miércoles, 11 de marzo de 2015

LA ALEGRIA COMO SIGNO DE ESPERANZA


La alegría como signo de esperanza

 “El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos” Prov.17:22
La ciencia parece estar en pleno acuerdo con el escritor de proverbios, por cuanto el  ánimo al decir de los entendidos es señal de buena salud y constituye un elemento que coadyuva al mejoramiento de nuestras condiciones físicas. Los médicos nos hablan de liberación de hormonas de la felicidad y sustancias que se excretan motivadas por la alegría dando como resultado la disminución del dolor, el fortalecimiento de la salud, y del sistema inmunológico encargado de repeler los ataques de agentes patógenos o infecciosos.

La alegría a la cual nos invita el Señor, no es aquella que se fundamenta en logros pasajeros, o en el efímero alborozo que proviene de sonoros aplausos, fama o por la vía de la adquisición de bienes de consumo.

La verdadera alegría hay que encontrarla a partir del significado de la palabra “Shalom” el cual es un término globalizante, es decir que encierra en sí mismo varios conceptos.
La palabra Shalom utilizada como saludo expresa el deseo de salud, armonía, reposos interior, equilibrio en las emociones, armonía.

La raíz lingüística de Shalom se vincula con le-shalem alechim, que significa «completar, retribuir, compensar». Por eso se puede decir que no es sólo la ausencia de conflicto o la desaparición de hostilidad, sino que el Shalom significa también un retorno al equilibrio, a la justicia y la igualdad integral.(Enciclopedia libre Wikipedia)

No es para nada cierto que la santidad en la vida del creyente se externaliza a través de un rostro endurecido, cuando es justamente lo contrario, es en esa armonía en la relación que se tiene con Dios y con el prójimo donde aflora la alegría a través de una sonrisa.La alegría que viene como resultado del equilibrio y congruencia entre la fe que profesamos, los principios en los que creemos, la doctrina que impartimos frente a la vida diaria, la observancia y practica de nuestras creencias, cuando de la mano del Señor fe y vida se identifican como una sola, palabra y hechos caminan por la misma senda, y no existe una brecha significativa entre  lo que predicamos  y la visibilidad de una vida regida por la Palabra. La alegría entonces es el acto que revela la tranquilidad del espíritu que goza de paz con Dios.

Latinoamérica es un continente signado por grandes contrastes, de una parte grandes riquezas representadas en recursos minerales, producción de  insumos para las poderosas empresas euroasiáticas y americanas, y de otra parte el duro rostro de la pobreza extrema,  falta de equidad en la distribución de la riqueza, la profunda brecha entre ricos y pobres, los estragos de gobiernos dictatoriales y opresores, las falsas democracias, la mordaza a la libertad del pensamiento. 

Nuestras comunidades no son ajenas a estas adversas circunstancias, pero por encima de todo ello basta con mirar lo que acontece en las diferentes reuniones eclesiales, para observar la alegría, la esperanza. Corazones que se resisten al odio y no ceden el paso al contagioso pesimismo.

La alegría del pueblo de Dios, debe ser señal que indique la presencia de una fe genuina, de vidas que no se rigen por las circunstancias, y que más allá de las circunstancias han aprendido a encontrar en las cosas más pequeñas de la vida, motivos suficientes para bendecir y agradecer a Dios. Cuanto tienen que aprender nuestros hermanos Americanos, los que arrojan toneladas de alimento a la basura, los que invierten millones de dólares en casas de juego, en lujos   e inútiles accesorios, quizás tratando de llenar su vacío existencial con cursilerías costosas.

El pueblo de Dios en todos los confines de la tierra, debe encontrar en la dinámica de la fe, en la grandiosidad de saber que Dios nos ama, en la certeza de que Dios es fiel, en la esperanza del carácter finito de nuestros sufrimientos y aflicciones, motivos poderosos para sonreír aun en medio de las adversidades y conservar serena alegría no mirando las circunstancias sino fijándonos en el amplio horizonte de nuestra esperanza eterna.  

O.A.M.
 “El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos” Prov.17:22
La ciencia parece estar en pleno acuerdo con el escritor de proverbios, por cuanto el  ánimo al decir estras condiciones físicas. Los médicos nos hablan de liberación de hormonas de la felicidad y sustancias que se excretan motivadas por la alegría dando como resultado la disminución del dolor, el fo

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