viernes, 13 de febrero de 2015

Dietrich BonhoefferTeólogo y Pastor Luterano. Nació el 4 de Febrero de 1906 en  Breslau (Alemania y murió ajusticiado en el campo de concentración de Flossenbürg el 9 de Abril de 1945. Durante su cautiverio escribió numerosas cartas, entre las que se destaca, “resistencia y sumisión

Su pensamiento ha tenido una fuerte influencia en la teologìa hasta nuestros días.

Autoridad pastoral sólo podrá hallarla aquel servidor de Jesús que no busca su propia autoridad; aquel que, sometido a la autoridad de la palabra de Dios, es un hermano entre los hermanos. Dietrich Bonhoeffer


Cuando hace pocos días, el mundo conoció la noticia de la canonización del ilustre Salvadoreño, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, uno de los hombres que se constituye en un valioso referente de la fe en América Latina y  víctima de un sistema totalitario, me animo a escribir unas pocas líneas sobre uno de los más destacados teólogos modernos, y cuyo pensamiento y aportes, ha sido poco difundido y estudiado en   las instituciones teológicas. ¿Sera un olvido involuntario o quizá se trata de impedir que se discutan  obsoletos paradigmas y en lugar de ello, le sigamos rindiendo culto a conceptos e interpretaciones de la fe,  arraigadas en  viciadas prácticas de la religión?

Hace cerca de 75 años se silenció la voz de un hombre recio y rectilíneo, que procuro articular pensamiento y vida, un hombre de gran estatura intelectual solo paralela a la sencillez y bondad que fácilmente se perciben en sus  numerosos escritos.
Bonhoeffer, situó su reflexión teológica en un contexto de crisis del cristianismo de su época. Un cristianismo legitimador de los abusos del poder, y como muchos estudiosos lo han afirmado, un cristianismo aburguesado y muy seguramente, como si se tratara de nuestro tiempo, un cristianismo irrelevante.

“La iglesia sólo es iglesia cuando existe para los demás. Para empezar, debe dar a los indigentes todo cuanto posee. (...) La iglesia ha de colaborar en las tareas profanas de la vida social humana, no dominando, sino ayudando y sirviendo. Ha de manifestar a los hombres de todas las profesiones lo que es una vida con Cristo, lo que significa ser para los demás.” 
―Dietrich Bonhoeffer


En este teólogo alemán, se aprecia el interés por dialogar desde la fe, y más aun desde la concepción de Cristo, con las realidades cotidianas. No existe posibilidad alguna, 
Para Bonhoeffer de separar la religión de la vida. Es así que la teología trasciende del escritorio 
a las calles, a la sociedad signada por realidades que ofenden por su hipocresía, una iglesia arrodillada ante un déspota, escenarios de rabia, dolor, injusticia, atropello  a la dignidad en cualquiera de sus formas.

El eje del quehacer teológico de muchos, y de no pocos establecimientos de educación teológica, se enquista en la actitud contemplativa de un Cristo y una reflexión de las verdades bíblicas atrapadas en papel y tinta o en intrascendentes discursos dogmáticos. Con Bonhoeffer la teología muestra su rostro y dialoga con el hombre concreto, con su singularidad, con sus angustias colectivas, con sus expectativas y sueños.

Plantea una Cristología que rompe con los esquemas estáticos tradicionales. Por ello nos interpele con este interrogante: “¿Quién es Cristo para nosotros hoy?”. No es difícil arriesgar una respuesta desde la óptica de la adormecida iglesia de hoy. Cristo es el que se sacrificó en la cruz y derramo su sangre para abrirnos camino al cielo, Cristo es el milagroso proveedor a todas nuestras necesidades, Cristo y su Sangre es la salvaguarda contra los ataques de diablos y demonios, Cristo es un recuerdo y una reflexión. El problema de cualquiera de estas respuestas fragmentarias, consiste desde la apreciación de Bonhoeffer en que ya no comunican lo que en principio Cristo significaba para los hombres. Invocar a Cristo hoy es fácil, cualquier religioso lo puede hacer a garganta herida, pero en otros tiempos de la historia, cuando sus pisadas estaban frescas sobre las tierras de Palestina, confesar a Cristo podría marcar la diferencia ente vivir o  morir cruelmente. El facilismo que propone hoy seguir a Cristo no interpele a Cristo, como si a quienes lo confiesan de una manera vacía. Sin compromiso con la vida, sin mostrar la humildad del Carpintero, ni la sinceridad del Mesías que no teme a Herodes y le llama ”Zorra”, el cristianismo de hoy salvas excepciones, presenta una cristología tan carente de sentido, tan vacua,  etérea y distante de la realidad de marginalidad y pobreza en el que trascurre la vida de tantos miles de hombres y mujeres, que pasan bajo la mirada indiferente de los levitas y sacerdotes de nuestro tiempo.


A las iglesias constituida por masas ignorantes, cuya vida se alimenta de descargas emocionales desde el púlpito, promesas fanfarronas de prosperidad por la  vía facilista de declaraciones proféticas: “La riqueza viene a mí”, cuando Pablo con verdadera autoridad apostólica, y no como esto bufones, dice: “El que no trabaje que no coma”. Este tipo de iglesia sin una sana teología, donde más que reflexión teológica, seguía por revelaciones individuales, y por corrientes y modas, genera lastima y preocupación.
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Bonhoeffer nos permite apreciar el daño que hace a la vivencia de la fe, el exagerado énfasis en el individualismo: Dios y Yo. Esta postura religiosa pierde totalmente de vista al que está a mi lado, al hermano, a la comunidad. La piedad metafísica de “Mi Dios y Yo” nos hace olvidar la implicaciones comunitarias de la salvación, y el compromiso con el hoy y no solo con el mañana, la justa apreciación y compromiso con mi tiempo y con mi historia y no solo la contemplación de la eternidad.

La cristología tradicional  plantea a un Dios aislado tratando con hombres aislados, la cristología en Bonhoeffer, redescubre a Cristo, como Dios-hombre que desciende en el Kairos perfecto al  encuentro desde su eternal morada, con hombres a quienes forma en iglesia y los convoca a vivir en comunidad.

Termino citando a mi buen amigo y teólogo, Luis Eduardo Cantero, quien afirma: 
“El objetivo de la gran mayoría de las iglesias cristianas de hoy con sus diversas mutaciones, no es ya la formación integral del ser humano hacia la vida trascendental, sino crear personas competitivas, cuantas más siembre dinero mucho mejor. La competitividad se torna el único evangelio que se predica en la religión del mercado. Este evangelio cuenta con evangelistas, teólogos, teólogas, pastores, sacerdotes, etc. …” (Dietrich Bonhoeffer: Defensor de la Justicia y la Paz)

1 comentario:

  1. Buen aporte al quehacer teológico latinoamericano. Felicitaciones mi estimado amigo Oscar Albeiro Marulanda.

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Sus comentarios y aportes son dignos de mi màs alta consideraciòn.