La alegría como
signo de esperanza
“El corazón alegre constituye buen remedio;
Mas el espíritu triste seca los huesos” Prov.17:22
La ciencia parece
estar en pleno acuerdo con el escritor de proverbios, por cuanto el ánimo al decir de los entendidos es señal de
buena salud y constituye un elemento que coadyuva al mejoramiento de nuestras
condiciones físicas. Los médicos nos hablan de liberación de hormonas de la
felicidad y sustancias que se excretan motivadas por la alegría dando como
resultado la disminución del dolor, el fortalecimiento de la salud, y del sistema
inmunológico encargado de repeler los ataques de agentes patógenos o infecciosos.
La alegría a
la cual nos invita el Señor, no es aquella que se fundamenta en logros
pasajeros, o en el efímero alborozo que proviene de sonoros aplausos, fama o
por la vía de la adquisición de bienes de consumo.
La verdadera alegría
hay que encontrarla a partir del significado de la palabra “Shalom” el cual es
un término globalizante, es decir que encierra en sí mismo varios conceptos.
La palabra Shalom
utilizada como saludo expresa el deseo de salud,
armonía, reposos interior, equilibrio en las emociones, armonía.
La raíz lingüística de Shalom se vincula con le-shalem alechim, que
significa «completar, retribuir, compensar». Por eso se puede decir que no es
sólo la ausencia de conflicto o la desaparición de hostilidad, sino que el Shalom significa
también un retorno al equilibrio, a la justicia y la igualdad integral.(Enciclopedia libre Wikipedia)
No es para nada cierto que la santidad en la vida del
creyente se externaliza a través de un rostro endurecido, cuando es justamente
lo contrario, es en esa armonía en la relación que se tiene con Dios y con el prójimo
donde aflora la alegría a través de una sonrisa.La alegría que viene como
resultado del equilibrio y congruencia entre la fe que profesamos, los
principios en los que creemos, la doctrina que impartimos frente a la vida
diaria, la observancia y practica de nuestras creencias, cuando de la mano del
Señor fe y vida se identifican como una sola, palabra y hechos caminan por la
misma senda, y no existe una brecha significativa entre lo que predicamos y la visibilidad de una vida regida por la
Palabra. La alegría entonces es el acto que revela la tranquilidad del espíritu
que goza de paz con Dios.
Latinoamérica es un continente signado por
grandes contrastes, de una parte grandes riquezas representadas en recursos
minerales, producción de insumos para
las poderosas empresas euroasiáticas y americanas, y de otra parte el duro
rostro de la pobreza extrema, falta de
equidad en la distribución de la riqueza, la profunda brecha entre ricos y
pobres, los estragos de gobiernos dictatoriales y opresores, las falsas
democracias, la mordaza a la libertad del pensamiento.
Nuestras comunidades no
son ajenas a estas adversas circunstancias, pero por encima de todo ello basta
con mirar lo que acontece en las diferentes reuniones eclesiales, para observar
la alegría, la esperanza. Corazones que se resisten al odio y no ceden el paso
al contagioso pesimismo.
La alegría del pueblo de Dios, debe ser señal
que indique la presencia de una fe genuina, de vidas que no se rigen por las
circunstancias, y que más allá de las circunstancias han aprendido a encontrar
en las cosas más pequeñas de la vida, motivos suficientes para bendecir y
agradecer a Dios. Cuanto tienen que aprender nuestros hermanos Americanos, los
que arrojan toneladas de alimento a la basura, los que invierten millones de dólares
en casas de juego, en lujos e inútiles accesorios, quizás tratando de
llenar su vacío existencial con cursilerías costosas.
El pueblo de Dios en todos los confines de la
tierra, debe encontrar en la dinámica de la fe, en la grandiosidad de saber que
Dios nos ama, en la certeza de que Dios es fiel, en la esperanza del carácter finito
de nuestros sufrimientos y aflicciones, motivos poderosos para sonreír aun en
medio de las adversidades y conservar serena alegría no mirando las circunstancias
sino fijándonos en el amplio horizonte de nuestra esperanza eterna.
O.A.M.
“El corazón alegre constituye buen remedio;
Mas el espíritu triste seca los huesos” Prov.17:22
La ciencia parece
estar en pleno acuerdo con el escritor de proverbios, por cuanto el ánimo al decir estras
condiciones físicas. Los médicos nos hablan de liberación de hormonas de la
felicidad y sustancias que se excretan motivadas por la alegría dando como
resultado la disminución del dolor, el fo
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