristiana.
ü Explora alternativas legítimas que te
permitan evitar fugas económicas y mejorar tu economía. Luces encendidas donde
no se necesitan, goteo continuo por falta de mantenimiento, gastos superfluos y
emocionales, pueden generar iliquidez, pero a su vez muchos, con algo de
ingenio pueden hacer que sus casa generen un valor agregado, si se sabe
aprovechar su estratégica ubicación para iniciar un negocio de familia.
Acepta el desafío
de resignificar tu vida, romper hábitos y costumbres,salir de tu zona de confort y establecer nuevas y
productivas maneras de pensar y de actuar. Permite que Dios encamine tus pasos
en dirección a los cambios que Él quiere obrar en tu vida. Nuestro Dios quiere
que tu vida sea como la luz de la aurora, que tu vida avance, crezca, se
desarrolle y de abundante fruto, para honra y gloria de Su Nombre.
O.A.M.
oscar.marulanda@cenfortek.org
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