EL ESTIGMA DEL RACISMO
Comencemos por señalar en forma radical que toda actitud
racista es irracional, anti bíblica y herética. El racismo es antiguo en su
origen, se da en forma oculta o subrepticia y en otros casos se externaliza
mediante chistes cargados de prejuicios, otras veces se desborda en actos de
violencia y muerte, y en otros casos es tolerado con marcada hipocresía.
La Biblia proclama a
Dios como creador del hombre, la Biblia afirma el amor de Dios hacia toda la
humanidad, por tanto todo aquel que exprese con palabras o hechos lo contrario,
niega a Dios y contradice Su Palabra incurriendo en rebeldía y pecado contra Dios.
El racismo representa una de las mayores vergüenzas de una
sociedad. Vemos en los anales de la historia épocas oscuras como las vividas en
Norteamérica, cuando los estados y las iglesias blancas del Sur, segregaban a
los negros, asumiendo que estos eran seres inferiores. Me resulta inimaginable
que tantas personas alcancen niveles tan altos de estupidez, y peor aún que
todavía existan personas en este mundo y en nuestra sociedad, que se crean en
el derecho de enarbolar la bandera del odio y la segregación hacia aquellos a
quienes considera carentes de dignidad y del derecho de vivir, por el color
oscuro de su piel.
Consideremos el siguiente comentario:
Entre 1870 y 1970, el sur de EEUU vivió uno de
los períodos más vergonzosos de la historia de este país. Abolida la esclavitud
e influidos por las ideologías racistas antinegro se crea un sistema de
segregación racial en el que los blancos nórdicos establecieron su supremacía
sobre negros e hispanos.
Después de la Guerra Civil (1861-1865) los estados del sur resentidos por su derrota redactaron una serie de leyes para discriminar a los hombres de color. Este fenómeno se llamó eufemísticamente de “reconstrucción”. El proceso fue tan intenso y extenso que hacia 1877, con la elección de Rutherford Hayes como 19th presidente de los EE.UU., la discriminación y el racismo era habitual en ciudades como Nueva York, Boston, Detroit y Chicago.
Como los estados no podían eliminar los derechos de los negros al estar garantizados por la constitución, se usó el término de “segregación” con el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales). (05racismo.blogspot.com)
Después de la Guerra Civil (1861-1865) los estados del sur resentidos por su derrota redactaron una serie de leyes para discriminar a los hombres de color. Este fenómeno se llamó eufemísticamente de “reconstrucción”. El proceso fue tan intenso y extenso que hacia 1877, con la elección de Rutherford Hayes como 19th presidente de los EE.UU., la discriminación y el racismo era habitual en ciudades como Nueva York, Boston, Detroit y Chicago.
Como los estados no podían eliminar los derechos de los negros al estar garantizados por la constitución, se usó el término de “segregación” con el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales). (05racismo.blogspot.com)
Frente a la macabra
ignorancia de hombres como Theodore Roosevelt. 26º Presidente de los EEUU
(1901-1909) que agito los odios y enardeció a las masas ignorantes en defensa
de la hegemonía de los blancos, defendiendo la falacia del determinismo
biológico, brilla la prudencia, la valentía y la reciedumbre intelectual de Martin
Luther King (1929-1968), insigne defensor de los derechos civiles.
En Colombia y otros países
de Centro y Sur de America, se están multiplicando casos de violencia contra la
población negra, sobre todo cuando estos constituyen una minoría en las
ciudades donde se generan ataques contra ellos. Es evidente el atropello del
que son víctimas si se tiene en cuenta el número tan reducido de gente afro que
tienen acceso a la educación superior, asi como a unos adecuados estanderes de calidad de vida. Bogotá, y otras ciudades de Colombia, no
se pueden convertir en motivo de vergüenza, merced a la violencia y asesinatos
cometidos contra personas pertenecientes a la población afro radicada en esta
ciudad.
La doble moral impera cuando
sacamos pecho merced a lo logros e ingentes esfuerzos de atletas y deportistas
que no solo se esfuerzan en el día a día por superar sus marcas, sino en
enfrentar las barreras que impone en muchos casos la pobreza que los oprime
desde su nacimiento, sino la ardua tarea de abrirse paso en una sociedad
farisaica, que desprecia a los afro, pero los adula y celebra con frenesí sus
gestas en el campo del deporte, las artes, la ciencia y otros más.
Pero lo que más me asombra
es que hombres con formación teológica, egresados de lustrosos establecimientos
académicos, predicadores de alto pedigrí, guardan silencio, frente a tantos
hechos ignominiosos, con lo cual legitiman tanta atrocidad, violencia y muerte
de seres humanos que nunca pidieron venir a estas tierras y que jamás hicieron
nada para merecer que se les tratara con tanta infamia.
Siento mi más enérgica voz
de protesta ante cualquier forma de discriminación racial, y el silencio cómplice
de Instituciones de formacion teologica, teólogos, pastores, apóstoles y predicadores, que no hacen nada por
denunciar el racismo, y que con sus chistes y estúpidas bromas, con sutileza y
a veces con descaro, no logran ocultar su desprecio por la gente afro y su peligrosa ignorancia de las Escrituras.
Mis hermanos en la fe, no
son negros, blancos, mestizos, mulatos o zambos, son todos aquellos que al
igual que yo aman al Señor, cuyas vidas testifican que Cristo es el Señor de
sus vidas. Mi prójimo a quien es mi deber y privilegio amar y servir, y no están
rotulados con ningún otro nombre que este: Hombres y mujeres, con el derecho de
vivir, soñar, reír, amar. Ni en el Cielo ni en la tierra hay cabida para esas
ridículas posiciones que segregan y disminuyen en su dignidad a sus semejantes.
Dios tenga misericordia, de aquellos que conociendo la Palabra, conservan
intacto su racismo, sus prejuicios étnicos, y con sus actitudes muestra su
favoritismo hacia cierta epidermis.
Es tan grande el daño
causado a la población afrodescendiente, que aun personas que exhiben ese bello
color oscuro, se sienten disminuidos ante sus propios ojos, y hablan entre sí
de “Mejorar la raza”. Lo que hay que mejorar, y más que esto erradicar, es la absurda
idea según la cual las personas valen más o valen menos por el color de la
piel, cuando lo que determina la valía de un ser humano, no es otra cosa que
los valores que proclama y que vive, y que constituyen una razón para vivir y
una razón para morir.
El racismo constituye una
aberrante traición a Dios, que no privilegia ningún color de piel, sino que del
modo como creo un mundo lleno de belleza y de variados colores, hizo del hombre
y la mujer seres iguales en dignidad, de
tamaños, colores, formas tan ricas y variadas como la policromía con la que
vistió la naturaleza en todo su esplendor.
La Biblia declara en forma
clara y sin tapujos, que Dios es el creador del hombre, que en Cristo no hay barreras ni de sexos ni de razas, de
fronteras ni de idiomas ni culturas. La fe Cristiana desconoce ese tipo de
clasismos, y a una voz proclama que todos los que amamos a Dios y creemos en
Cristo, SOMOS UNO EN EL.
“No hay judío ni griego; no hay esclavo ni
libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. (Gal
3:28)
Cerremos filas contra formas
sutiles o manifiestas de racismo, admitamos que guardar silencio, o sumarnos a
las risas y burlas, es una actitud “Cainezca”, es ser parte de esta cadena de
complicidades y mostrar que nos falta conversión al Evangelio.
El Evangelio nos convoca al
amor como máxima expresión de la presencia real y efectiva de Dios en el Mundo. Toda actitud racista, debe
ser objeto inmediato de rechazo, contemporizar con ello es situarnos del lado
de la ignorancia, la injusticia y la degradación del ser humano en sus aspectos
esenciales.
Quienes en este momento de
la historia discriminan a sus semejantes por su color de piel, no solo rinden
culto a la ignorancia, sino que demuestran que no conocen a Dios, quien no hace
acepción de personas, y a todo aquel que en él cree que le concede el derecho
de ser llamado Hijo Suyo.
Invito a quienes leen y
meditan en estas páginas para que auscultemos nuestros corazones, en busca de
vestigios o arraigados residuos de racismo, para que examinemos en el entorno
familiar y social si existe actitudes racistas, y aun si en las congregaciones,
comunidad o iglesia de la que formamos parte hay síntomas o señales de
racismo, aun si se trata de formas sutiles, para que con valentía sepamos
rechazar y enjuiciar a la luz de la Palabra tales actos que ensombrecen nuestro
testimonio y constituyen manchas en nuestros ágapes.
Nuestra lealtad suprema a
Dios nos constriñe a rechazar visceralmente toda forma de racismo. No
contemporicemos con esta forma forma de pecado ni nos pongamos por conveniencia
o por cobardía, del lado de los que asumen este tipo de actitudes.
Oscar Albeiro Marulanda
oscar.marulanda@cenfortek.org
3206680897
(Autorizo la reproducción parcial
o total de esta reflexión)
" Rotundamente " de acuerdo. Esta expresión la uso una niña afrodescendiente en la declamación de un poema que circulo por las redes sociales hace poco en conmemoración del día de la afrocolombianidad (22 de mayo ). Al inicio de cada estrofa exclamaba " me niego rotundamente....... " me pareció muy hermosa. No se si la habrás visto. Cordial saludo Albeiro. Bendiciones.
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