TIEMPO DE REFLEXIÓN
Los
noticieros y los diarios están inmersos en un solo tema; la pandemia que azota
a la humanidad denominada Coronavirus, que algunos califican como "tercera
guerra mundial”
Es en este
entorno de desasosiego, temor e incertidumbre que, generada la posibilidad de
ser cercados por la muerte, pareciera que los valores vuelven a establecerse en
el sentido y orden original del que nunca debieron haberse cambiado.
La vida
llega a ser más importante que el dinero
La familia
recupera su valor por encima de los compinches y compañeros de rumba, desenfreno
y locura.
El reposo,
aunque por obligación reemplaza el activismo y la hipermovilidad propia del
siglo XXI
Invertir en
alimentos viene a ser más importante que gastar el dinero en licor, consumismo,
lujo y vanidad.
El grato
silencio reemplaza el ruido infernal de las bocinas de los carros, la
estridencia de los equipos de sonido y la gritería y bullicio de las calles
Y Dios que yacía
en el olvido, y era mirado con desdén e indiferencia, llega a constituirse en
el centro y motivo principal de incesante búsqueda.
De un modo drástico
y sin previo aviso, el ser humano se enfrenta ante la cruda realidad de su
fragilidad, de sus limitaciones y hasta de su ignorancia, Dios vive y el ateísmo
pierde adeptos, los más fuertes tiemblan ante el ataque traicionero e
implacable de un diminuto virus, los sabios y doctos se quedan atónitos y sin
respuestas, los engreídos, altivos y soberbios, buscan por doquier
Señales de
esperanza.
Qué extraña
manera de ser la nuestra, es como si el silbo apacible dl amor de Dios no
alcanzara para citar la atención de pueblos, razas y naciones, hasta que suena
la trompeta del dolor y el sufrimiento, y como estruendoso trueno nos hace
temblar y reconocer
Que no somos
tan fuertes
Que no somos tan sabios
Que las
malas amistades son inútiles
Y
Que Dios
sigue siendo Dios, fuente inmarcesible de esperanza, refugio de quien con
humildad le busca
Y amoroso
Padre que recibe con besos y celebra con fiesta en los cielos, la llegada a
casa del hijo arrepentido
Y la oveja número
cien, que hacía falta en el redil.
Gracias
demos a Dios por su fidelidad. Acerquémonos a Él con corazón humilde y Él se acercará
a nosotros,
Devolvámosle
a El el trono de nuestra vida,
Abandonemos
nuestra condición de huérfanos para así vivir en plenitud, la feliz experiencia
de ser sus muy amados hijos.
OSCAR
ALBEIRO MARULANDA
+573041291488
Hace pocos días, la preocupación de la gente y de los gobiernos eran las protestas callejeras, que en algún sentido afectó a la economía. Hoy la preocupación es el coronavirus que nos obliga a todos a estar encerrados en casa. En tan breve tiempo, qué contraste. De un extremo a otro: En un tiempo unos tratando a hacer daño a otros a todos tratando de cuidarnos unos a otros.
ResponderEliminarAsi es. Es un contraste dramatico
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